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A Urano no le complacían mucho los hijos que
engendraba, los encontraba feos deformes y toscos, nada
parecidos a lo que el había soñado para
su progenie. En vez de admitirlos en la existencia,
volvía a meterlos uno por uno en la mente de
Gaia, una forma de expresar que los desterraba al submundo
del inconsciente y les vedaba toda expresión
vital, lo mismo que hacemos todos con las partes de
nosotros mismos que no nos gustan. En su mente, Urano
tenía la imagen o visión ideal de cómo
debían ser sus hijos, pero una vez que nacían
no estaban a la altura de sus expectativas.
De modo similar, cuando las personas que nacen con
un elemento uraniano fuerte en su carta intentan convertir
una visión en una realidad concreta, es frecuente
que el resultado los decepcione. Quizá tenga,
por ejemplo, una imagen de lo que sería su relación
ideal, pero cuando logra establecer una unión,
la realidad está muy lejos de sus esperanzas,
la relación no concuerda con el concepto que tenía en la mente (éste es muy exigente, nada
parece alcanzar semejante ideal, la otra persona no
sólo debe darse cuenta por sí misma lo
que le ocurre a su compañero uraniano, debe solucionarlo
todo, siempre estará disconforme porque no hay
perfección, tampoco tolerancia, ni adaptación,
a veces, la persona se esfuerza y logra convivir durante
un determinado lapso de tiempo, sin embargo tarde o
temprano ...). De manera que la destruye y vuelve a
emprender la búsqueda continua de una que satisfaga
su ideal. O bien la persona uraniana logra idear un
sistema organizativo perfecto, pero cuando lo lleva
a la práctica no le funciona, así que
lo abandona y busca nuevamente orientarse hacia otro
sistema organizativo. En pocas palabras, los tipos fuertemente
uranianos dejan detrás de si un gran rastro de
proyectos a medio terminar, y a veces se da una situación
paralela cuando Urano transita por nuestra carta, nos
sentimos descontentos o inquietos con los asuntos de
la casa o la esfera de la vida que en ese momento está
afectada por Urano. Queremos alterar o reorganizar ese
dominio de nuestra existencia, y nos dejamos tentar
por cualquier cosa que nos prometa algo mejor de lo
que ya tenemos.
No es de asombrarse que la Madre Tierra, no se contentara
mucho que digamos cuando Urano le volvía a meter
todos sus hijos en el vientre, así que se vengó,
construyo una hoz de acero e imploró a sus hijos
que alguno de ellos castrara a su padre. El hijo menor,
Cronos (Saturno), exhibiendo ya su característico
sentido de la responsabilidad, se ofreció para
la tarea. Aquella noche Urano descendió, como
siempre, y en el preciso instante en que estaba por
tenderse sobre Gaia, Cronos seccionó los órganos
genitales de su padre y los arrojó al mar. Tal
como Cronos castró a Urano, astrológicamente
Saturno amputó el impulso creativo y la potencia
de Urano. Esta imagen sintetiza una guerra básica
que existe en toda psique humana: una necesidad saturnina
de mantenimiento y preservación que entra en
conflicto con nuestro anhelo uraniano de alteración,
variedad y cambio. Una parte de nosotros prefiere mantener
las cosas como están (el principio de homeostasis),
en tanto que la otra quiere seguir creciendo y desarrollándose.
Saturno construye, conserva y rinde honores a lo conocido
y probado, Urano en nombre del progreso, quiere demoler
para dejar lugar a algo nuevo. Un mito es algo que jamás
sucedió, pero que siempre esta sucediendo. Psicológicamente,
Saturno castra a Urano cada vez que hay fuerzas de resistencia
(a veces externas, a veces internas, a veces de ambas
clases) que nos impiden emprender una acción
nueva o tomar una nueva dirección. Podemos bloquear
a Urano por diferentes razones: el sentido del deber,
un compromiso o una responsabilidad o también
una necesidad básica de seguridad, unida al miedo
de lo desconocido. Si rendimos homenaje a Saturno, nos
detenemos y nos quedamos inmóviles, pero la necesidad
uraniana de cambio sigue estando ahí, escondida
y soterrada.
El mito nos presenta claramente las consecuencias de
que Cronos castre a Urano. Unas gotas del miembro amputado
cayeron al suelo (el útero de Gaia) y dieron
nacimiento a las Furias, cuyos nombres (Alecto, Tisífone
y Mégera) se traducen como envidia, venganza
y odio. Si bloqueamos o reprimimos los cambios que nos
pide Urano, entonces las Furias nacen dentro de nosotros.
Exteriormente podemos mantener bien firme la tapa, pero
por dentro bullimos de resentimiento hacia aquellos
por quienes nos sentimos restringidos, y de envidia
hacia los que están en libertad de progresar
mientras que nosotros permanecemos estancados. Y, lo
sepamos o no, probablemente también estamos enojados
con nosotros mismos. Urano exige que emprendamos la
acción, pero cuando nos permitimos que esto suceda,
la energía que se habría dedicado a hacer
cambios en nuestra vida ahora no tiene adonde ir, así
que se vuelve sobre sí misma, y, en forma de
enfermedad, ataca al cuerpo. O bien se incuba peligrosamente
en la psique hasta que termina por hacer erupción,
a veces en forma de trastornos nerviosos. O en todo
caso, es tanta la energía que necesitamos para
mantener soterrado a Urano que nos queda muy poca para
vivir. Así que no es de extrañar que terminemos
cansados, apáticos y deprimidos.
Supongamos, sin embargo, que decidimos obedecer a nuestros
impulsos uranianos y desbaratar las estructuras de nuestra
vida en aras de algo nuevo, en otras palabras, ¿qué
sucede si Saturno no consigue un éxito total
en su empresa? Se lanza contra Urano, pero falla el
golpe, y Urano, ileso aunque pierda unas gotas de sangre,
sigue alegremente su camino, pero... ahora es Saturno
quien esta enojado. Si, fieles al espíritu uraniano,
nos enfrentamos con el status quo o con el orden establecido,
tal vez nos encontremos con que las Furias se abaten
vociferando sobre nosotros, por obra de quienes se sienten
amenazados por nuestros actos de rebelión. Como
hemos liberado nuestros impulsos uranianos, su energía
ya no bulle en nuestro interior. Ahora las Furias no
nacen dentro de nosotros, sino que en cambio nos atacan
desde el exterior. Esta clase de inversión es
común en casos como la ruptura de una relación,
también las familias forman sistemas o estructuras
que organizan y determinan la manera de interactuar
de sus miembros. Reglas no escritas y transacciones
que se repiten van creando pautas y estableciendo límites
que regulan la clase de comportamiento que se permite
en la familia, quien puede hacer o decir que cosa a
quien. Si un miembro de la familia empieza a actuar
de tal manera que constituye una amenaza para el mantenimiento
del sistema establecido, es probable que sobre esa persona
se abatan las Furias.
Afortunadamente, no son las Furias solamente lo único
que nace del conflicto entre Urano (el cambio) y Saturno
(el deseo de mantener, de preservar). De acuerdo al
mito, Cronos arroja el órgano viril de Urano
al mar, donde se confunde con la espuma y da nacimiento
a Afrodita (Venus). El principio del amor, la belleza,
la armonía, la diplomacia y el equilibrio, puede
nacer de la tensión entre las fuerzas saturninas
de la homeostasis y las fuerzas uranianas de la ruptura
y el cambio. El nacimiento de Venus indica la posibilidad
de presentar ideas y alternativas nuevas de una manera
delicada y diplomática, que no parezca tan amenazadora
para el orden existente de las cosas. Urano tiende a
deshacerse por completo de saturno, a hacerlo pedazos.
La respuesta de Saturno ante este ataque es asentarse
firmemente en el suelo y hacer todo lo posible por suprimir
cualquier cambio. Sin embargo si Urano evoluciona hacia
un estilo más Venusino, quizás sea posible
engatusar a Saturno y conseguir de el una actitud más
flexible. Suavizado por Venus, Urano podría defender
su posición, sugiriendo: "De lo viejo conservemos
lo mejor, pero haciendo lugar a lo nuevo".......
o bien "Hace un tiempo que ando por aquí,
Saturno, y pude observar como haces las cosas, en gran
parte sos muy sensato, pero tal vez si tratáramos
de alterar algunas cosas y probar si así funcionan
mejor, estaríamos progresando y mejorando, no?".......
Con ayuda de Venus y de manera más suave y considerada,
Urano podría preparar a Saturno para algo nuevo.
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