Notas sobre bibliografía de montaña en castellano

A pesar de la escasez en la producción y traducción de la narrativa y literatura de montaña en España, afortunadamente siempre se ha mantenido un pequeña tradición de edición que nos ha permitido disponer, algunas épocas con cuentagotas, de textos interesantes para los amantes de la lectura. Sin ánimo de exhaustividad y a título puramente ilustrativo reseñamos algunos de estos títulos.

En los años cuarenta, tres editoriales de Barcelona se destacan especialmente en este campo. Así la editorial Aymà publica del celebrado Luis Trenker sus Montañas en llamas, con ilustraciones del no menos célebre Gustave Doré. Seix y Barral publica numerosas obras, entre ellas las andanzas de otro alpinista de moda, André Roch, con su Karakoram-Himalaya. Pero es el editor Luis de Caralt quien publica los textos de carácter más narrativo. De un premio Goncourt no montañero, Joseph Peyré, publica Mont Everest. De un miembro de la academia francesa, Henri Bordeaux, publica sus estampas montañesas de Aventuras en montaña. Y de Gustav Renker tres novelas vibrantes y románticas ambientadas en los Dolomitas, El albergue de la montaña, El alud y Luz Azul, entre otras.

Con anterioridad en Madrid se habían publicado dos curiosas obras. El hombre y la montaña de E.Garrido (Espasa-Calpe 1933) y Cumbres Pirenaicas de Marco B.Soria.

En la década de los cincuenta se inicia una época de oro en la edición de montaña, con la publicación por la editorial Juventud, en su clásica colección Edelweis, de los textos más importantes del momento. En el terreno estrictamente literario, aparte publicaria la mayoría de las obras de las primeras expediciones al Himalaya o de las últimas grandes ascensiones de los Alpes, destacan la trilogía formada por la inmortal obra El primero de la cordada, seguida de sus menos conocidas continuaciones Grieta en el glaciar y Retorno al valle, de Frison Roche, todas ellas de lectura emocionante; la sensibilidad anormal de un escritor ingles como Arnold Lunn queda reflejada en Montañas de mi juventud o Recuerdos de montaña; la erudición de Charles Gos con su Alpinismo anecdótico; la siempre emocionante y sobria escritura de Edward Whymper con su Escalada del Cervino, o la presencia testimonial de un autor nacional como Jorge Ferrera con sus solventes Cumbres pirenaicas. A partir de los años sesenta desgraciadamente la editorial Juventud dejaria un tanto de lado las publicaciones de montaña, perdiendo la oportunidad de poner su colección al nivel de la mítica colección "Sempervivum" de editorial Arthaud, referencia del momento. Afortunadamente nunca ha dejado de publicar algún texto, y así hemos podido gozar de libros tan sensibles como Montañas pirenaicas de Pérès y Ubiergo, o introspectivos como La montaña resplandeciente de Peter Boardman.


Hasta la irrupción de Ramón Julià unos años más tarde el ritmo de edición era irregular y estuvo bajo mínimos. En catalán se publicó Les meves muntanyes (Mis montañas) de Walter Bonatti, el escalador famoso de la época. Pero editorial Bruguera no debió quedar muy convencida de aquella experiencia y se perdió la potencia de una editorial como aquella para poder disponer de textos alpinísticos. Editorial Labor, dentro de una colección de viajes, nos permitió conocer textos del británico Tom Longstaff en Recuerdos de viaje o de Herbert Tichy Hacia el trono de los dioses.


A partir de la década de los setenta se inicia otra época de florecimiento de la edición de montaña, gracias fundamentalmente a Ramon Julià y su labor desde RM. Aparte de publicar numerosas obras de Reinhold Messner, Boningthon, Audoubert u otros alpinistas célebres, en el plano estrictamente literario traduce obras importantísimas. Ahi quedan los Conquistadores de lo inútil de Lionel Terray, las Estrellas y Tempestades y Horizontes conquistados de Gaston Rébuffat, las Aventuras de montaña de Hiebeler o La montaña y el hombre de Georges Sonnier. También se lanza a la traducción de algunas obras de la añorada colección "La cien mejores ascensiones y travesías", empresa arriesgada, pero que nos permite disponer de libros como Los Pirineos de Patrice de Bellefon o El mácizo del Montblanc de Gaston Rébuffat, autores que demuestran como a veces se puede hacer literatura desde un guía itineraria.


Con la desaparición de RM la editorial Martinez Roca absorvería buena parte de su fondo, continuando con las rediciones y nuevos lanzamientos de libros.


Paralelamente iniciativas inconexas irían poniendo a disposición del aficionado algunas obras. En una colección de humor, junto a autores muy alejados de las alturas, se publica el histriónico y divertidísimo El asalto al Khili-Khili del británico Bowman, que pasa desapercibido. En 1973, Plaza y Janés, dentro de una colección barata de bolsillo publica del notable autor suizo C.F.Ramuz su obra más importante Cumbres de espanto, que ya contaba con una edición anterior del año 42. En 1975 se publicó de Kurt Diemberger su mejor libro, Entre cero y ocho mil metros (a punto de ser reeditada por Desnivel con una traducción más cuidada). A pesar de su intencionalidad política, aparecería de Julius Evola sus Meditaciones de las cumbres, y no hace muchos años editorial Alfaguara se descolgaría con la inquietante obra de René Daumal La montaña análoga. Editorial Grijalbo, dentro de su colección "Aventura vivida", publicará también algunos textos montañeros, donde curiosamente el de mayor calidad literaria es una travesía, titulada simplemente Los Alpes, o un libro histórico, Eiger.La pared trágica. Recientemente editorial Desnivel retoma esta tradición de edición, con la traducción del excepcional libro Tocando el vacio de Joe Simpson, o la entrega del melancólico texto de Míriam García Bájame una estrella. Y esta es una de las constantes de la edición española: el reducidísimo número de autores nacionales que cultivan la narrativa. Aparte del mencionado Jorge Ferrera durante muchos años Agustín Faus con su Cara a la montaña o Huellas profundas, Cesar Pérez de Tudela con sus libros, son los contados testimonios.

En la narrativa catalana algunos autores como Verdaguer, Massó i Torrents, Bosch de la Trinxeria, Gay de Montellà, Jaume Oliveres, Josep Iglesias, Joaquím Santasusagna, J.M.Guilera, J.E.Farreny, Joan Cervera, entre muchos otros, consiguen mantener una presencia constante de la literatura de montaña.

Asimismo en el Pais Vasco se edita irregularmente algún texto montañero de carácter literario.