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Matrioshka, también conocida como Babushka, son muñecas rusas en forma de huevo, de madera y pintado en
colores brillantes, que se puede anidar uno en el otro.
Ellos son atribuidos
las calidades de talismán y se dicen traer suerte a sus dueños.

Las figuritas de madera de tilo o abedul
se pintan con aguada de rojo, azul y verde, colores tradicionales de las
muñecas. "Cada una de ellas es única y se parece a su creadora".

MATRIOSKHAS - Muñecas de La
Suerte
Nos referimos a las
famosas y entrañables MATRIOSKHAS (muñecas rusas) es famosa en el mundo
entero por su tradicional "matrioshka" o muñeca múltiple.
La muñeca de fuera y la mayor de todas ellas es la MADRE y se dice de forma
romántica que representa a la Madrecita "RUSIA". La mamá siempre recoge en
su seno a su pequeñas hijas.
En
1900, M.A. Mamontova, la esposa de Savva Mamontov, presentó la muñeca en la
Exhibición Mundial en París. El juguete ganó la medalla de bronce. Después
del éxito en la exposición, Mamontov se encargó de difundir la muñeca y
otros pueblos pronto crearon versiones propias.
Las entrañables "mamás" rusas siempre acompañadas de su nutrida familia de
hijitas son consideradas tradicionalmente como las muñecas de la buena
suerte. Cada una de ellas representa un deseo. Cuando este es cumplido
descubrimos la siguiente pieza hasta llegar a la hijita más pequeña.
Las familias de MATRIOSHKAS son de distintos tamaños, formas y decoración.
Las muñecas son de madera de tilo y están pintadas a mano con vistosos
colores. Sus ropas o vestimentas representan los trajes típicos de las
distintas zonas de Rusia.
En Rusia
existen documentos que prueban que ya en el siglo XIV se fabricaban figuras
religiosas de madera para los peregrinos que acudían a los monasterios. Se
tallaban troicas y coches de juguete con caballos y unas muñecas muy
simples, de madera pintada, sin brazos ni articulaciones (origen de las
famosas Matrioshkas).
La primera "Matrioshka" como tal apareció hace 100 años, fue pintada por el
pintor Maliutin y fue expuesta en la feria internacional de París en 1900,
donde ganó una medalla de oro por su originalidad. Actualmente, existen
varios centros donde se producen "Matrioshkas". Los más conocidos de ellos
se encuentran en: Serguiev Posad, Zagorsk, Semenov, Maidana y Viatka. La
primera "Matrioshka" antes mencionada se puede admirar en la actualidad en
el Museo de Juguetes en Serguiev Posad.
Consideradas
tradicionalmente como las muñecas de la buena suerte. Cada de una de ellas
representa un deseo. Cuando este es cumplido descubrimos la siguiente pieza.


CUENTO:
La
historia de Serguei y su muñeca Matrioska.
El suelo y las hojas de los árboles aparecían completamente pintados por la
inmaculada nevada y aún incluso los rayos del sol, que empezaban a
despuntar, reflejaban y lo deslumbraban con su luz blanquecina.
Serguei recorrió un largo camino y no encontró más que pequeños maderos y
troncones que, como mucho, le servirían para azuzar la estufa de la casa.
Aquel no parecía que fuera a ser un día productivo porque los empleados de
los grandes aserraderos no habían dejado ningún tronco olvidado o podrido.
De pronto, en un claro del bosque, el viejo Serguei se fijó en un montón de
nieve que sobresalía en el llano.
Se acercó pensando que se trataría de un animal agazapado y al agacharse vio
el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera,
blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos, y del grueso del
tronco surgía un halo de vida, casi tan intenso como el de los oseznos al
nacer. Serguei cogió con todas sus fuerzas el tronco en sus manos y lo llevó
a casa. Pero, así, con aquella fuerza que desprendía, el viejo Serguei no
sabía qué fabricar con él. Debía ser, sin duda, algo muy especial.
Durante
los siguientes dos días, con sus respectivas noches, Serguei no podía comer,
ni dormir, ni trabajar. Tal era su obsesión por aquel tronco. Finalmente,
una mañana, cuando había caído rendido por el cansancio, despertó y decidió,
sin más, que fabricaría una muñeca. Aquel mismo día puso el tronco sobre la
mesa de trabajo y empezó a tallarla suave y delicadamente. El trabajo,
arduo, duró más de una semana, y cuando la terminó Serguei se sintió tan
orgulloso de su obra que decidió no ponerla en venta y la guardó consigo...
sin, duda, para que lo acompañara en su soledad. Le puso por nombre
Matrioska.
Cada mañana, Serguei se levantaba y la saludaba cortésmente antes de iniciar
sus tareas:
Buenos
días, Matrioska.
Un día tras otro repetía la misma cantinela, hasta que, de pronto, una
mañana, un tenue susurro le respondió:
Buenos
días, Serguei.
El viejo Serguei se quedó tremendamente impresionado y repitió:
Buenos
días, Matrioska...
Buenos
días, Serguei - le contestó la muñeca -, en un hilo de voz.
Maravillado, Serguei se acercó a la muñeca para comprobar
que era ella quien hablaba y no sus viejos oídos los que le jugaban una mala
pasada y, desde aquel día, vio acompañada su soledad por la pequeña
Matrioska, que era un pozo de palabras y risas, y lo distraía y alegraba en
su trabajo diario. Eso sí, Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpintero
y muñeca, estaban solos.
Una mañana Matrioska despertó muy triste. Serguei, que no tenía un pelo de
tonto, había venido observando la tristeza en los ojos de la muñeca desde
hacía varias semanas. Tras mucho rogarle, Matrioska, un poco avergonzada, le
explicó que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a
los osos con sus oseznos, y hasta a las orugas que parecían verse
perseguidas por millones de oruguitas que se enganchaban unas a otras
formando una gran cordada...
Incluso
tú -apuntó Matrioska- tú me tienes a mí, pero yo también querría tener una
hija.
Pero
entonces - respondió Serguei - tendría que abrirte y sacar la madera de
dentro de ti, y sería doloroso y nada fácil.
Ya
sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños
sacrificios -respondió la dulce Matrioska.
Y así fue como el viejo Serguei abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente
la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco
más pequeña, a la que llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al
levantarse, saludaba:
Buenos
días, Matrioska; buenos días, Trioska.
Buenos
días, Serguei; buenos días, Serguei - respondían ellas al unísono.
Ocurrió que también Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que el
viejo Serguei extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más
pequeña, a la que puso por nombre Oska.
Al cabo de un tiempo también Oska quería tener su propia
hija, pero al abrirla Serguei se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo
pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un
garbanzo.
Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el viejo
Serguei tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de
terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo
diciéndole:
Mira
Ka,... tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes
tener un hijo o una hija de dentro de ti.
Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a
Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska.
Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska.
Un día Matrioska desapareció y
nunca la han vuelto a encontrar.
Estará en alguna tienda de antigüedades o en la estantería de alguna vieja
librería.
Si la encuentran no duden nunca en darle el mayor cariño, porque ella no
dudó en hacer el mayor de los sacrificios por alcanzar algo tan importante
como la maternidad.
.... es el cuento de Seguei y su muñeca Matrioska.
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