Couloir
de Gaube
"El
couloir de Gaube es una provocadora y fascinadora chimenea de hielo
y nieve,abierta en la pared norte del Vignemale, muy vertiginosa
y de una altura de 600 metros". Con estas escuetas palabras
definía Henri Brulle una de las vías más célebres
de todos los Pirineos, el "couloir" por antonomasia, que
siempre ha atraido a todos los alpinistas.
Desde las primeras ascensiones al Vignemale era conocido este canalón
de hielo encerrado en lo más profundo del macizo, pero para
la mentalidad de aquella epoca era una ruta a evitar. En aquellos
tiempos se ascendia a las cumbres con un afan científico
y de exploración,evitando las dificultades y el peligro,
sin plantearse la búsqueda de la ruta más atractiva.

Cara
nord del Vignemale
Fue necesario un personaje como Brulle para cambiar esta mentalidad.Este
Mummery del Pirineo,nacido en la Gascuña, a orillas del mar,
puede calificarse como el padre del pireneismo deportivo y de dificultad.
Consideraba que no tenía interés limitarse a recorrer
rutas ya conocidas, que evitaban las dificultades. Para él
la cumbre no era un objetivo en si mismo; pretendia llegar a ella
por la ruta que consideraba más interesante, afrontando las
dificultades que pudiera hallar y superando el límite de
aquello que hasta entonces se consideraba posible. Cada ascensión
era la búsqueda de algo nuevo y más difícil,
y su historial de ascensiones y escaladas por todo el Pirineo es
espectacular y completísimo, y aún hoy haría
palidecer de envidia a muchos pirineistas.
Henri Brulle, uno de los mejores pirineistas de todos los tiempos
A pesar de su revolucionaria mentalidad Brulle no concebía
salir sin ir acompañado de guía. Hasta unos años
más tarde, en que los hermanos Cadier iniciaron el pireneísmo
de dificultad sin guías, lo habitual era ir siempre acompañado
de un guía, que era quien dirigía la ascensión.
A estos personajes que no han pasado a la historia se deben la mayoría
de primeras ascensiones.
Eb 1878 Brulle conoció a Jean Bazillac, quien sin lugar a
dudas sería su mejor compañero de cordada. Y con ellos
Celestin Passet fue el guía que posibilitó estas primeras
ascensiones. Miembro de la legendaria familia de guias Passet de
Gavarnie, fue el paradigma del guia pirenaico, sin tener nada que
envidiar a los muchos más famosos guías de los Alpes.
Hombre bravo y prudente, siempre discreto y sin fanfarronería,
su gran época comenzó a los cuarenta años,
cuando contacto con Brulle, de Monts y Bazillac, a pesar que anteriormente
ya había realizado numerosísimas ascensiones por todos
los rincones de la cadena, especialmente con Russell. En memoria
de él y de su familia, Beraldi bautizó a Gavarnie
como el circo Passet, porque en un momento u otro algún Passet
había abierto casi todas las vías o hecho las principales
primeras.

Henri
Passet
Probablemente Brulle y Passet eran los únicos que en aquel
final de siglo XIX estaban preparados para afrontar una ascensión
como el Coloir de Gaube. Se les unió para esta empresa Bazillac,
el compañero habitual de Brulle y De Monts. De Monts es un
montañero que injustament no ha pasado a la historia, cuando
fue el padre de las hivernales en los Pirineos. Este hombre "de
negra barba, aspecto tranquilo y resuelto, como el de un gran guía
de Zermatt" entre 1879 y 1889 realizó las primeras ascensiones
hivernales a cumbres como el Aneto, Maladeta, Monte Perdido, Posets,
Vallhibierna, Balaitouse, La Múnia, Tallón, Gourgs
Blancs, Cabrioules, Midi d'Ossau entre muchos otros. Realizó
la primera ascensión de la cara norte del Monte Perdido,
cuando el glaciar y los seracs eran bastante más importantes
que ahora, y a la vuelta dijo "puede que haya algún
peligro, pero no se piensa en ello. !Es una escalada tan bella!"
Ciertamente era una de las ascensiones más bonitas realizadas
hasta entonces. Hasta Arlaud unos años más tarde nadie
retomaría el camino del pireneismo hivernal iniciado por
De Monts. A este fuerte equipo se les unió el guía
Salles.
El 6 de Agosto de 1889 partieron de Gavarnie y pernoctaron en las
grutas Bellevue, acogidos por Russell, quien no compartía
su alocado proyecto, incomprensible para su mentalidad clásica.
El día 7 amaneció frio y eran las nueve menos veinte
de la mañana cuando llegaron al pie del Couloir. La rimaya
estab abierta y les llevó un cierto tiempo superarla, pero
lo lograron sin hallar especiales dificultades. A partir de allí
la nieve se hallaba en buenas condiciones, y a pesar que Passet
iba tallando escalones (llego a tallar más de 1300 durante
toda la ascensión) avanzaban rapidamente. Ya se conocían
los crampones y todos los usaron, pero eran unos modelos muy rudimentarios
y sin puntas delanteras, con lo que se hacía necesario tallar
escalones. La pendiente se iba haciendo empinada, y en el punto
donde el couloir se bifurca la nieve se transformó en hielo.
Eran las dos de la tarde cuando llegaron bajo el bloque empotrado.
Según Brulle "...era verdaderamente diabólico.
Era un bloque enorme, de unos cinco metros de altura, acuñado
entre las dos paredes, no muy lejos de la cumbre, vertical, sino
extraplomado, y acorazado por una espesa capa de hielo. A la derecha
una cascada se precipitaba en un negro agujero; a la izquierda la
muralla era totalmente lisa; no era más que un muro de hielo
vertical de veinte metros, limitado por una pared de roca totalmente
inaccesible".
A pesar de conocer la existencia del bloque, se lo encontraron en
peores condiciones de lo esperado. Passet intentaba tallar en el
hielo unos escalones, pero era en vano. Durante dos largas horas
estuvo luchando con el hielo, mientras los demás, tiritando,
empezaban a pensar en la posibilidad del descenso. Ante esta peligrosa
perspectiva Passet hizo un postrer esfuerzo, y a la cuarta tentativa
logró superar el paso, en un alarde de sus portentosas cualidades
de escalador. Con gran dificultad hizo pasar a sus acompañantes
de uno a uno, constatando todos ellos la dureza y dificultad del
paso.
A partir de allí terminaron las dificultades. La progresión
se agilizó y al llegar al final se encontraron que la fusión
del glaciar superior había escarbado el hielo, marcando resaltes
a modo de escalones, y el posteriormente temido muro final "se
subía como por una escalera". La cuerda echada por dos
hombres que habían sido apostados en la cumbre de la Pique
Longue para evitar que los turistas les echasen piedras les sirvió
de simple pasamano. Tras siete horas de lucha salieron de la humedad
y el frio del couloir al dulce sol que calentaba el glaciar d'Ossue.
Aún les quedaron ánimos de ascender a la cumbre de
la Pique Longue para rematar la jornada, y a las cinco de la tarde
estaban con el conde Russell en su cueva tomando el te, y relatándole
la ascensión. Russell seguía sin encontrar ninguna
justificación para afrontar tales peligros e ironicamente
sentenció "la próxima vez debeis hacer la escalada
hacia atrás". Era noche cerrada cuando entraban en Gavarnie.
De esta forma tan aparentemente sencilla y con un dignísimo
horario se inaguraba por aquellos primeros ascensionistas el itinerario
de hielo de más prestigio durante muchisimos años
de todo el Pirineo.
Ciertamente debieron hallar unas condiciones muy favorables y una
salida sin problemas, pero la ascensión fue una auténtica
hazaña para la época, algo adelantado a su tiempo,
y que dió un enorme impulso al pireneismo, abriéndole
los caminos hacia la dificultad.
Hasta 38 años más tarde, en 1927, Jean Arlaud y Laffont
no se enfrentaron a la segunda ascensión. Se decía
que Passet era el único que tenía la llave del Couloir,
y al morir se la había llevado con él. Se había
creado una cierta leyenda de misterio y extrema dificultad, que
provocaba que nadie se animara a repetir lo que se consideraba la
ascensión más difícil y peligrosa de todo el
Pirineo. El famoso bloque empotrado que tantas dificultades había
opuesto a Passet estaba cubierto enteramente por la nieve y no presentó
ningún problema superarlo. En el muro final el hielo estaba
impracticable y no pudieron superarlo, debiendo descender todo el
couloir, con gran disgusto de Arlaud, y especialmente de Laffont,
gran especialista en hielo y con una gran experiencia en los Alpes.
Este fracaso cimentó la leyenda del couloir, y consagró
el peligro del muro final como una dificultad casi insalvable para
el material del momento. Arlaud escribió una carta a Brulle
relatándole la ascensión y preguntandóle si
la cuerda que les echaron fue lo que les permitió salir.
Brulle reconoció que se sirvieron de una cuerda, pero afirmaba
que esta ayuda no fue ni mucho menos decisiva ni influyó
en el éxito final. La diferencia de condiciones entre una
y otra ascensión fue lo que marcó la diferencia.
Los negativos informes de Arlaud enfriaron los ánimos de
muchos y hasta seis años más tarde no se realizó
la segunda y tercera ascensión, con una curiosa historia.
Tradicionalmente había habido una gran rivalidad entre los
montañeros de las diferentes ciudades de la zona. Los de
Lourdes estaban enfrentados con los de Toulose, donde Arlaud había
fundado su "Groupe de Jeuenes", revalorizando extraordinariamente
el pireneismo frente a los Alpes, y era considerado el gran patriarca
de los Pirineos. Pero en Lourdes se sentían un tanto marginados,
creían que el grupo de Arlaud había agotado sus objetivos
y había que buscar nuevos objetivos. Así fue como
un grupo de jovenes valores fundaron en Lourdes el Groupe Pyreneiste
de Haute Montagne (G.P.H.M.) entidad que con el tiempo alcanzaría
un enorme prestigio por las brillantisímas realizaciones
de sus miembros. Para celebrar la fundación se dirigierion
a Gavarnie para hacer la primera a la cara sur del Bazillac, considerada
inviolable, y robandole la primera a Arlaud, que la tenía
en cartera. Al día siguiente, Françoise Cazalet, el
promotor fundamental de la ascensión, Henry Lamathe, Robert
Ollivier y Jean Sanmartin, realizaron la tercera ascensión
del Couloir, 43 años despues de la primera. Y no pudo ser
la segunda porque unos días antes el terceto de Pau formado
por Aussat, Barrio y Loustanau había realizado la segunda,
llevandose toda la gloria de la repetición al Bearn. Ambos
grupos encontraron un resalte de hielo difícil en el bloque
empotrado, y como el muro de hielo final era infranqueable inaguraron
la variente de salida por la pared de la Pique Longue.

Robert
Ollivier, pirineista y escritor de guías
El 17 de julio de 1935 los peñalaros Teógenes Díaz,
José González Folliot y Angel Tresaco dan la campanada,
realizando la primera nacional. La rimaya les impide alcanzar la
pared de la Pique Longue y abren la variante de los Jumeaux, inagurando
la salida por la pared del Piton Carré.
Hasta enero de 1964 no se realiza la primera hivernal. Otro insigne
pireneista, Patrice de Bellefon, acompañado de Raymond Despiau,
deja su huella en el corredor.
El año pasado, para conmemorar el centenario de la primera
ascensión, los franceses Jean-Françoise Forgues y
Francis Mousel encadenaron en la misma jornada el Couloir de Gaube,
el Couloir del Clot de la Hunt y la vía de los seracs al
Petit Vignemale, vías abiertas todas ellas por Brulle en
el siglo pasado.
A pesar que este encadenamiento no es más que una de las
modas del Alpinismo actual, Brulle, cien años antes, ya había
realizado el Monte Perdido y el Vignemale en una misma jornada,
así como había inagurando el encadenar las cumbres
recorriendo crestas, realizando el cresterio del Tempestades al
Pico de Alba en poco más de diez horas.
Todos estos hitos son una pequeña muestra de como este corredor
ha protagonizado la historia de los Pirineos en los últimos
cien años. Los nombres más ilustres, las varientes
mentalidades,los nuevos materiales han rendido culto a este santuario
del pireneismo de dificultad, muy conocido pero siempre diferente.
Sus cambientes condiciones pueden hacer variar enormemente las dificultades
del bloque empotrado y de la salida, y cada ascensión es
diferente de la anterior. Las nuevas técnicas han desvalorado
esta legendaria vía, pero aún hoy el Couloir conserva
un prestigio y sigue siendo una ascensión severa y de compromiso.
Para los alpinistas es una reváldia inevitable y quien no
ha hecho el couloir tiene siempre una cuenta pendiente en el Vignemale.