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hippies y acid rock Recuerdo un día en Torremolinos
en que vi una de esas Podemos hacer todo en Torremolinos...
no hay ningún Con sus melenas y barbas, su pacifismo, su amor a las flores, a las drogas alucinógenas, al amor libre y a un entendimiento de la vida alejado de obligaciones y corsés burgueses, los hippies de los años sesenta y primeros setenta estuvieron también en Torremolinos.
Ya hemos citado en el apartado de visitantes al doctor Timothy Leary,
un famoso ideólogo controvertido por su defensa de las drogas.
Este polémico personaje estuvo en la ciudad en 1959 y ha dejado
relatada su experiencia en Torremolinos con sustancias que lo dejaron
postrado durante varios días.
Como en todo movimiento rompedor, el fenómeno hippie pronto se vacía de sus contenidos para convertirse en una moda. Y Torremolinos, lugar de moda, se vió inundado de vestimentas floreadas con reminiscencias árabes e hindúes, lentejuelas, flores en el pelo y mística budista. Ángel Palomino, en su novela “Torremolinos Gran Hotel”, afirma que los clientes de la terraza del bar Pedro´s: “no son hippies pero simpatizan: les gusta andar descalzos, no dar golpe, vestir, según la inspiración del momento, lo mismo a lo Dorian Grey que a lo Garibaldi que a lo Confucio. No se meten con nadie, beben lentamente, fuman tabaco, marihuana o lo que sea”.
Antonio D. Olano en la “Guía secreta de la Costa del Sol”
(1974) distingue a estos hippies “de moda” que se exhiben
en los bares y discotecas de Torremolinos y que visten en tiendas como
las del edificio Entreplazas –que, afirma, nada tienen que envidiar
a las de Carnaby Street- de los hippies auténticos quienes se
concentraban en la zona de La Carihuela, en bares como “Black
fat pussy cat” o “Fígaro”. Estos bares estaban
decorados con velas, papel de periódico o collages en las paredes
y en ellos se fumaba “hierba”. Fígaro, además,
tenía banderas canadienses decorando su fachada. |