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Información Práctica |
El Castañar de El Tiemblo (Ávila) "El Bosque mágico de los cuentos " |
Tipo de Ruta: Naturaleza en estado puro, con el contrapunto arqueológico de los Toros de Guisando. Duración de la ruta: Esta ruta se puede cubrir perfectamente en una jornada. Incluso puede efectuarse una visita al castañar de El Tiemblo en una mañana.Como llegar: Por la carretera de Extremadura alcanzamos la localidad de Alcorcón, donde cogemos la carretera M-501 en dirección a San Martín de Valdeiglesias y Brunete. Al coger esta desvio nos encontramos con multiples rotondas que atravesaremos siempre en la dirección de estas localidades. Al llegar a Villaviciosa de Odón se convierte en autovia, que nos lleva a buen ritmo hasta Brunete, donde de forma definitiva debemos continuar por carretera de doble sentido hasta San Martín de Valdeiglesias. Al pasar esta localidad, cogemos el desvio por la nacional en dirección a Ávila, que nos lleva en diez kilómetros aproximadamente, hasta El Tiemblo. La carretera está bien asfaltada y presenta en general un buen trazado, aunque circulan muchas vehículos sobre todo los fines de semana, por lo que se recomienda escoger el sábado mejor que el domingo, y si es posible, elegir un día entre semana. Restaurantes: Esta es una ruta muy indicada para comer en el campo, especialmente si respeta el tiempo. Hay un par de áreas recreativas en el final de la pista al castañar de El Tiemblo muy interesantes, aunque pequeñas si se visitan en los mejores días del otoño. Otra opción es el área recreativa de Las Cruceras, pasado el embalse de Burguillo conn destino al puerto de Casillas, muy interesante en toda época, salvo en verano, cuando está saturado de gente. Si por el contrario buscamos comer de mesa y mantel, las mejores opciones están en El Tiemblo. Horarios visitas: Los Toros de Guisando están abiertos al público permanentemente y no están sujetos a restricciones de horarios. Cartografía: Aunque no es necesario, se recomienda acudir a las hojas cartográficas 1:25.000 del Instituto cartográfico nacional. Se pueden adquirir en la sede del Instituto, la "Casa del Mapa" (Calle General Ibañez Íbero), o en algunas tiendas especializadas, como la Tienda Verde (calle Maudes 38). Consejos Útiles: Es muy recomendable no salir tarde para evitar el tráfico intenso de la carretera de los pantanos M-501, y si es domingo, no apurar demasiado el regreso. La pista de acceso al castañar se encuentra en un estado bastante malo, sobre todo en relación al tráfico que soporta de todo tipo de vehículos y es preciso tomárselo con calma, aunque con el firme seco no presenta dificultades. En otoño no debemos olvidarnos llevar una cesta de mimbre si vamos a recoger setas, puesto que el mimbre permite que las esporas se esparzan por el bosque en busca de una nueva germinación.
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Cuando uno rememora los cuentos de hadas, las historias que de pequeño solía escucharlas de boca de nuestros padres, o de nuestros abuelos, siempre nos viene a la memoria el escenario en el que se desarrollaban en nuestra imaginación. Un bosque sombrío, húmedo y lleno de grandes árboles, llenaba de misterio y curiosidad las peripecias de Pulgarcito, de Hensel y Gretel, de la Bella Durmiente o de Caperucita Roja. Estos bosques, cuando uno se hace mayor, dejan de existir en nuestra imaginación y parece que se esfuman de nuestra conciencia como un azucarillo en el cafe. Parajes como el que propongo en esta ruta, el Castañar de El Tiemblo, nos ayudan a recordar que estos bosques todavía existen, y que tienen una capacidad de sugerencia y evocación suficiente para imaginar el desarrollo de mil y una historias, a cual más fantástica y atrayente. En cualquier época del año es recomendable visitar el bosque, pero hay que reconocer que es en Otoño cuando despliega toda su fuerza, especialmente por el contraste cromático de los castaños con los sotos de robles, serva Para llegar hasta el monte de El Castañar, debemos entrar en el pueblo de El Tiemblo, y justo en su entrada, pasada la gasolinera de la calle principal, girar hacia la izquierda por la primera calle que encontramos, y en cuya esquina aparecen indicaciones a varias urbanizaciones. Esta calle presenta algunas desviaciones secundarias a izquierda y a derecha, nosotros debemos continuar siempre por la principal y ascendente. A unos 300 metros, en verano y fines de semana se instala un control de paso, en el que nos darán indicaciones, una bolsa de basura y nos tomarán el número de la matrícula. Actualmente todavía no se ha establecido un cupo máximo de visitantes en este espacio natural, algo más que recomendable sobre todo en otoño, cuando se ve sobrepasado por la afluencia de domingueros. Pasado el control la calle se convierte en pista asfaltada, aunque con importantes baches, y ligeramente ascendentemente, que avanza de forma paralela a la garganta de la Yedra por un pinar joven de repoblación. Desde el control de paso hasta el área recreativa de El Regajo, donde debemos dejar el coche nos esperan siete kilómetros más o menos. A los dos kilómetros el maltrecho asfalto deja su paso a una pista de tierra ancha, y bien apisonada, pero con bastante pedregal y algunas rieras que dificultan nuestro camino. Este acceso, supuestamente habilitado para todo tipo de vehículos, no favorecen en absoluto el pleno conocimiento de este bello paraje y dejan muy mal sabor de boca; si lo que se pretende es reducir el número de visitantes, sería mucho más efectivo arreglar la carretera y establecer un cupo máximo a la entrada, algo mucho más acorde con los tiempos que corren. Poco a poco el pinar va dejando su paso a castaños y robles que comienzan a jalonar los bordes de la pista. Siguiendo la pista de tierra, y evitando cualquier desvio ascendente y claramente secundario, llegamos primero a una fuente, y a continuación a un kilómetro, aparecen una desviación con indicaciones a dos áreas recreativas. Debemos escoger el camino de la izquierda, en dirección a área recreativa de El Regajo. Apenas doscientos metros después se abre la pista a la derecha con un pequeño aparcamiento, algunas mesas y unas pocas barbacoas, punto final donde debemos dejar el coche. VER CROQUIS DEL CASTAÑAR. El paraje es muy apacible y pintoresco, dominan los pinares pero se atisban a la derecha los enormes portes de castaños que dan comienzo a la excursión. Unas pocas mesas nos ofrecen la posibilidad de comer una buena tortilla si el tiempo acompaña, aunque son demasiado escasas para el aluvión de personas que se acercan en épocas de máxima afluencia. Nuestra ruta comienza siguiendo la pista que asciente al collado de la Era del Corcho, y a unos doscientos metros, giramos a la derecha a la altura de una empalizada de madera por un sendero que se interna directamente en la frondosidad del castañar. En Otoño este sendero está totalmente cubierto por las hojas, por lo que es muy importante localizar la desviación junto a esta valla. A partir de este punto, nos sumergimos sin previo aviso en un anciano y embriagador bosque de castaños, algunos de gran porte, que en la época que nos ocupa, llenan el suelo de hojas secas, erizos y castañas, y el cielo de colores que van desde el Continuamos desde el refugio nuestro camino ascendiendo ligeramente unos diez minutos y escogiendo posteriormente todas las desviaciones a mano derecha, atravesando parajes más solitarios del bosque. El camino modera su ascenso al llegar a un pequeño collado, donde los castaños se aclaran y dejan su paso al roble. Hacia la derecha comenzamos a observar la ladera contraria de la garganta de la Yedra, y su interesante contraste de color. Justo en este collado se presenta una bifurcación, que debemos tomar a mano derecha, a pesar de que la sensación que se nos presenta sea la de alejamiento del castañar. Poco a poco el camino desciende hasta una vaguada donde de nuevo los castaños se hacen con el dominio, y nos encontramos con ejemplares majestuosos y ancianos, junto a la fuente del Resecadal, pequeño chorro de agua que en verano puede llegar a secarse. Uno de los castaños presenta una brecha enorme en el tronco como si de un pequeño refugio se tratase. Tras las fotos de rigor, continuamos nuestro camino sobrepasando este paraje, con un ligero porcentaje descendente, que pasados diez minutos nos deposita en uno de los parajes más inolvidables, la pradera de la Yedra. Es un paraje ensoñador, lleno de pastos verdes, una fuente de piedra y con una gran perspectiva para contemplar las laderas llenas de pinares, serbales, acebos, castaños y robles. En otoño el paraje luce sus mejores galas, y si hace buen tiempo, es un buen lugar para atacar el bocadillo de marras con el que combatir el apetito. Hemos tardado una hora aproximadamente desde donde dejamos el coche, en un paseo sin grandes desniveles y asequible para personas de todas las edades y de toda condición. A partir de aqui el paseo puede darse por finalizado, aunque si disponemos de tiempo, la ruta continuaría por el camino ascendente que busca ya sin remedio el collado de la llanada, en la divisoria de aguas, al que se llega en unos 20 minutos, y desde el que se contempla la vertiente sur del macizo de Gredos, el comienzo del valle del Tietar, y una perspectiva general de la garganta de la Yedra. Es un punto idoneo para la contemplación de las aves, pues constituye un paso obligado en la migración de muchas especies, algo que es aprovechado por los cazadores en las épocas oportunas. En cualquier caso, podemos regresar por el mismo camino que hemos traído al menos hasta el regugio, y desde allí tomar el camino que desciende por la Una vez repuestos de paseo, y si decidimos aprovechar la jornada en estos parajes, es recomendable quedarse a comer en el área recreativa o bien en alguno de los mesones de El Tiemblo. Para la tarde tenemos algunas opciones complementarias. La más recomendable si queremos seguir viendo naturaleza es acercarnos hasta el cercano valle de Iruelas, junto al embalse de Burguillo, a unos diez kilómetros de El Tiemblo. Este valle es conocido por su recuperación de la población de buitre negro que en él habita, y que sobrepasa las ochenta parejas. Aunque las rutas en este valle son innumerables, dado que no tenemos demasiado tiempo, optaremos por la llamada Senda Botánica. Se trata de un recorrido circular que parte del área recreativa Siempreverde, justo enfrente del campamento, en la carretera que asciende desde la presa hasta el puerto de Casillas. A la izquierda de la carretera, aparece un aparcamiento cerrado por una cadena desde el que comienza el recorrido didáctico, a través del cual podemos conocer hasta 21 especies de árboles, todas con paneles informativos sobre su forma de identificación y distribución. Al sobrepasar el primer panel, aparece un camino ascendente indicado que nos lleva hasta el mirador de la Lancha de las Víboras, desvio recomendable si disponemos de tiempo, que nos brindará un magnífico panorama del embalse del Burguillo y del valle de Iruelas. Observatorio fantástico para observar el vuelo del majestuoso buitre negro, una especie en peligro de extinción que puede llegar a alcanzar los tres metros de diámetro, y que resulta inconfudible incluso para el menos avezado en fauna. De regreso de este macizo oriental de Gredos, no debemos escapar la oportunidad de visitar los famosos Toros de Guisando, esculturas en forma de berracos, cerdos o toros (pues todavía hoy no hay un acuerdo unánime), que permanecen anclados en la tierra como testigos de la cultura que los erigio. Los Vettones, un pueblo de origen celta que poblaba las provincias de Ávila, Salamanca y Portugal antes de la llegada de los romanos, nos dejo multiples berracos de piedra de tosco relieve que aún hoy se conservan en varios castros y localidades del centro peninsular. Quizá los mejores ejemplos los tenemos aquí, porque suelen presentarse de forma más aislada, y aquí al menos contamos con cuatro ejemplares. Para llegar hasta ellos debemos tomar la carretera nacional que une el Tiemblo con San Martín de Valdeiglesias, y a unos tres kilómetros de esta localidad tomar un desvio seña
Alfredo Orte Sánchez. |
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