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ANTIPOESÍA
Y DECONSTRUCCIÓN Parra, artefactos dramáticos y recuperación del habla empírica.
La
antipoesía es una escritura elaborada a partir de la negación de los rasgos
esenciales de otras escrituras y de otros códigos literarios. El antipoema es una contradicción, un contratexto.
Es el resultado de la reflexión, pero todavía más, de una indagación llevada
a cabo en la práctica poética misma. La
antipoesía es, en el proyecto deconstructivo de
Parra, un contradiscurso lírico, de resonancias más
bien urbanas, donde ya no habla el yo heroico nerudiano,
sino el sujeto moderno, irónico y sarcástico, cuyo monólogo fragmentario
tiene la desnudez confesional de un documento clínico y la elaboración
intelectual de una sátira de los usos del habla formalizada. En su poesía,
Parra logra integrar por ejemplo el laconismo de Samuel Beckett
con el humor taciturno de Buster Keaton. El antipoeta, mediante un proceso de descontextualización, incorpora
a su obra discursos del habla coloquial: la fórmula científica, la sentencia
filosófica, así como los múltiples lenguajes que provienen del mundo
industrial y comercial. El antipoeta traslada
discursos de lugar. Deconstruye o desmantela la escritura de ellos, los saca
del lugar natural en el cual surgen para instalarlo en un nuevo espacio
artístico. Es precisamente a estas construcciones poéticas a las que Parra
llama Artefactos dramáticos. Ellos
son dispositivos poéticos puestos en escena. Ahora bien,
la propuesta parriana del «artefacto visual»
consiste en una serie de poemas acompañados de imagen donde el slogan
publicitario, símbolo de la cultura del consumo y del fetiche de la
mercancía, es vapuleado desde sus mismas raíces. El origen de esta expresión
se encuentra en las clases de “trabajos prácticos” a las que
asistía los miércoles por la tarde en el Instituto Pedagógico de la
Universidad de Chile. Es decir, se trata, según los críticos, de la
subversión del engendro visual en una época donde las voces de protesta
descansan bajo el apacible manto de la mansedumbre globalizadora. De este
modo, Parra, con su antipoesía, ha cambiado el lenguaje
rehaciendo no sólo el discurso propio sino los más estables relatos que informan
y constituyen al lector (la política, la ciencia y la religión); con lo cual
el carácter subversivo de su poética ha tenido, tanto un efecto corrosivo
entre los discursos institucionales, como uno constructivo en el espacio
siempre amenazado de una humanidad zozobrante, de un sentido común hecho de
sabiduría popular y tradicional, de un diálogo a favor de los derechos del
diálogo. Así, Parra ha ensayado otras formas apelativas en sus ecopoemas, en sus chistes (para desorientar a la policía
tanto como a la poesía), en sus reapropiaciones de los lenguajes de la
publicidad, de la política, de las jergas al uso, que utiliza para desmontar
y descentrar a través de una práctica del ready made y de la parodia.
Parra
emprende, de este modo, con la antipoesía el proyecto de una sistemática
recuperación del habla empírica. Nicanor
Parra se vale del slogan publicitario o político, de la inscripción mural,
del aviso publicitario, de la sentencia fulminante, del proverbio, de la
jerga delictiva, de la formulación
científica. Los Artefactos
poéticos, resumidos y cargados al máximo de cáustica ironía quieren provocar
y lo logran. Prueba de su eficacia es la facilidad con que van pasando de
boca en boca, de anuncio en anuncio, no obstante su carácter inédito. Los hay
de todas las especies. Declaraciones políticas: "USA/ donde la libertad
es una estatua". Reacciones políticas (porque los artefactos explotan en
todas direcciones): "La izquierda y la derecha unidas jamás serán
vencidas". Salidas del energúmeno: "A mí no me para nadie/mi misión
es salvar al mundo". Proverbios: "De boca cerrada/ no salen
moscas". Salidas de madre: "Vergüenza nacional/ tuve que eyacular
en el vacío". Es así como
Parra, emancipándose de las categorías heredadas del gusto, del estilo y de
la lírica, se sitúa en una perspectiva problematizadora,
al instalar –como dispositivo desmantelador–
su concepción estética, cuyos aspectos principales se refieren a la
prescindencia de toda retórica, a la sustitución de un vocabulario poético
gastado, por las expresiones coloquiales más comunes, entre las que no
escasean ni la información periodística ni el léxico burocrático, en un
contexto general que suele adoptar con frecuencia un carácter conversacional.
Parra consigue siempre sacar el mejor partido de las palabras, y la
incorporación de aquellos elementos considerados durante mucho tiempo atrás
como espurios, le permiten describir, cabalmente, los contenidos de la vida
moderna. La
antipoesía se transforma, de este modo, también en una empresa de demolición
y denuncia de las formas de vida alienadas que promueven las prácticas de la
sociedad neoliberal y su economía de mercado.
Es a partir
de esta relación con el medio social que el antipoeta
trabaja. Instala su taller, provisoriamente, en cualquier parte. Utiliza todos
los materiales a su alcance; materiales lingüísticos propios y ajenos,
materiales de deshecho o de segunda mano, citas de otros autores, productos
de su propia inspiración y de sus recolecciones, de la búsqueda metódica y
del hallazgo casual, de la escritura automática, el flujo de la conciencia y
la reflexión, la lucidez y el delirio, el sueño y la vigilia, el pasado y el
presente, el ensueño y la pesadilla, los sermones, los discursos políticos, los
informes médicos, de prensa, etc. Parra explora
todos los léxicos, siempre buscando hacer más específico el diálogo de la
poesía con el lector actual a través de una poesía que, para él, debía
cambiar su forma y su formato, su medio y su canal, su hablante y su mensaje.
Así arriba a una poesía de formulas o epígrafes, que llamó artefactos, suerte
de hai-kus
urbanos, donde la síntesis crítica y el humor paradójico se unen en imágenes
contrastantes, cáusticas y novedosas. Estos artefactos son como cargas
explosivas activados dentro de los edificios retóricos. El habla de
Parra viene, como se ve, tanto de la elaborada dicción, como también de la
rigurosa formulación de las matemáticas; de la primera tiene el subrayado
irónico, la distancia crítica ante la comedia retórica; de la otra, la
formulación parabólica, que se hace contrastiva de la cotidianidad que
registra. Pero, ¿cómo saberlo? Quizá el lenguaje único de Parra, sea también
el sistema de registro más abierto que ha dado nuestra poesía. Ella es capaz
de incorporar los cambiantes lenguajes de la modernidad, aprovechando sus
aparatos retóricos que, aunque pasan por lo real, el poeta los maneja como
repertorios discursivos. La
antipoesía se constituye, pues, en uno de los más claros ejemplos de los
procesos de hibridación en la literatura, el que sin duda se corresponde con un proyecto mayor, el de
la ampliación –alteración o trasgresión– de las normas de
construcción discursiva propias de la condición postmoderna. La
antipoesía se ha convertido así en la operacionalización
del imperativo ético de la deconstrucción, esto es,
del desbasamiento
de los edificios del logocentrismo normativo. En la
apertura a nuevas figuras de razón, en las que se deja entrever la transformación estética de la
sensibilidad de la Ilustración por la del cinismo contemporáneo. Donde la
ironía es una de las claves
hermenéuticas para aproximarse al discurso antipoético y entender los
constantes “guiños” que está haciendo al lector. Donde había una
moral de la linealidad y univocidad –esto, en el marco de la lógica narrativa–
Parra introduce pluralidad, multiplicidad y contradicción, duplicidad de
sentidos; tensión en lugar de
inerciales códigos narrativos, tiranizados por el principio de identidad y de
no contradicción –preconizados por la lógica de Aristóteles–, la antipoesía
se abre al “así y también asa” en lugar del unívoco “o lo
uno o lo otro” , elementos con doble funcionalidad, cruces de lugar en
vez de unicidad clara. Para decirlo con un artefacto del mismo Parra “Ni sí ni no, sino todo lo
contrario. El último reducto posible para la filosofía”. De esta forma,
finalmente, antipoesía pone en movimiento no sólo un nuevo estilo literario, sino algo mucho más sustantivo,
una nueva forma de habitar el
lenguaje, una nueva forma de hablar y con ello, de vivir. Actualmente
Parra está ya en otro proyecto: escribir la página en blanco. Esta sería una
poesía que, en la página, se borrase a sí misma hasta revelar el blanco que
ocupa y que la expulsa. Ironía, otra vez, y crítica. Porque tampoco se trata
de ir más allá de Beckett, cuya negatividad y
pesimismo, reveladoramente, no comparte. El
estoicismo irónico de Parra termina siempre, frente a todas las pruebas de la
deshumanidad diaria, en reafirmaciones del tú en el
poema; esto es, en las otras pruebas del acuerdo profundo de hablar para
sobrevivir. Así, Parra ha escrito la comedia humana de la sobrevivencia
en el lenguaje que nos dice y contradice. Prof. Dr. Adolfo Vásquez Rocca Doctor en Filosofía
por la P. UCV., Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento
de Filosofía IV, Estética y Pensamiento Contemporáneo. / E–Mail adolfovrocca@hotmail.com. BIBLIOGRAFÍA PARRA, Nicanor, Poemas y antipoemas,
Santiago. Ed. Nascimento, 1954. PARRA, Nicanor,
Artefactos. Santiago: Ediciones Nueva Universidad,
1972. No consiste en un libro, sino en una caja con 242 tarjetas
postales, por lo tanto ilustraciones relacionadas con los textos que vocean
«epigramas», grafittis o para ser más exactos,
«artefactos» como los denomina el poeta, que al ser interrogado sobre su
sentido señala: «una palabrita bastante jodida», «una aproximación al grafitti», «un terremoto grado 13», «una agresión», «un
juego».
PARRA, Nicanor, Chistes para desorientar a la poesía, Ediciones Galería Época, Santiago, 1983. PARRA, Nicanor, Discurso de Guadalajara, en Nicanor
Parra tiene la palabra, Compilación de Jaime Quezada, Editorial
Alfaguara, Santiago, 1999. CUADRA, Cesar, Nicanor Parra en serio & en broma, Santiago de Chile:
Universidad de Chile, EDE, 1997. ORTEGA, Julio, Caja de Herramientas; Prácticas culturales para el nuevo siglo
chileno, Ed. LOM, santiago, 2000. 1440 Palabras. |