De cómo una productora que se gestó en un
cuartito de TV-3 –donde La Trinca preparaba la emisión de No passa resi–
ha pasado en quince años a facturar siete millones de euros y reinar en
el sector audiovisual español saben mucho los colaboradores de Tony Cruz
y los hermanos Mainat. Dice la periodista Margarita Rivière, que ejerció
de guionista en sus primeros programas: «Son muy trabajadores, listos y
divertidísimos». Añade Mayra Gómez Kemp, presentadora de formatos
Gestmusic como Luna de Miel: «Tienen un gran respeto por todo el mundo,
desde la señora que barre hasta la primera estrella».
Gestmusic (hoy, en realidad,
Gestmusic-Endemol). Pilar Miró ve su programa No passa res y les
ficha para Televisión Española.Pascual abandona posteriormente por problemas
de salud. Joan Ramón entra en el grupo y aporta su experiencia televisiva.
«Es un renovador del medio». La combinación funciona: Tony y José aprenden
los secretos de la cámara; Joan, el alma del artista. Ayuda su «enorme
complicidad. Se llevan muy bien –desvela Mayra Gómez Kemp–, hasta el punto
de que uno comienza una frase y el otro la continúa».
«No tienen amigos ni enemigos. Ellos toman a todos los profesionales y se
preguntan: ‘¿Quién es el mejor para este papel?’. Y luego actúan. Además,
saben sacar lo mejor del artista. Nadie levanta la voz a nadie y, si quieren
indicarte algo, te dicen: ‘Mira, eso que has hecho está muy bien, pero ¿por
qué no pruebas con esto otro?’. Eso es bueno, porque tú das lo que haga
falta si se respeta y aprecia tu trabajo», asevera Mayra Gómez Kemp.
Precisamente, la popular locutora del 1, 2, 3… recuerda un episodio que
refleja bien a las claras el estilo familiar de la casa. Era sábado, se
grababa Luna de Miel y Mayra recibió una llamada inesperada desde Estados
Unidos: su madre, enferma desde hacía tiempo, había sufrido un agravamiento
de salud. Mayra compró un billete para esa misma noche en el puente aéreo
Barcelona-Madrid, con el propósito de volar a EE UU al día siguiente. «A las
ocho de la tarde, todo el mundo en el estudio estaba nervioso y decía por lo
bajo: ‘Se podrá ir, se podrá ir…’. Entonces explotó un foco y todo se llenó
de cristales rotos. Imagínese, un plató enorme lleno de cristales. La gente
se quedó helada: había que limpiar aquello para terminar la grabación. De
repente, vinieron corriendo los hermanos Mainat, Tony, el realizador, los
cámaras… cogieron escobas y se pusieron a barrer con las señoras de la
limpieza el plató completo. Todo para que yo pudiera marcharme».
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