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¿Qué
pasa con la literatura de montaña?
Dentro del amplio espectro de practicantes de los deportes de montaña, hay un pequeño grupo con unas características muy definidas. Sus integrantes tienen dos grandes pasiones: la montaña y la literatura. Probablemente los miembros de esta hipotética hermandad no son famosos, ni siquiera conocidos. Quizás nunca han realizado grandes primeras ni han visto su nombre reflejado en ninguna revista, e incluso es muy probable que jamas hayan escrito o publicado nada. Son unos alpinistas y lectores anónimos, y con seguridad desean continuar siéndolo, siempre a la búsqueda de aquella ascensión o lectura especial. Pero en su discreción están inquietos, desazonados, y un tanto decepcionados. Se reconocen como lectores, lectores vulgares y desconocidos, pero lectores impenitentes y compulsivos, hurgando siempre en los libros, antiguos y modernos, y revistas, leyendo o releyendo todo cuanto cae en sus manos, con curiosidad tanto por el texto que se anuncia de inminente aparición, como por el volúmen descubierto en una polvorienta estantería de una librería de lance. Y a pesar que en estos momentos tienen a su alcance más libros de montaña que nunca, están insatisfechos y un tanto decepcionados. Desconcertados asisten a un fenómeno curioso: la explosión del libro de montaña, el creciente alud de publicaciones relacionadas con la montaña, pero en este caudal de letra impresa les cuesta encontrar aquel libro que hace vibrar, que engancha, impresiona o despierta admiración, que proporciona un placer inefable, en definitiva, aquel libro que destila literatura por todos sus poros. ¿Ya no existen buenos libros de montaña? ¿Estamos asistiendo a la desaparición de la literatura alpina?
El concepto de literatura, en este caso de montaña, es muy amplio. En diccionarios y enciclopedias la idea de fondo que intenta reflejar la entrada "literatura" se refiera a todo tipo de textos sobre una materia que expresan unas ideas o sentimientos mediante la palabra escrita. Aquí al hablar de literatura de montaña seguimos este amplio criterio y nos referimos a todas aquellas obras con un componente creativo en el terreno literario, que puede manifestarse en diversos géneros: poesía, cuento, historia, novela, diario personal, ensayo, reflexión, nuevas formas narrativas... En definitiva, lo que se pretende es diferenciar las guías y obras fotográficas de otro tipo de libros de carácter más literario y personal. Es probable que muchos consideren que de todos los ámbitos del mundo de la montaña, el del libro, y en concreto de la literatura alpina, sea de los menos importantes y donde haya que perder menos tiempo. Sin embargo, no hay que olvidar que el libro no es más que un reflejo del estado, situación e inquietudes del mundo de la montaña, y la mayor y creciente calidad y cantidad de ellos es un objetivo que nos atañe a todos. Además es también un signo de madurez, sensibilidad y solidez de una cultura, y en el desarrollo y fortalecimiento de la cultura montañera todos estamos implicados.
Las causas de este fenómeno, que en principio sólo puede calificarse de positivo, son varias, pero la razón de fondo es la misma que explica la eclosión de los deportes de montaña. El alpinismo, la escalada, el montañismo, el esquí de travesía, el parapente, la bicicleta de montaña o el descenso de barrancos, han ido perdiendo su carácter singular, minoritario y de excepcionalidad, y se han ido acercando progresivamente a las otras disciplinas deportivas consideradas más convencionales. Cada vez las practica más gente, durante más tiempo y más intensamente. Aún para bastantes la montaña es más que un mero deporte, y representa algo muy importante, a veces trascendental, en sus vidas, pero para muchos es una disciplina deportiva como cualquier otra. Y por tanto sujeta a las mismas leyes y reglas que cualquier otro deporte. La montaña se ha convertido en un deporte más de consumo, en la que hay unos intereses comerciales crecientes, y a la que hay que sacar un rendimiento, personal o empresarial. Y por la misma razón por la que ha habido una explosión del material de montaña, en menor medida, la ha habido del libro de montaña. Los editores han descubierto un nuevo filón, y los libros de itinerarios, las guías monográficas de una zona, las "topos" de escalada, de bicicletas de montaña, de parapente o cañones, los manuales técnicos, los libros de aventura, de ecología o relacionados con la naturaleza, con los viajes a países exóticos, los libros fotográficos y de lujo, las biografías, proliferan extraordinariamente, se actualizan y se reeditan, porque son un producto comercialmente interesante, que tienen una buena salida y con un riesgo empresarial no muy elevado. Aunque en este bosque de libros no todos los árboles son iguales. Ni todas las guías están igualmente bien hechas, ni todos los manuales correctamente concebidos, ni todos los libros fotográficos tienen la misma calidad. Y el aficionado a la literatura de montaña que se adentra en este bosque frondoso, esperanzado con encontrar la traducción anhelada, el texto deseado, constata con una cierta frustración que los buenos libros son pocos, que la narrativa de montaña continua siendo la hermana pobre del mundo de la edición, y que su proporción es inexplicablemente reducida, a pesar que de vez en cuando encuentra un buen texto o una pequeña joya que le compensa y le proporciona una gran alegría. ¿Es
que la literatura de montaña tiene unos problemas especiales? ¿Hay
razones que imposibiliten una mayor presencia suya?
Por su mismo
carácter literario siempre habrán menos libros de literatura
de montaña que guías o manuales técnicos, como siempre
han habido menos libros de literatura que guías turísticas
o manuales de cocina. ¿Y autores? ¿Es qué ya no hay buenos escritores? Sin lugar a dudas el maridaje entre alpinistas y escritores nunca ha sido fácil. La historia está llena de excelentes alpinistas que como escritores no han alcanzado el mismo nivel que en el plano deportivo, y de grandes escritores que al tocar el tema de la montaña no han podido realizar aportaciones significativas. Como todas las literaturas de género, centrada en un ámbito y en un tema muy concreto, tiene sus propias reglas y dificultades, y un buen palmarés deportivo o literario no supone una garantía de calidad o éxito. A pesar de ello siempre han habido también alpinistas que han dado textos de indudable calidad y escritores que han demostrado su sensibilidad y categoría al tratar la montaña. Y estos autores continúan existiendo, a veces confundidos en el marasmo de las publicaciones indiscriminadas, porque siempre habrán poetas de la montaña. Es probable que buenos manuscritos no hayan salido del cajón donde celosamente los ha guardado su autor, ante la indudable dificultad por publicar. El clima y el ambiente normalmente no es propicio a la creación, pero siempre que quede un alpinista sensible y con necesidad de comunicarse habrá un escritor potencial, y en estos momentos de intensa práctica alpinística parece claro que el problema de la literatura de montaña no es debido a una falta de autores. Además la existencia de autores consagrados que todavía tienen mucho que decir abre la esperanza a futuras creaciones. ¿Y
lectores? ¿Existen personas con un interés que vaya más
allá de estudiar el croquis de una vía, consultar un itinerario
u hojear unas bellas fotografías? ¿Hay gente dispuesta a
zamparse 200 o 300 páginas de apretada letra impresa, sin dibujos,
recuadros o fotografías que faciliten la lectura? El actual lector
de libros de montaña es en gran parte un lector de consumo, que
compra un libro cuando éste tiene una buena campaña publicitaria
detrás, cuando necesita una determinada información, o cuando
sigue una moda. Pasa exactamente lo mismo que ocurre en el mercado de
la música moderna o en el sector de los fascículos. Además
en España la cuestión se ve agravada por el atávico
problema del bajo índice de lectura, mitificado pero real, y la
débil tradición cultural y literaria. Históricamente
han habido muy pocas traducciones de obras extranjeras de montaña.
Las obras clásicas de la literatura de montaña, aquellos
libros de referencia con un valor incuestionable, raramente se han vertido
al castellano. Libros fundamentales de autores tan emblemáticos
como Edward Whymper, Emile Javelle, John Muir, Guido E. Lammer, Guido
Rey, Ricardo Cassin, Walter Bonatti, Samivel, Roger Frison Roche, Alfred
Mummery, Charles Gos o más cercanos como Henry Russell, Brulle,
Ramond, Schrader, los hermanos Cadier, de una lista extensísima
e inacabable, nunca se han traducido o bien no están disponibles
en la actualidad. Aquí es de justicia mencionar la meritoria e
importantísima labor de traducción realizada por Editorial
Juventud en una época difícil, que lamentablemente no ha
tenido continuación. ¿Es quizás un problema del género? ¿Está agotada la literatura de montaña? Responder a esta cuestión se aparta totalmente de las intenciones y posibilidades de este artículo, y para responderla quizás debería convocarse un seminario universitario. Sin pretender hacer una historia de la literatura de montaña ni elevarse a reflexiones más propias de la teoría literaria, desde las primeras obras hasta nuestros días los libros de montaña han ido reflejando la distinta percepción de la naturaleza de cada generación, los distintos sentimientos que la montaña provoca, basculando entre una constante justificación y una permanente búsqueda de solución a la inquietud existencial que parece inherente a la condición humana. La literatura de montaña es una disciplina joven, con apenas dos siglos de existencia, que ha tenido, con sus altibajos, una permanente evolución. En contra de lo que podría parecer existen muchas fórmulas por explorar y perfeccionar, y su discurso tiene un importante futuro por desarrollar, ya que no todo está dicho ni mucho menos. Ciertamente nunca habrá unanimidad ni será pacífica la cuestión de señalar qué libro es bueno o cual no, pero ésta es una cuestión poco importante, propia de estudiosos y críticos, que a los lectores sólo nos ha de interesar para estimular la producción. Nosotros sólo buscamos aquella obra que nos distraiga, nos interese o nos haga disfrutar, soñar y gozar, y nos acerque un poquito a la quimérica felicidad. Para uno será una novela o una narración corta, para otro una poesía o una descripción de un paisaje, o el diario de una expedición, una autobigrafía o la historia de una carrera deportiva, o una escueta descripción de una vía; sólo buscamos aquellas páginas que están recorridas por el difícil hálito que se llama literatura.
En la evolución del género podrían haber jugado un papel más activo las revistas periódicas especializadas. Estas han colaborado enormemente en la renovación del discurso de la montaña, con actitudes valientes e innovadoras a veces, pero no siempre la literatura ha sido beneficiada. Las actuales revistas reflejan su momento y tienen sus tendencias, pero mayoritariamente se han decantado por el gran reportaje, dando primacía a la imagen sobre el texto, la información, la novedad, cuando no han caído en el reportaje de moda, el sensacionalismo o el puro interés comercial. Se ha trabajado y cuidado mucho más el continente en detrimento del contenido, dejando un espacio muy pequeño a la reflexión y a la creación. En esta línea es de justicia recordar unas referencias importantes para todos los aficionados. La extinta revista Passages o determinadas épocas de La Montagne, algunos períodos del Alpine Journal o de Ascent, marcaron unos hitos añorados. Por todo ello puede observarse que la actual situación de la literatura de montaña no es especialmente esplendorosa, responde a una combinación de factores no fácilmente modificables y su solución exige un compromiso por parte de todos. Intervienen factores y protagonistas muy dispares. Desde el acto de creación solitario de un autor ante una hoja en blanco hasta ver un libro en el escaparate de una librería, hay un camino muy largo y sinuoso, con demasiadas curvas donde es fácil salirse del itinerario. Cada etapa se asemeja al largo de una vía, y hasta llegarse a la cumbre nunca puede estarse seguro del éxito. Todos los protagonistas han de colaborar y aunar sus esfuerzos para posibilitar un resurgimiento de la literatura de montaña. Los autores,
han de crear y producir textos, sin temores ni falsas vergüenzas,
y deben luchar incansablemente por conseguir la publicación de
sus obras, no desesperando ante negativas reiteradas, recordando que nunca
ha sido fácil la publicación de un libro, ni incluso para
los clásicos hoy indiscutidos.
Los interesados
en el tema pueden consultar las siguientes obras. |