Trastos en las cumbres

 


Cim de l'Aiguille de Midi

Cuando Petrarca ascendió al Mount Ventoux para huir de los calores de la Provenza y de sus males de amor el único rastro que ha quedado de su paso por aquella cumbre son unos bellos poemas que han entrado en el olimpo de la historia de la literatura universal. Pero espíritus elevados y puros como el de Petrarca no hay muchos, y la historia de la conquista alpina demuestra que el hombre siempre ha dejado una testimonio de su paso por las montañas. Desde su orogénesis todas las cumbres han permanecido limpias y puras durante prácticamente toda su existencia. A partir del inicio de la conquista de la montaña en el siglo XVIII los montañeros han ido dejando señales de su paso por las puntas y cumbres en forma de cruces, buzones, belenes, placas, banderas, lápidas, antenas, pilones, inscripciones o construcciones que son un fiel reflejo de la sociedad y mentalidad de cada época y tienen un contenido fuertemente simbólico.

La costumbre de dejar una señal humana en las cumbres tiene un doble origen. Por un lado los primeros ascensionistas a una cumbre virgen querían dejar una prueba palpable y evidente de su ascensión, y para ello nada mejor que la erección de algún hito, de mayor o menor tamaño, para dejar constancia de su paso. Paralelamente los cartógrafos se lanzaron a la conquista también de muchas cumbres para poder realizar sus triangulaciones y cálculos que les permitiera alzar los primeros mapas, y para ello también necesitaron construir pilones de roca o hitos que les ayudaran en sus trabajos. Junker, Peytier y Hossard en el Pirineo francés o el capitán Heredia en el español son algunos de los responsables de las primeras señales del Pirineo.

Hay que destacar por su precocidad el hito que aparece en la cumbre del difícil Midi d'Ossau a finales del siglo XVIII. Se desconoce quien fue el primer ascensionista de esta enhiesta cumbre pirenaica, pero se sospecha que con toda probabilidad fue un pastor que vigilaba a sus rebaños y que un día, persiguiendo a una oveja rebelde o en un arrebato de locura se encaramó hasta dicha cumbre. Y para dejar testimonio de su paso levantó el primer hito del que se tiene constancia en los Pirineos. A partir de entonces todos los pioneros y primeros ascensionistas no olvidaron de hacer lo mismo en sus ascensiones. Es curioso leer las reseñas de Russell, Ramond o Brulle, donde queda patente su deseo de dejar constancia de su paso por las cumbres con hitos de piedra. El mismo Henry Russell hizo levantar una torre de piedra de dos metros para que su amado Vignemale alcanzará la cota de 3.300 metros. Las tormentas invernales se encargaron pronto de devolver las cosas a su sitio, destruyendo dicha torre, y Russell reconoce en sus memorias que la naturaleza es más sabia que la vanidad humana.


De manera casi inmediata y en un primer grado de evolución se empezó a imponer la costumbre de dejar en las cumbres la tarjeta del montañero. Así aparecen las primeras cajas metálicas o botellas de vidrio, donde se guardaban las tarjetas de los primeros ascensionistas. En estas tarjetas hay que buscar los antecedentes de los famosos y populares libros de cumbre. A medida que se van frecuentando las cumbres cada vez hay más personas que desean dejar constancia de su paso y se empiezan a instalar en las cumbres libros encuadernados para que todo aquel que lo desee pueda escribir algunas líneas. Para proteger dichos libros de las inclemencias meteorológicas se guardaban en cajas metálicas o de madera, en pequeñas construcciones o en cualquier armatoste "ad hoc". Los libros de las cumbres han marcado toda una época en el montañismo. Por un lado han servido para reconstruir la historia de ascensiones a las cumbres. Es digno de mención la consulta de los primeros libros del Aneto, depositados en el Museo de Luchon, de incalculable valor histórico. A la vez los libros de las cumbres han sido un fiel reflejo de las mentalidades y evolución de los montañeros en cada momento.

Pero así como se construyeron todo tipo de lugares para guardar dichos libros de cumbre, pronto se empezaron a construir y a erigir una caterva más variopinta de utensilios y cachivaches. Desde finales del siglo XIX parecía que cada cumbre que se preciara tenía que tener una cruz, virgen u otras imágenes religiosas. Son célebres las cumbres del Aneto, del Canigó o del Puigmal, de las Agudes en el Montseny o de la Mesa de los Tres Reyes. La presencia de las cumbres son un reflejo de sociedades confesionales y con una religiosidad muy fuerte. Asociadas a las cruces están los belenes que se han ido instalando en muchas cumbres. Es una costumbre reciente, de mediados de siglo, no exclusivamente religiosa, provocado por el deseo de muchos clubes, parroquias o grupos de llevar una imagen navideña a una cumbre. Normalmente cada centro se especializada en una cumbre y año tras año iba renovando el belén. En Cataluña hay entidades con una muy larga tradición al respeto y se ha organizado más de una exposición de los belenes de las cumbres, con algunos ejemplares ciertamente curiosos y originales.

Además de estos elementos comunes otros objetos han ido adornando los picos. Desde placas y lápidas para recordar a algún personaje o fecha importante a banderas más o menos reivindicativas, cerámicas de las panorámicas de las cumbres que se divisan o símbolos decorativos. Y hay que mencionar de manera especial los pilones construidos por el Instituto Geográfico Nacional, todos con el mismo diseño y estructura, y con la célebre placa en su base que recuerda que su destrucción está penada por la ley que han proliferado espectacularmente. Y la última moda ha sido la erección de antenas para facilitar las comunicaciones, algo imprescindible para las sociedades actuales.



Cim del Midi de Bigorre

Todos estos símbolos que a lo largo de diferentes generaciones han ido "adornando" las cumbres de algunas montañas han entrado en una etapa de crisis. Fiel reflejo de la sociedad actual, cada vez más concienciada de la necesidad de protección de la naturaleza, de respeto del entorno natural, de la importancia de preservación de espacios vírgenes donde no exista rastro tangible de la presencia humana (la wilderness) y a la vez laica y desideologizada, se empiezan a alzar voces que cuestionan esta tradición.

Lo cierto es que en la práctica la masiva presencia de montañeros en las cumbres han eliminado prácticamente los libros de cumbre en muchos picos, ya que han perdido todo su valor documental y desde hace mucho tiempo están desacreditados por los abusos cometidos. Desde hace tiempo, reflejo de una sociedad fuertemente secularizada, ya no se erigen nuevas cruces en las cumbres con la frecuencia de antaño. Algunas instituciones también se han planteado el tema. La FEEC (Federación de Entidades Excursionistas de Catalunya) ha hecho pública una nota constatando que muchas actividades de grupos montañeros llevan asociada la generación de residuos en forma de pinturas en los senderos, placas en las cumbres o belenes no retirados, y solicitan a las entidades y grupos que procuren minimizar el impacto de sus actividades, retiren todos los objetos que se coloquen o utilicen materiales degradables e inocuos.

Las señales de todo tipo en las cumbres tienen una fuerte tradición y están muy enraizadas en el sentir popular de amplios colectivos. Son muchos los que aprecian poder escribir una líneas en un libro de cumbre o hacerse una foto junto a la cruz, llevar un belén los días antes de Navidad o dejar una bandera en una fecha señalada. Por contra amplios colectivos reivindican la limpieza de las cumbres, la retirada de la mayor parte de objetos y la restitución del estado natural de las cosas en la medida de lo posible. El debate está abierto, no necesariamente ha de ser fácil llegar a un consenso y todo el mundo tiene derecho a manifestar su opinión. La comunidad montañera es muy amplia, alberga sensibilidades muy distintas y todas deben respetarse. Ante la retirada de todos los símbolos como algunos solicitan es necesario iniciar un proceso de debate, reflexión y maduración.

Un punto de partida a este debate al que fácilmente se puede llegar a un acuerdo estriba en la retirada de las instalaciones más aparatosas, agresivas e invasoras. Con la tecnología actual de telecomunicaciones no se entiende que deban existir las grandes antenas del pico de l'Orri o del puerto de Envalira para poner un ejemplo. Las nuevas técnicas cartográficas hacen prescindibles los mojones del IGN que adornan multitud de cumbres y que en buena parte están inmersos en un claro proceso de degradación que solo genera cascotes y bloques de hormigón. La retirada de dichos residuos debería realizarse por la misma entidad que en su momento los levanto En este campo entidades como los clubes excursionistas, federaciones, entidades conservacionistas, secciones locales de Mountain Wilderness, deben alzar su voz y reclamar la limpieza de aquellas cumbres que parecen un zoco.

Telefèrics a la Valle Blanche

 

En cambio las pequeñas cruces en algunas cumbres, o las lápidas o libros registros, o los belenes que se ponen en diciembre y se retirar en enero, por su valor simbólico creo que deberían ser objeto de una autorregulación por la propia comunidad montañera, siguiendo el espíritu de nuestra época, cada vez más consciente de la necesidad de preservación de la naturaleza. Encontrar un equilibrio entre el deseo innato del hombre por los símbolos y la wilderness ha de ser posible en una sociedad a la puerta del siglo XXI.

La desaparición de la cruz del Aneto este invierno probablemente abrirá un debate sobre la conveniencia de restituir dicho símbolo o no. Por su carácter emblemático el resultado de dicho debate puede marcar una tendencia a seguir y tener una gran influencia en el devenir de estos viejos trastos del resto de cumbres.


Algunas cumbres con objetos destacados:

- Tossa d'Alp (Pirineo Oriental).(2.531 m) Pilones de remontes mecánicos de la estación de esquí de la Massella, pilón del IGN, refugio guardado, probablemente el único refugio en una cumbre superior a los 2.500 m.

- Midi de Bigorre (Pirineo central francés) (2.872 m) Espectacular antena, observatorio astronómico y grandes construcciones civiles. Todo el conjunto está inmerso en un proceso de renovación y ampliación, para potenciar su faceta turística. Sin lugar a dudas la cumbre más urbanizada de todo el Pirineo.

- Aneto, (Pirineo Central, 3.404 m). Gran cruz instalada por el CEC desaparecida en 1999.

- Mesa de los Tres Reyes (Pirineos Occidentales 2. 444 m) Belenes, lápidas, buzones...

- Pico de l'Orri (Pallars 2,440 m). Pilones de remontes mecánicos de la estación de esquí de Portainé, pilón del IGN, gran antena de telecomunicaciones, importante edificación de servicios.

- Puigllançada (Pirineo Oriental 2.406 m) Gran antena de transmisión

- Pico del Teide

- Turó de l'Home (Montseny) (1.706 m) Base militar del ejercito español con edificaciones y radares, carretera asfaltada y observatorio metereologico.