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salas de fiesta, discotecas, bares En la Costa del Sol todos los días
son días de En el centro de la aldea y de la
tierra, Esperamos ir incorporando a esta página, con su ayuda, información sobre los diferentes locales de diversión que tuvo Torremolinos, desde los míticos “El Mañana”, “El Remo”, “Zagora Palace”, “El Copo”, la sala de fiestas “Lido”, el “Pedro´s”, “Lali Lali”, pasando por tantos locales de nombre evocador: “Joy”, “Tabú”, la lujosa “Boga-Boga”, “Caprice”, “Metro”, “Number One”, la elegante sala de fiestas “Los Violines”, el muy in “Long Play", “Papillón”/”Butterfly”, “Pato-Pato”,“El Barón”, “Kata Club”, “El Grotto ”,“El Refugio”, la discoteca “Picasso” y bares que aún perviven como “Pour quoi pas?”, “Red lion”, “El toro” o “The galloping major”.
Locales que ya no existen Fue espectacular la sala de fiestas “El Mañana”, al aire libre con un precioso jardín con arbustos, magnolias y rosales; tenía varias orquestas, espectáculos y dos pistas de baile. Ocupaba seiscientos metros cuadrados y fue inaugurada en 1954.
A la entrada de Torremolinos estuvo la discoteca “Barbarela”. Personaje femenino de cómic de Jean Claude Forest, Barbarella fue llevada al cine por Roger Vadim en 1968. La película encumbró a su protagonista, Jane Fonda, a la categoría de mito erótico y ha pasado a la historia del cine por su estética delirante y psicodélica entre futurista y sixties: naves espaciales tapizadas de pelo naranja, modelos marcianos de Paco Rabanne, botas y bikinis plateados y placeres galácticos. En Torremolinos, localidad siempre "a la última", se inauguró una discoteca bautizada, en honor a la película, con el nombre de "Barbarela". La discoteca explotaba también el delirio sesenta-espacial, tal que un platillo volante. En ella llegaron a actuar un joven Tom Jones, el nº 1 mundial del momento Athur Conley, autor de la canción "La tierra de las mil danzas", y Brian Auger and the Trinity. Cerró en 1972.
No lejos, aunque posterior en el tiempo, estuvo la discoteca “Mach-One”, un lugar muy moderno con público psicodélico y ye-yé. Tenía suelos metalizados, plataformas y podiums metálicos, la pista de baile estaba en una hondonada, y los asientos se distribuían en gradas alrededor. Tenía una discreta barra, mini-boutique y una cabina casi espacial para el disc-jockey. Las tarjetas de publicidad de la discoteca presentaban dibujos también muy psicodélicos: ojos, rayos. Posteriormente se convertiría en “Bronx” y hoy el local está cerrado. A su lado, el actual edificio de Hacienda, ocupa el lugar donde abrió por poco tiempo la discoteca "Galaxy". En la plaza de la Costa del Sol y sus aledaños estuvieron ubicados El “Jockey-Club”, situado en la esquina con calle San Miguel. El “Scotch Club”, cuyo manager era Steffano Capriatti (padre de la famosa tenista Jennifer Capriatti). La discoteca " Le Bilboquet", de 1961, y sobre ella la taberna flamenca "La Bodega andaluza". La fugaz discoteca "Le Barón". Y los sin duda más conocidos: el “Bar Central” de los hermanos Manoja. El “Pedro´s”, propiedad del norteamericano Peter Kent (ver el apartado de personajes de la Costa) y que aparece en numerosas novelas, bar que además tenía su propia discoteca ("Le club"), solo para socios. Y el “V.I.P"; Según relata Antonio D. Olano en su libro, el interior del V.I.P. estaba abovedado, con vigas blancas, "y su gran ventanal abierto tenía vistas a la calle y por lo tanto, al carnaval que por ella desfila, constante, incesante, crecientemente. Los que se colocan en la barra son los clientes habituales... y suelen tener “su” botella de whisky y así, a la hora de invitar, piden: 'De mi botella'".
La cantante holandesa de jazz Pia Beck fue propietaria del club de jazz “Blue note” en los años sesenta; el piano de cola le servía de barra. Muy cerca estaban las salas de fiesta “El Tabarín”, con guapas chicas, y “Le Fiacre”. Todos estos locales fueron posteriormente unidos para dar lugar a la macrodiscoteca “Pipper´s”, de estrecho acceso pero enormes dimensiones. Su público era muy joven y Olano nos describe sus indumentarias: “las camisas, los pantalones, están combinados de cualquier manera. Y cuanto más chillen sus colores o reluzcan las lentejuelas, mejor que mejor. Es para ellos el máximo de al elegancia una camisa con chorreras, a ser posible color morado nazareno. Los zapatos con altos tacones, desproporcionados, y el no va más es que lleven cadenetas, monedas y brillen al máximo.”
Junto a “Pipper's” estuvo uno de los primeros burguers, “Wendy's”, local con cierto chic: decoración de madera, carteles de cine.
En el cercano pasaje Pizarro se ubicaron “Holanda Bar”, el nórdico “Moby Dick”, decorado con grabados policromados, “Los rumberos”, que exhibía fotografías de los clientes (una costumbre muy de Torremolinos); “Franser bar”, y en el pasaje Begoña: “Bossanova”, “Mi bohío”(con música sudamericana), “Au rendez vous-dancing”, “The Duke of Wellington”,“Serafino”; el dueño de Serafino era Serafín Ponte, también propietario de Franser, famoso por hacer, acompañado de un guitarrista, el ritmo de la batería con su caja registradora. También estaba, en un primer piso, la discoteca “El refugio” frecuentada por camareros de los demás locales.
En la calle María Barabino se abrieron varios bares y discotecas de entre lo más moderno de Torremolinos: “Bar Beachcomber”, “Play Boy ”, “Old Dutch”, “The galloping major”, “Eldorado”, “Shelagh´s” y “El Consulado”.
En el “Beachcomber”
la atracción musical era el pianista Don Carey.
El pasaje Pizarro albergó diversos bares en los
que tocaban los grupos pop y ye-yés de la época: “Top
Twenty”, “El
Groto”, y sobre todo el “Top-ten”.
Tras cerrar el Top-ten su propietario, Tati Ojeda, montó el restaurante
“Chipén”.
En el edificio Begoña estaba "El Refugio", night-club
whisky a gogo, que se anunciaba como la mejor alta fidelidad de la Costa
del Sol. En los bajos del edificio San Enrique estuvo abierto el “Caf'Conç”, un cabaret a semejanza de los de París, con decoración art-noveau, y que contaba con espectáculos y la presencia del pianista Georges. Hubo locales repartidos por el centro de Torremolinos que, según la Guía Secreta de la Costa del Sol, tuvieron un público preferentemente gay, pese a las eventuales redadas en la época, fueron: “El Potro” pequeño local de techo muy bajo y barra de madera con fondo de espejos, ubicado en el pasaje de la Gitanilla, “Pour quoi pas?” (del que hablaremos más adelante) en La Nogalera, “Juanele” situado en la plaza de Andalucía en un piso sobre el restaurante francés “Chez Vous”, “Bavaria”, (emplazado detrás del “Mach One”) y “Bolero”, que los cronistas recuerdan presidido por un gran abanico y decorado con pésimo gusto. En La Nogalera se ubicó el club y restaurante “King´s club ”, propiedad del príncipe Alfonso de Hohenlohe: era de máxima categoría y los cubiertos eran de planta. Debajo se ubicó el bar, “Poker club ”. Otro local en La Nogalera fue "Club 27".
La zona residencial de Montemar fue también un lugar preferente de diversión. El "Cleopatra", en la avenida Carlota Alessandri, fue una sala de fiestas emblema de los años setenta. Construida sobre el lugar donde estuvo la sala de fiestas “El Copo", no fue la más grande, tampoco la de más etiqueta ni la que contó con mayores medios. Pero sin duda fue una de las más divertidas y representativas de la excentricidad de la Costa del Sol. Cuentan que, tras su inauguración en 1971, un auténtico séquito egipcio, con una cuádriga, esclavas, porteadores y la propia reina egipcia llevada a hombros sobre una silla de manos, repartían la publicidad del local en las playas de Torremolinos; la chica que hacía de Cleopatra se llama Ana Veijola y era la cantante finlandesa de la orquesta Unión Express. La oferta de esta sala de fiestas incluía siempre una orquesta y un cantante, un espectáculo de flamenco, un ballet contemporáneo y algún ilusionista. Allí se realizaron los primeros strip-tease, y Nadiuska ejerció como excepcional relaciones públicas en alguna de sus fiestas. La sala estaba entelada y enmoquetada en color rojo y se entraba a ella a través de una gigantesca cabeza de la reina Cleopatra, dorada y con pedrería.
En “Tabú”, discoteca con un logotipo de totem, los más jóvenes, especialmente extranjeros, bailaban música pop y rock hasta el amanecer.
“Metro Club” fue uno de los locales mejor instalados de la Costa del Sol. Decoración ferroviaria muy original, a base de madera remachada con metales dorados, con vagones de tren en su interior. Tenía dos barras. Sus clientes eran predominantemente españoles entre 25 y 50 años: veraneantes de la alta buguesía y malagueños acomodados. Cuando decayó su público pasó a la discoteca "Madson" de Benalmádena, del mismo propietario que la sala de fiestas "El Madrigal".
En la Carihuela estuvo desde finales de los 50 “El pirata”, era la casa de un marengo adaptada a bar-discoteca-tablao, y cerró en 1962. Fue la Carihuela, más adelante, el lugar preferido de los hippies. Tres fueron los principales locales frecuentados por esa generación del pacifismo, las flores y la libertad sexual: “Old Crow”, “Fat black pussy cat” y “Fígaro”, decorados con collages y velas. En ellos, según la Guía Secreta de la Costa del Sol, se fumaba “hierba”. Solo continúa "Black cat", pero ya es un bar inglés corriente. En Playamar estuvo la discoteca "El Bounty", de corta vida. Y también el "Isabella´s club", perteciente al hotel homónimo, frecuentado por lo "niños bien" de Málaga.
Y no podemos nuestro viaje al pasado sin enumerar los tablaos. La Costa del Sol no sería la misma sin el flamenco-show. El tipismo complementaba la oferta de playa y discoteca y sus tablaos, algo kitsch, resultaban imprescindibles para los turistas. Cuántos suecos, norteamericanos o finlandeses, con gracia más que discutible, se arrancaron al baile en noches de juerga flamenca. Varios tablaos hicieron historia en Torremolinos, sobre todo "El Jaleo", inaugurado en 1965 y propiedad de unos judíos de Casablanca, dirigido durante años por la famosa Mariquilla, y en el que actuaron figuras destacadas del cante jondo como Fosforito, Habichuela o Manuela Carrasco. Ubicado en la plaza de la Gamba Alegre, "El Jaleo" continúa aún hoy abierto con el nombre de "Tablao de Pepe López". También se mantiene abierto el conocido tablao del Tano. Otros famosos lugares dedicados al flamenco en Torremolinos, hoy desaparecidos, fueron "El Piyayo", y "Las Cuevas de la Alhambra" donde bailaron, entre otros, La Chunga y La Contrahecha. Y la sucursal veraniega del tablao “Las Brujas” de Madrid, ubicado en un local cedido por el hotel Pez Espada, y que contaba con La Polaca en su elenco. No podemos hablar de los locales históricos de flamenco en la Costa del Sol sin trasladarnos, en la distancia y el tiempo, a Marbella, donde estuvo ubicada "La Pagoda Gitana", un tablao ¡en forma de pagoda!, que imitaba el pabellón que construyó China en una feria internacional celebrada en Casablanca.
Locales que permanecen abiertos
“Pour quoi pas?” También contó
(siguiendo los pasos de Gunilla´s) con otro local del mismo nombre
en Sierra Nevada, cuando la estación de esquí granadina
era la prolongación invernal de la eterna fiesta de la Costa del
Sol.
En la calle María Barrabino está el magnífico bar “The galloping Major" (o "El Comandante galopando", como ustedes prefieran) con aspecto de tradicional taberna británica, inaugurado en 1964 y que continúa abierto. Su primera propietaria fue Edwina Harley. El actual dueño, Manuel Vega Trigo, que trabajó en el bar desde sus inicios, ha mantenido intactos la decoración y el estilo. Es imprescindible visitarlo.
En la misma calle se ubican “Old Dutch”, aunque es difícil encontrarlo abierto, y “Tina´s”, antiguo Shelag´s.
¿Quién no conoce las gigantescas copas
que, llenas de sangría, cerveza u otras bebidas, sirven en el bar
“El Toro”?,
local que hace esquina entre la calle San Miguel y la avenida peatonal
que da al tren y a La Nogalera. Cuentan que en ese lugar estuvo anteriormente
una antigua hostería que en 1925 dio un sarao en honor del Maharajá
de Kapurtala, esposo de la bailarina malagueña Anita Delgado. Está
presidido el bar por una cabeza de toro y decorado al estilo andaluz,
y cuenta con una amplia terraza concurrida todos los días del año.
A su espalda continúa abierto el "Open
Arms", hoy convertido en karaoke.
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