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Casi todos sabéis que mi mayor afición es viajar y que Trevélez se lleva la palma, por ello, este será el sitio donde os cuente cosas, cosillas, dimes y diretes de este precioso y querido pueblo alpujarreño.

UN PAISANO EN TREVÉLEZ

Por Roberto Balboa

Primera parte

Sé que os he mencionado mis viajes por La Alpujarra en muchos de mis escritos anteriores y que incluso uno de ellos lo dediqué a haceros una pequeña guía de esta comarca tan querida por mí, en la que os comentaba dónde se podía comer, dónde se podía dormir, qué se debía visitar, etc.

Pues bien, llegó la hora de hablaros con más detalle de esta tierra embrujada, de esta tierra tan particular, de esta tierra tan entrañable, de la que tenemos la suerte de estar a una hora de camino atravesando el preciosista puerto de La Ragua.

Quiero que la primera toma de contacto con esta tierra, prometo que no será la última si Dios quiere, la centremos en el bonito y muy querido pueblo de Trevélez.

Recomendado pinchar siempre en fotos pequeñas

Foto cedida por mis sobris de Trevélez José y Sonia

A él llegué allá por el año 1.978 con un grupo de amigos de Guadix después de haber atravesado la sierra desde Jérez del Marquesado hasta el mismo Trevélez a lo largo de dos jornadas de marcha.

Fue una travesía muy dura, algo a lo que no estábamos acostumbrados, pero que al final tuvo la mejor de las recompensas. Nos encontramos con una tierra única, con unas gentes muy recias, con carácter, con una idiosincrasia muy particular. Gentes bravas, pero que en cuanto te conocen un poco te brindan su corazón totalmente. De hecho hoy, casi 27 años después, todos los que llegamos a Trevélez en aquellos primeros días de agosto de 1.978, hemos seguido yendo en multitud de ocasiones, tenemos grandes y buenos amigos y nos sentimos como en nuestra casa cada vez que nos dejamos caer por aquella tierra.

Todos los años, desde entonces, en los primeros días de agosto, un grupo de gente de Guadix e incluso amigos de otras tierras, hacen una travesía muy parecida a la que hicimos aquel año, yendo a parar a Trevélez y de allí, después de descansar unos días, se hacen distintos recorridos según las ganas y el tiempo de que dispongan. En los últimos años parece que el recorrido no sufre variación y se sube al Mulhacén durante el día 4 de agosto para amanecer allí el día 5. Es el día de la romería de la Virgen de las Nieves y allí, en el techo de la península,  se dice una misa a media mañana a la que asisten gran cantidad de gentes de todos los pueblos de los alrededores y de otra gente que como nuestros paisanos suben desde un poquito más lejos.

Aquel primer año de 1.978 llegamos literalmente rotos. Recuerdo que yo llevaba los pies con unas ampollas de sangre que asustaron a mis compañeros cuando las vieron, pero a las que yo no hacía ni caso porque estaba tan feliz y alegre en aquella tierra que no reparaba en nada que no fuera comer bien, beber mejor, disfrutar de las vistas, charlar con las gentes, ...

Nunca olvidaré cuando llegamos. Era media tarde, estábamos muy cansados y el hambre nos aguijoneaba el estómago, pero tuvimos la suerte de conocer a Rogelio que nos brindó su casa y en ella despachamos casi de un tirón un pernil de aquellos que había antes, con un lebrillo lleno de ensalada con tomate, pimiento, cebolla, pepino, aceitunas y todo ello bien aceitado y poco avinagrado, acompañado de un vino tinto de la tierra, del que ya sólo existe en los anales. Muchas veces hablando con la gente del pueblo hemos recordado aquel vino; cuando lo degustabas te saciaba el paladar tanto, que casi no era necesario comer para sentirte comido y bebido, satisfecho.

El bueno de Rogelio fue nuestro primer amigo en aquella tierra y durante muchos años calmaba nuestro apetito y nuestra sed invariablemente en los primeros días de agosto. El bueno de nuestro amigo, falleció tras una penosa y larga enfermedad, pero seguimos contando con la generosa y entrañable amistad de sus hijos.

Aquella primera noche que pasamos en Trevélez conocimos también a nuestro querido Juan Moya, que Dios tenga a su lado, su mujer Fermina y sus hijas Sonia y Fermina.

Tenían uno de los pocos bares que había en el pueblo y justo al lado tenían la discoteca del pueblo.

Recuerdo que en Guadix nos costaban los cubalibres en aquel tiempo 75 pesetas y que el bueno de nuestro amigo Juan nos cobraba 35 pesetas. Ya podéis imaginar la noche que pasamos sintiéndonos ricos ante esta tesitura.

Y aquí, unas foticos de amigos de Trevélez, para que no os aburráis ni una mijica

Después, con el paso de los años, hemos seguido manteniendo una estrecha relación, que en mi caso concreto se traduce en algo más que amistad. Para mí son como familia, pero de esa a la que quieres. De hecho, las niñas, aunque hoy en día una ya es señora y la otra sigue siendo señorita, siempre me han llamado “tite” y yo las he llamado mis sobrinas favoritas.

“Tite” es una palabra de mucho arraigo en La Alpujarra que viene a significar “tito”, alguien muy allegado a la familia al que se considera familia, pero que no lo es por lazos de sangre, sino por lazos de amistad.

Desde entonces, Juan y Fermina han sido siempre mis caseros en Trevélez, mis amigos, mi familia. Siempre que los necesité allí estuvieron. De hecho, muchos amigos que han venido conmigo a esta tierra los conocen y saben cuanto nos apreciamos.

El bueno de Juan murió hace unos años de repente. Confío en que Dios lo haya acogido en su seno.

Recuerdo que muchas noches de invierno nos pasábamos la velada hablando de todo un poco, principalmente él me contaba cosas de la vida en la sierra, de cómo hacer un exquisito pacharán, de cómo preparar un “joyo”, etc.

Creo que los inventores del frigorífico son las gentes de La Alpujarra y ahora cuando os lo explique comprenderéis por qué.

Todos sabéis las condiciones climatológicas tan extremas que se dan en la sierra durante el invierno. Pues bien, con el objeto de conservar las deliciosas patatas que allí se cultivan y tenerlas siempre a mano y durante casi todo el año, estas gentes tan ingeniosas idearon la forma de hacerlo.

Se llama “joyo” y consiste en hacer un hoyo en una zona de umbría que al mismo tiempo tenga un poco de desnivel. En ese hoyo se echan las patatas y se las apila formando un montón, el cual se va tapando luego con juncos o paja de centeno de manera parecida a un tejado que se construyera encima del montón de patatas y al final del desnivel se hace otro hoyo más pequeño a manera de sumidero, por donde se ira yendo el agua que pueda calar la tierra. Una vez hecho todo esto se entierra y ya tenemos el frigorífico preparado.

Cada vez que queramos patatas bastará con que nos acerquemos y empecemos a desenterrarlas empezando por el punto más alto.

Luego volvemos a enterrar la parte desalojada y seguimos teniendo el frigorífico en funcionamiento.

El hambre aguza el ingenio y en estas tierras de fríos tan intensos en invierno y de tan difícil acceso por las continuas nevadas, ahí tenéis un botón de muestra.

Aquel primer año dormimos junto al río en una pequeña haza de heno que hizo de colchón, teniendo por techo uno de los más bonitos y sugerentes de la creación, el cielo inconfundiblemente estrellado de aquellas alturas, libre de polución totalmente y, por tanto, diáfano como las cristalinas aguas del río que a nuestro lado siseaba.

Mucho ha cambiado Trevélez desde aquellos años. El paso del tiempo todo lo transforma, lo evoluciona o, tal vez, lo involuciona, pero el caso es que hoy en día Trevélez con sus barrios alto, medio y bajo dista mucho de ser aquel Trevélez que conocimos en aquellos años.

Pero el encanto de sus callejuelas empinadas y estrechas, sus macetas de geranios que parecen que nos dan la bienvenida, el olor a estiércol que más parece a madera húmeda, el embrujo de sus gentes, las historias de maquis en la sierra, las viejas historias de moros y cristianos, ..., todo ello hace que aún a pesar de la evolución del pueblo, nos sintamos sobrecogidos ante tal espectáculo.

La historia más extendida en el pueblo sobre el origen del nombre de Trevélez relata que hace muchos años llegaron a estas tierras tres hermanos que se apellidaban Vélez. Con el tiempo surgieron entre ellos disputas y cada uno de los hermanos se instaló en un lugar distinto; uno lo hizo en la parte de abajo junto a la ribera del río, otro lo hizo un poco más arriba y el tercero lo hizo un poco más alto, lo que al final vino a delimitar los barrios del actual pueblo de Trevélez, el alto, el medio y el bajo.

Como ya os habréis dado cuenta los “tres Vélez” daría origen al actual nombre de Trevélez.

La gente de La Alpujarra tiene en general fama de adusta, bronca, fuerte, con mucho carácter y en honor a la verdad hay que decir que aunque los tiempos han cambiado mucho, sigue habiendo sectores a los que se definiría perfectamente con mis apelativos anteriores.

Yo pienso que esa forma de ser tuvo que ser adquirida a la fuerza y a través del tiempo, ya que en aquellas condiciones de vida tan extrema (segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX) no se concibe que alguien pudiera resistir si no era alguien fuerte en todos los aspectos.

Hoy en día se vive mucho mejor y no hay necesidad de ser duros para poder sobrevivir en esas condiciones tan extremas que allí se dan.

El “modus vivendi” ha cambiado de un extremo al otro y hoy en día no hay casa en el pueblo que no tenga su calefacción, o su buena chimenea, o las dos cosas a la vez.

La agricultura ha pasado a un plano muy relegado y sólo se siguen cultivando aquellos huertos que están cerca del pueblo y sobre todo lo hacen personas mayores. La juventud prefiere trabajar en otros menesteres más lucrativos y menos esclavos que la tierra.

Principalmente, casi toda la juventud trabaja en el sector de los jamones que es la principal actividad del pueblo y luego en el sector de la hostelería que podríamos decir que es la segunda actividad más importante.

Luego iría el sector de la construcción y por último varias pequeñas empresas familiares.

Del rico jamón de Trevélez poco os puedo contar que no hayáis podido comprobar “per se”. ¿Quién no ha probado alguna vez sus ricos perniles curados de forma natural con aquellos aires serranos?.

Cuando llegué a Trevélez por primera vez, lo único que sabía del jamón era comérmelo, y punto. Después de tantos años de andar por aquella tierra y de haber hablado con sus gentes durante horas y horas sobre todo lo concerniente al jamón, hoy, si podría daros una idea más amplia de todo lo que conlleva, desde la cría del cerdo, su engorde, la matanza, la elaboración de los distintos productos que del cerdo salen, la preparación para la salazón, la salazón y todo el proceso de curación al natural, nunca inferior a un año.

Hay otras maneras de hacer jamón, como me comentaba un día mi amigo Joaquín, el antiguo Alcalde, pero eso no es jamón, ya que el proceso que puede y debe durar al menos un año, algunos desaprensivos enamorados de los beneficios rápidos y fáciles lo reducen a tan sólo 70 días. Ya podéis imaginar que es lo que le pueden hacer a esa carne para prepararla en 70 días.

Pero bueno, no quiero hacerle propaganda gratuita a esos desaprensivos y no os contaré cual es su método. No obstante y si alguno de vosotros está interesado en saber cómo lo hacen con mucho gusto yo os lo explicaré detalladamente como un año o más se puede reducir a 70 días.

El día 10 de octubre de 1.862 la Reina Isabel II concedió a los jamones de Trevélez el privilegio para vestir la corona real y desde entonces se custodia en el Ayuntamiento un sello de marcar a fuego en el que pone la siguiente leyenda:

“PREMIADO POR S.M. LA REYNA ISABEL II EN 1862. TREVÉLEZ”

Recomendado pinchar siempre en fotos pequeñas

Foto cedida por mi amigo de Trevélez Paco Noguera

Y es que es verdad, como me decía un viejete del pueblo muy amante de los trovos; “de Trevélez el jamoncete, está de rechupete”.

Bueno queridos paisanos, no os quiero cansar más de lo debido y como ya está decidido que de Trevélez habrá una segunda parte, confío en que esperéis con impaciencia la próxima revista, donde os daré más detalles de esta tierra tan extraordinaria y de este pueblo tan querido por mí.

Hasta pronto.

Vuestro paisano.

© Del autor

Artículos publicados en la Revista de la Asociación Cultural Amigos de Gor San Cayetano

Un paisano en Trevélez (2ªparte)

 

Y quien quiera la 3ª parte que firme el libro de visitas de la página principal pidiendo que se le envíe a su correo particular.

 
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Este sitio se actualizó por última vez en Guadix (Granada) el 10 de octubre de 2008 a las 11:11:51

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