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Información Práctica

El cañón del rio Lobos (Soria)

"El refugio oculto de los caballeros templarios"

Tipo de Ruta:

Naturaleza en el Parque Natural del Cañón del Rio Lobos, arte románico en la ermita del rio Lobos, San Esteban de Gormaz y en la catedral del Burgo de Osma, y pintorescas fortalezas medievales.

Duración de la ruta:

Es una ruta que puede acometerse en una jornada, a ser posible de primavera o verano. En otoño los días se acortan y entonces es más que recomendable abordarla en un fin de semana. En cualquier caso la comarca tiene suficientes argumentos para mantener el interés durante un puente, si incluimos destinos como San Esteban de Gormaz, Caracena, Tiermes, Calatañazor, Berlanga de Duero, o los Pinares de Urbión.

Como llegar:

Se llega por carretera de Burgos hasta tomar el desvio de la N-110 hacia Riaza, pasando por Ayllón, para llegar a San Esteban de Gormaz, donde tomaremos la N-122 hasta Burgo de Osma, principal nudo de carreteras. La localidad de Ucero se encuentra a unos 200 kilómetros de Madrid.

Restaurantes:

Esta es una ruta muy indicada para comer en el campo; especialmente si respeta el tiempo, el interior del cañón esconde rincones ideales para atacar el bocadillo o la tortilla de patatas. Si deseamos comer de mesa y mantal, las mejores opciones están en el Burgo de Osma. De buena mano y económico es el restaurante 2000, en la plaza mayor de la localidad.

Horarios visitas:

Por desgracia la iglesia de San Bartolomé solamente está abierta un día al año, el 27 de agosto en que se celebra la tradicional romería. La catedral de El Burgo de Osma tiene los siguientes horarios: Abierta de 10,30h a 13h y de 15,30h a 18,30h. Permanece cerrada los lunes, y tiene visitas guiadas. El castillo de Gormaz es de entrada libre, y no tiene horarios.

Cartografía:

Aunque no es necesario, se recomienda acudir a las hojas cartográficas 1:25.000 del Instituto cartográfico nacional. Se pueden adquirir en la sede del Instituto, la "Casa del Mapa" (Calle General Ibañez Íbero), o en algunas tiendas especializadas, como la Tienda Verde (calle Maudes 38).

Consejos Útiles:

El cañón es una zona ideal para caminar en silencio y en soledad; es recomendable evitar la Semana Santa y los puentes, cuando se concentra una gran cantidad de visitantes. Antes de comenzar a internarse en el cañón hay que decidir si vamos a llegar solamente hasta la ermita, en cuyo caso podemos bajar a comer a Ucero o al Burgo de Osma, o bien vamos a dedicar toda la jornada a recorrer íntegramente el cañón, una experiencia muy recomendable. Es muy útil llevar unos prismáticos en la mochila para observar el vuelo de los buitres. En el castillo de Gormaz hay que tener cuidado con algunos miradores, son muy expuestos y poco indicados para los más aprensivos.

 

 

Si tuvieramos que elegir un lugar que resumiese todo lo que supone el misterio de los templarios, este sería sin duda el cañón del rio Lobos. Ningún otro es capaz de proporcionar al visitante esa sensación de soledad y de retiro como la ermita de San Bartolomé, ubicada en el paraje más pintoresco del barranco, un lugar idóneo para la meditación y la comprensión de los misterios esotéricos de una orden, que se trajó de Tierra Santa algo más que unas cuantas reliquias. En la presente ruta visitaremos este parque natural, pero también algunos de los maravillosos lugares que la comarca de la Tierra del Burgo nos puede regalar, y que encierran también numerosas sorpresas, probablemente más inesperadas por el continuo abandono de la provincia de Soria que no parece tener remedio. La riqueza que acumulan algunos de sus pueblos es sóloMirador de la Galiana comparable al desconocimiento que de ella se tiene, y eso que en este caso, vamos a conocer algunos de sus reclamos más renombrados.

Hasta llegar a la localidad de Ucero, nada hace pensar que unos pocos kilómetros después el terreno se va a quebrar, y de que forma... La inmensa planicie castellana acompaña al curso de la carretera que hemos tomado desde El Burgo de Osma. De repente, en un suspiro la tierra rojiza de los campos deja paso a la roca y aparece el pueblo, encabritado a lo largo del río del mismo nombre, y cuya fama por sus truchas y cangrejos trasciende fronteras. Debemos comenzar visitando el centro de interpretación del parque, justo a la salida de Ucero, junto a la piscifactoria. Aquí nos van a explicar lo más interesante que debemos ver, nos informarán de las rutas senderistas más atractivas y demás posibilidades. La clave para entender la formación del cañón reside en las propiedades de la piedra caliza, muy blanda y expuesta a la erosión del agua de rios y torrentes, que han abierto profundas grietas en la tierra, filtrándose por doquier. Como consecuencia de estas filtraciones se han originado multitud de cuevas en el curso del rio Lobos, algunas de ellas de kilómetros de profundidad; si es nuestro deseo iniciarnos en la espeleología, podemos contratar en Ucero los servicios de varias empresas para conocer la cueva Palomera, una de las más interesantes. Pero la mejor opción para adentrarnos por primera vez en las fauces del Lobos, es dejar tomar la pista forestal que sale a mano izquierda, dos kilómetros después del centro de interpretación. A los pocos metros de tomar este ramal, se ha habilitado un apariglesia de San Bartolomécamiento junto al río donde podremos dejar nuestro vehículo. El paisaje que nos rodea es encantador: el bosque de ribera se espera con la ayuda de olmos y fresnos, mientras que en las laderas más escarpadas aparecen las sabinas, justo hasta el límite de los roquedos. La pista forestal, de trazado inconfundible, sigue ahora su curso por el fondo del cañón, brindando continuas panorámicas sobre los cortados, en los que resulta habitual observar el vuelo majestuosos de los buitres leonados que nos hacen más ameno el camino. A los dos-tres kilómetros de nuestro inicio, llegamos a un ensanchamiento del cañón donde se encuentra la ermita de San Bartolomé, el destino de la mayoría de excursionistas, junto a la gigantesca boca de la entrada a la cueva grande. La ermita es un bello ejemplar del románico del siglo XIII, y aunque normalmente permanece cerrada al pública, vale la pena admirar algunos de sus enigmáticos canecillos y relieves: barriles de vino, caras, lobos, cruces patadas.... Un bello repertorio iconográfico, cuya más bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que al parecer, presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón, y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial... Sin duda los secretos que encierra la iglesia no pueden comprenderse sin la cueva que se abre en la misma pared de enfrente, y en la que muy probablemente, se celebraran rituales de caracter pagano desde tiempos prehistóricos. Penetrar en su interior es altamente recomendable y asequible, pues la cueva no tiene más de 250 metros de profundidad, en la que nunca nos abandona la luz natural; su encanto reside más en la perspectiva que de la iglesia se tiene desde ella, que en sus propias formaciones geológicas.

Si se tienen fuerzas y tiempo para continuar paseando, no dude en seguir el camino que por el fondo del cañón llega hasta el puente de los Siete Ojos, tras un recorrido de unos 14 kilómetros y que atraviesa algunos enclaves de solitaria belleza como la cueva negra. Si por el contrario deseamos aprovechar nuestra jornada con otros atractivos, lo mejor es que volvamos por el camino que traíamos hasta la entrada del cañón. Para culminar la visita al parCruz Templariaque natural, no debemos irnos sin subir con el coche hasta el mirador de la Galiana, unos tres kilómetros por encima de la entrada principal, desde el que disfrutaremos de una magnífica panorámica. Las choperas resultan especialmente vistosas en otoño, vistas desde aquí, serpenteando de forma continúa entre los roquedos. Al otro lado del cañón, se distinguen también las maltrechas ruinas del castillo de Ucero, de romántica estampa, y que también ha sido atribuido a los templarios. Desde este punto se obtienen además las mejores perspectivas para ver las aves y rapaces del parque.

Con la sensación de haber realizado un inmenso salto en el tiempo, volvemos sobre nuestros propios pasos para visitar la ciudad de El Burgo de Osma. En realidad se trata de una localidad formada por la unión de dos núcleos. El antiguo poblado de Osma, se acurrucaba entorno al viejo castillo, que todavía conserva una gallarda estampa en lo alto de un peñasco que preside la ciudad, y que data del siglo XI. Se dice que en este castillo resultó herido el principe Fernando de Aragón, que venía de incognito camino de Castilla, para contraer matrimonio con Isabel; al no reconocerlo uno de los vigías, le lanzado una flecha que a punto estuvo de matarle. La subida es larga y fatigosa, por lo que aquellos que no reunan fuerzas suficientes, no deben perder la oportunidad de visitar la antigua villa romana de Uxama, a la que se accede por la nacional N-122 sentido Aranda, y que supone un interesante punto de partida para conocer los orígenes de esta localidad. En su centro de interpretación nos explicarán que lo que hoy son unos restos apenas reconocibles, cobraron una importancia clave en los siglos II y III de nuestra era, hasta el punto de que Uxama tenía potestad de acuñar moneda. No se pierda los restos del acueducto que llevaba el agua hasta la ciudad nada menos que desde Ucero, a unos 20 kilómetros, demostrando las dotes ingenieras de los romanos sorianos. Desde la etapa visigoda Uxama quedo abandonada, y la población fue asentándose en la actual Osma, un rincón más abrigado y fertil que su vecina romana. En Osma hay que hacerse fotos en el puente medieval, de un encanto muy especial, sobre todo en otoño por el rico bosque de ribera que acompaña al río Ucero.

En la baja Edad Media, y ante el crecimiento de la población y sobre todo, de trasiego comCatedral de El Burgo de Osmaercial, se fundó "El Burgo", que llegaría a crecer tanto como para eclipsar a la ciudad que la había fundado. Se construyeron poderosas murallas, que todavía hoy se conservan, y se levantó una enhiesta catedral cuya torre oeste sigue constituyendo un faro para toda la comarca. Con el paso del tiempo el barrio de comerciantes que fue creciendo entorno a la primitiva catedral románica fue extendiéndose hacia el norte y hacia el este, y hoy resulta un verdadero placer recorrer la calle mayor asoportalada, ver los palacios vetustos de hidalgos y nobles, o conocer el edificio de la antigua universidad. Pero es sin duda su mole catedralicia la que debe centrar nuestra atención, pues en su interior se esconden auténticos tesoros que para si quisieran la mayoría de grandes capitales de provincias. La mayor parte del templo es de factura gótica, si bien es cierto que en el claustro aún se conservan un par de arcadas románicas exquisitamente decoradas, que dicen los expertos, recuerdan al primer maestro de Silos. Lo más valioso del templo es la sala capitular, del siglo XIII, decorada con pinturas murales que aguantan bien el paso de los años, y que acoge en su centro el maravilloso sepulcro del fundador del templo, San Pedro de Osma. Uno no puede dejar de asombrarse ante los delicados relieves que describen la vida del santo, y que mantiene un estado de conservación asombroso, conservando casi por completo su vistosa policromia. Estamos ante una de las muestras más importantes de la escultura funeraria del Románico europeo. Pero si impactante es la visita a la sala capitular, más asombrosa aún es la visión del Beato que se conserva, del siglo XI, un incunable de incalculable valor, cuyo principal atractivo lo constituyen sus coloristas miniaturas, entre ellas, la de un mapa de ingenuas proporciones que describe la totalidad del mundo conocido... Las joyas artísticas de la catedral se completan en un interesante museo lleno de piezas de gran valor, que llevaron a la diócesis a ser capaz de albergar una de las ediciones de la exposición "Las Edades del Hombre".

Los alrrededores de El Burgo de Osma tienen suficientes atractivos para mantenernos ocupados al menos un par de jornadas. Si desgraciadamente solo estamos de paso, entonces lo más recomendable es dirigirnos hasta la vecina fortaleza de Gormaz, a unos 12 kilómetros. Se trata del castillo califal más grande Europa, con casi un kilómetro de perímetro; sCastillo de Gormazu situación, a poco que nos vamos acercando, se revela magnificiente y estratégicamente decisiva. Junto a un meandro del río Duero, la fortaleza se extiende alargada sobre la superficie de un cerro de amplísimas vistas y buenas salidas naturales. La carretera atraviesa la minúscula aldea del mismo nombre, y se retuerce hasta alcanzar la entrada principal del castillo, dominada por un imponente arco de herradura. En su interior varios paneles explicativos nos informarán de cada de una de sus partes, los aljibes, las caballerizas, los adarves, la torre del homenaje, etc. de una forma bastante didáctica. Pero el visitante se siente irremediablemente tentado a disfrutar de las mágníficas panorámicas que se disfrutan desde la cima. Los atardeceres desde alguno de sus paseos de ronda, con los interminables campos de Castilla a nuestros país, nos trasladarán con seguridad a un periodo de continuas guerras y raccias, tiempos en los que la vigilancia era clave para adelantarse a las intenciones del enemigo. Se dice que la organización del Califato de Córdoba llegó a ser de tal enjundia que existía un sistema de comunicaciones basado en espejos que, trasladado a través de un sistema de atalayas, podía hacer llegar las noticias de Córdoba en sólo unas pocas horas...

Con las retinas llenas de los recuerdos de Gormaz, y sumergidos de pleno en la magia de la Edad Media, bueno sería aprovechar otra jornada para ver otros destinos inexcusable en la comarca. El primero de ellos es la localidad de San Esteba de Gormaz; coronada por las ruinas de su castillo, y a orillas del río Duero, cuenta entre su legado artístico con algunas de las mejores muestras del Románico castellano. La iglesia de San Miguel, del siglo XI conserva una de las galerías porticadas más antiguas de la meseta, construida por los primeros repobladores de esta parte de Soria. En su interior podremos admirar una interesante maqueta que nos describe las principales etapas en el proceso de construcción de una iglesia de estas características. Cerca de ella está la iglesia de Nuestra Señora del Rivero, del siglo XII y también monumento nacional. No se pierda los detalles escultóricos de la portada, no tienen desperdicio. Para conocer este legado medieval, se ha levantado el Parque temático del Románico en Castilla y León. En él podremos conocer algunos los monumentos más representativos de este arte en la región, a través de un interesante audiovisual y de atractivas maquetas. Un poco más adelante, camino de Aranda de Duero y a mano izquierda, se encuentra la escondida población de CaCastillejo de Robledostillejo de Robledo. Este diminuto pueblo, tiene el honor de acoger una de las pocas encomiendas templarias de esta zona de Castilla, de la que conserva un castillo en ruinas y sobre todo, una iglesia románica con pinturas murales en su interior verdaderamente sorprendentes, especialmente por su ajedrezado en blancos y negros, y por la enorme cabeza de dragón que se perfila en el arco triunfal, y cuyo significado parece estar en relación con las enseñanzas esotéricas que la orden guardaba para sus integrantes. Entre las leyendas templarias de esta localidad destaca la del caballero que asesinó al capitán del castillo tras un enfrentamiento y que después fue fulminado por un rayo; todavía hoy los más viejos del lugar temen a las tormentas, especialmente en el sendero de Vallejo-Caballero, donde dicen que el alma del templario vela el paso montado en su corcel negro... A estas evocaciones templarias se unen las que relacionan a Castillejo de Robledo con el romance de nuestro Cid Campeador. Según se cuenta fue precisamente en el robledal que rodea al pueblo donde los siete infantes de Lara ultrajarón a las hijas del Cid. Para recordar este hecho se ha esculpido en piedra un texto, justo enfrente del ábside del templo. Precisamente este es uno de los mejores lugares para sacarle partido a la cámara de fotos; la vista de iglesia y castillo es, desde este punto, sencillamente magnífica.

Alfredo Orte Sánchez