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anécdotas/personajes Torremolinos, meca del
mundo, yo te saludo tres veces. ...de ese lugar que no puede encontrar
parangón con
Antonio Olano, escritor y cronista social de los años 70 y primeros 80, nos describe en su imprescindible “Guia Secreta de la Costa del Sol” (Edit. Al-Borak, Madrid, 1974) las desventuras de dos de los personajes más extravagantes de Torremolinos:
"Peter Kent.- Era el hombre de
Pedro´s. En Torremolinos nunca hubo petróleo y Torremolinos está,
ello es evidente, más lejos de Washington que Washington del Estado
de Arizona. No obstante también llegaron aventureros y, entre ellos,
Peter Kent, con nombre de personaje de cuentos infantiles . Él fue quien
dio vitalidad al establecimiento y lo convertió en un lugar
de moda. Un dia decidió "tomar las de Villadiego"- que
en su caso fueron las de Tánger- y vendió dos veces su establecimiento,
cosa que al parecer no hizo gracia a ninguno de los dos compradores, que
se enredaron en pleitos judiciales y conseguieron que Peter Kent fuese
buscado con requisitorias judiciales".
El travestí April Ashley cuenta en sus memorias su relación con Tim Willoughby y relata su desaparición en el mar: jamás se encontró rastro del naufragio, pese a que su hermana Jane estuvo buscándo el yate denodadamente. En la Costa del Sol se especuló en que pudo haber amañado su desaparición. Una desaparición que dejó sin heredero el condado de Ancaster, el fastuoso castillo de Grimstorphe y una de las mayores fortunas del Reino Unido. De April Ashley recuerda Pepe Carleton sus estancias en Marbella, cuando al salir de las fiestas, se ponía a dirigir el tráfico junto a Sarah Churchill, la hija del primer ministro británico.
La joyería de Frank Rebajes, de calle San Miguel tenía en su vitrina varios gatos persas vivos, que exhibían con collares de piedras preciosas. Las piezas eran realizadas de forma artesanal. Roger Vadim, en su libro de memorias "Bardot, Deneuve, Fonda" recuerda su estancia: "...nos trasladamos a Torremolinos, un pueblecito andaluz que se convertiría, pocos años después en una especie de Saint-Tropez español. En la película aparecía un pequeño asno que Brigitte Bardot bautizó Romeo. Al mudarnos no pudo resignarse a devolverlo a su propietario y acabó comprándolo. Como la gerencia del hotel no le permitió instalarlo en el garaje, lo subió a su habitación. Una mañana me hizo llamar. La encontré en la caa. El burro estaba tendido a su lado, encima de la colcha." Se dice que una infanta, hija de don Alfonso XIII se encontraba, en los días de la inauguración del hotel Pez Espada, con alguna copa de más. Del Pez Espada recuerdan su etiqueta en los primeros años. Por ejemplo, para el aperitivo los caballeros debían vestir chaqueta blanca y corbata. Torremolinos contaba con un cine en pleno centro de la localidad, con la particularidad de que en él se podía beber y fumar. Tenía una pequeña barra al fondo, y mesitas donde poner las copas. Joaquín Ruiz de la Reina daba fiestas en su hacienda San Javier de Churriana (entre Málaga y Torremolinos) para lo más granado de la zona. La casa estaba decorada con muebles antiguos, y entre los cuadros destacaba un Van Dyck. Los criados servían con guantes blancos. El anfitrión –al que recuerdan amabilísimo y buen bebedor- repetía a las estiradas condesas suecas: “No más comida, nosotros solo bebemos.” Contrataba cinco taxis para trasladar a sus invitados desde Torremolinos. Zapico, tal era su apellido, llegó a Torremolinos con sus túnicas con cola y acompañado de dos esclavas. ¿Se magnificó el mito de las nórdicas ligando con los habitantes autóctonos? Algunos no lo recuerdan precisamente como una leyenda al rememorar el pasaje Zacatín y el éxito con las turistas de los componentes grupos ye-yés locales y de los camareros de los bares.
John Lennon reconoció en unas declaraciones que tuvo experiencias “gay” no consumadas durante su estancia en Torremolinos con Brian Epstein, manager del grupo, en 1963. En su biografía contó: “nos sentábamos en un bar de Torremolinos a mirar a los chicos...”. Brian Epstein volvería en diversas ocasiones hasta su muerte en 1967. Una de las más elegantes y bellas visitantes era la exiliada Reina Geraldine de Albania. Se alojaba por lo general en casa de la familia Von Haartman, en Churriana, ya que la esposa –nacida Condesa Zichy- pertenecía a la nobleza húngara al igual que la reina, y ambas se conocían desde niñas. Arturo, bailarín del show de flamenco y transformismo de Miguel de Bonanza en Benalmádena, al terminar el espectáculo se iba a Torremolinos sin quitarse siquiera el maquillaje, y en la barra del drugstore Noche y Día bebía ginebra sin límite. En el extranjero se remitía una carta a Torremolinos sin colocar provincia ni país, y llegaba a su destino. El "Rally Costa del Sol" era un peculiar circuito en el que los conductores iban por toda la costa, haciendo paradas para bailar y tomar copas.
Torremolinos contó con su propio museo de cera: se denominaba “Museo de Cera de Londres” (“London Wax Museum”) porque era nada menos que una sucursal del famoso museo de Madame Tussaud. Contaba con seis secciones: historia, toreo, fantasía, literatura, flamenco y horrores. Un gobernador civil de Málaga, bajo el franquismo, orquestó una de las más sonadas redadas. Dos furgones policiales se apostaron en cada salida del pasaje Begoña, y todos los que estaban allí fueron detenidos. Se dice que los celos de su mujer fueron origen de la redada. Algunos recuerdan las ocasionales redadas del Torremolinos de los sesenta casi como una fiesta. Estas redadas tenían como objeto contentar a los conservadores más recalcitrantes del régimen, pero los detenidos eran puestos en libertad al día siguiente.
Baldomero Ribasso era un conocidísimo bohemio, casi vagabundo, que deambulaba por las calles de Torremolinos, fumando en pipa, y paseando un carrito de la compra lleno de anotaciones y carteles reivindicativos. Este singular personaje era un hombre culto y un extraordinario artista, como lo muestra este dibujo que incluimos aquí:
Las etiquetas para el equipaje del hotel Pez Espada se pagaban en el extranjero a un alto precio. Los snobs podían presumir así de haber estado en el Pez Espada. Un turista ebrio o drogado formó un gran escándalo en la costa, disparando tiros al aire y estrellándose con su coche. En la comisaría no lograban entenderle; finalmente un médico que hablaba francés lo creyó cuando afirmaba ser el Barón de Rotschild y estar alojado en el Pez Espada. El hotel envió de inmediato un vehículo para recogerlo. Esta anécdota nos la han referido los sobrinos del médico, Diego Rosado, que pasó a ser médico personal del barón tras el incidente. Un camarero del restaurante La Brocherie, acudía a tomar nota a los clientes con unas pestañas postizas colocadas y un pepino en la mano que usaba a modo de micro. Maite, de Pour quoi pas? fue testigo una fiesta privada que se celebró con el lema “todos desnudos de cintura para arriba”. A las tantas de la madrugada se decidió hacer extensiva la consigna a la cintura hacia abajo.
Una japonesa se llevaba pescado crudo a las discotecas y se lo comía delante de los demás clientes para llamar la atención. Todavía no había cundido la moda del sushi. La fiesta “el hombre de las cavernas” celebrada en una residencia de Torremolinos en 1957 tuvo tanta repercusión que fue incluso reseñada en “The New York Times”. “Pablito” presumía de ser el primer chino que montó un restaurante chino en España. Hoy día tiene una tienda de productos orientales en el centro de Torremolinos. Ya hemos relatado que la discoteca Barbarela tenía la forma redondeada de un platillo volante. Poco después se edificó un ambulatorio en la ciudad de Málaga al que los malagueños apodaron "Barbarela" por su semejanza con la discoteca, nombre por el que aún es conocido. Una óptica situada frente al ambulatorio escogió el nombre de Barbarela por su cercanía al centro médico, y tiene hoy abiertas diversas sucursales en la capital malagueña con el nombre de "Óptica Barbarela". Antonio Marques fue maitre de la sala de fiestas El Remo. Con 600.000 pesetas que le regaló una prima del Sha de Persia, pudo poner su chiringuito en la plaza del Remo de la Carihuela, donde conquistó a la nobleza con sus guisos caseros. El Papagayo fue la sala de fiestas que montó el Barón de Gotor en la bajada desde la recién construida Nogalera (bajada del cementerio) cerca de la playa. A la inauguración asistieron su hermano el Marqués de Villaverde y, por unas horas, el mismísimo General Franco, lo que provocó el corte de numerosas calles.
La feria de Torremolinos de 1976 recogía entre sus actos la carrera de camareros en calle San Miguel, con premios a los vencedores: “Todos los participantes deberán estar perfectamente uniformados y portar la correspondiente bandeja...” El periodista Francisco Cortés (SUR 03/09/03) recuerda la siguiente anécdota: en la sala de fiestas Los Violines actuó Sara Montiel en su época de máximo esplendor. Cantando una de sus canciones "y para darle más sensualidad no se le ocurrió otra cosa que sentarse en las rodillas de uno de los espectadores de primera fila y éste, que había bebido más de la cuenta, agarro con sus manos los pechos de la Montiel y como si fueran unas bocinas gritó ¡Pó, pó!. Ya se pueden imaginar la que se formó en la sala y la indignación de Sara, que lo quería matar a golpes con el micrófono." Muchos comparan la Costa del Sol con California. El director de cine Jess Franco ha relatado (El País de las Tentaciones 25/07/03) que trajo para un rodaje al actor norteamericano Mike Connors, que no había salido de California. En el trayecto del aeropuerto a Torremolinos exclamó: "¡He hecho 12.000 kilómetros para llegar a mi casa!". En una villa de Montemar, que aún sigue en pie, vivió hace años la viuda del último embajador del Zar de Rusia en España. Algunos vecinos aún recuerdan los muebles de madera tallados con el águila imperial. Pidieron una fotografía dedicada al muy chic duque
de Windsor y, a través de su secretario, solicitó
dinero por firmarla. El Titi era uno de los personajes pintorescos de Torremolinos, un joven algo ido, haciendo locuras con la moto, pero protegido por la familia Bismarck. El cantante flamenco-kitsch Emilio el Moro
incluía la siguiente letra en uno de sus fandangos: "Porque
allí no hay faldas mini / me gusta Torremolinos/ porque allí
no hay faldas mini / las suecas por los caminos / van luciendo sus bikinis
/ y qué bikinis, amigo". |
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