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Información Práctica

De Sos del Rey Católico a Olite (Zaragoza-Navarra)

"Bienvenidos a la Tierra Media "

Tipo de Ruta:

Artística en su mayor parte, con pueblos pintorescos, y ambiente medieval.

Duración de la ruta:

La distancia hasta el comienzo de la ruta y la cantidad de lugares a visitar, hacen aconsejables utilizar al menos tres días para disfrutar con tranquilidad de la zona.

Como llegar:

Existen varias opciones para comenzar la ruta. Una de ellas sería alcanzar Ricla por la A-2, en Zaragoza, para tomar luego la A-121 hasta Tauste, y luego seguir hacia el norte atravesando la comarca de las Cinco Villas por la A-127 hasta llegar a Sos del Rey Católico. Es un acercamiento bastante solitario, y que sorprende por la belleza de Sos, tras haber atravesado yermos y solitarios páramos. La otra vía de entrada, más rápida y directa sobre todo hacia tierras navarras, se realiza a través de Tudela por la A-15 hasta Tafalla, donde tomaremos el desvio que nos deja en Olite. Las distancias a Madrid suelen rondar los 400 kilómetros.

Restaurantes:

En Sos es más que recomendable el restaurante Vinacua, justo a la entrada del pueblo, con menús económicos y contundentes. En Olite destaca el restaurante Gambarte, escondido en un primer piso de un edificio anodino, cerca de la plaza de Carlos III el noble, es de los que ofrecen cantidades navarras a precios de otra época. En Sangüesa es conocido el restaurante Acuario, situado muy cerca de la iglesia de Santa María, en la calle Santiago, especialmente por su marmitako y merluza.

Horarios visitas:

Para el castillo de Olite los horarios son los siguientes: Temporada baja (meses de enero, febrero, marzo, octubre, noviembre y diciembre): Todos los días de 10:00h a 18:00h
Fines de semana de los meses de marzo y octubre de 10:00h a 18:30h Temporada media (meses de abril, mayo, junio y septiembre)
De lunes a viernes de 10:00 a 19:00h
Fines de semana de 10:00 a 20:00h .Temporada alta (julio y agosto)
Todos los días de 10:00h a 20:00h. La iglesia de Santa María, en Sangüesa se puede ver media hora antes de las misas. Los oficios religiosos se celebran de octubre a marzo, de lunes a sábado a las 19:00, y los domingos y festivos a las 12:00 y 19:00; de marzo a octubre, de lunes a sábado a las 19:30, y los domingos y festivos a las 10:00 y 13:00. El monasterio de Leyre tiene visitas guiadas cada hora, y presenta los siguientes horarios: De lunes a viernes de 10:15 a 14:00 y de 15:30 a 19:00. Sábados, domingos y festivos, de 10:15 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. En invierno, de lunes a viernes cierra a las 18:00 y los sábados, domingos y festivos, a las 18:30. Cantos gregorianos: de lunes a sábado, a las 7:30, 9:00, 19:00 (jueves 19:30) y 21:10. Domingos y festivos, a las 8:00, 12:00, 19:00 y 21:00. Maitines: a las 6:00, recitado.

Cartografía:

Un buen mapa de carreteras de la zona es suficiente para moverse de una localidad a otra sin mayores problemas.

Consejos Útiles:

Lo sobresaliente de esta comarca es la gran cantidad de patrimonio medieval que ha llegado hasta nuestros días, por encima de cualquier otra circunstancia. Intente disfrutar de los pueblos pequeños y su sobria arquitectura, constituyen por si mismos un marco perfecto para iglesias, castillos y monasterios. Las mejores fotografías de buena parte de los monumentos se toman al atardecer/amanecer, probablemente debido a los matices rojijos que se desprenden del tipo de piedra empleada. En verano es una ruta excesivamente calurosa en algunos enclaves, y conviene no cargas las visitas en las horas centrales del día.

 

En todos los confines del mundo, los aficionados a la obra de Tolkien "El Señor de los Anillos", han intentado ubicar en algún espacio cercano la identificación real de su imaginaria Tierra Media. Lógicamente la fantasia desbordante del mundo de Tolkien resulta muy difícil, por no decir imposible de encontrar equivalencias en enclaves geográficos reales en una sola comarca. Las minas de Moriah, la ciudad sagrada de Rivendel o la belleza de Rohan pueden recordarnos a determinados lugares que pudieron inspirar al escritor, pero en general siempre se encuentran basntante alejados entre sí. De todos modos es evidente que nos encontramos ante un libro que bebe de indudables fuentes de origen medieval, tanto en su aspecto formal como en el argumental, lo que hace más fácil nuestro intento de encontrar una Tierra Media a la española. Afortunadamente en este sentido, hemos sabido conservar un patrimonio bastante intacto en cientos de pueblos y villas a lo largo y ancho de nuestra geografía, que nos transportan todavía hoy sin gran esfuerzo, a los tiempos de hidalguía, caballeros, damas, trovadores y leyendas. Hoy vamos a conocer la única comarca que se la conoce precisamente por este nombre, Tierra Media, y que además tiene importantes argumentos para ser escenario de las aventuras de Frodo y compañía, a poco que se lo propusiese la industria del cine.

Comenzamos nuestro camino en tierras de Zaragoza, casi en los confines de la provincia, en la localidad de Sos del Rey Católico. Forma parte esta localidad de la comarca de las Cinco Villas, pero tanto por su historia como por su estilo arquitectónico, bien pudiera decirse que forma parte de tierras navarrSos del Rey Católicoas. El apellido de este pueblo no le viene por casualidad, sino porque aquí nació el rey Fernando el Católico por deseo y fuerza expresa de su madre, que estando a punto de parir en Sangüesa, juró que su hijo no nacería en tierras navarras y aguanto el impulsó unos kilómetros más para dar a luz en tierras aragonesas. Sabía decisión de Doña Juana Enriquez, castellana para más señas, pues convirtió a Sos, que significa altozano en aragonés, en villa ilustre por los siglos de los siglos. Luego con el paso del tiempo, Sos sufrió una importante decadencia, gracias a la cual ha llegado hasta nosotros en un estado de conservación sorprendente. Practicamente todo el casco histórico permanece anclado en el pasado, lleno de casonas de los siglos XIV, XV y XVI, en un ambiente generalmente recogido y silencioso, lo cual sorprende de forma inesperada al visitante. No resulta fácil encontrar en estos tiempos que corren un pueblo como este, en el que el turismo invasivo parece no haber hecho acto de presencia, y donde todavía puede respirarse el ároma de los pequeños descubrimientos, de la belleza intocada y auténtica. Todas las calles conducen hacia la zona más alta de Sos, donde se ubica la iglesia de San Esteban, del siglo XI, a la que llegaremos cruzando un pintoresco bajo un pintoresco adarve. Desde la explanada de su portada principal, podremos admirar una bonita vista del valle de Onsella, y comprenderemos la posición estratégica defensiva de todo el conjunto. El pórtico de la iglesia es uno de los mejores ejemplos de románico aragonés, y sirve de presentación a su magnífico interior, dominado por una oscuridad entre misteriosa y evocadora de inborrable recuerdo. Una de sus joyas se encuentra oculta a la mirada del turista de masas, y se encuentra en la cripta; todos aquellos que paguen un euro y se animen a descender por la tortuosa escalera de caracol, podran admirar una de las mejores muestras de pinturas góticas pintadas al fresco que quedan en nuestro país, recientemente restauradas. Pero Sos, es mucho más que San Esteban, es sobre todo una villa para pasear y perderse, para callejear y sorprenderse por ejemplo, con el ayuntamiento renacentista y su recoleta plaza mayor, con el castillo de Ramiro I, y con el palacio de Sada. Entre sus muros nació allá por el siglo XV, el rey que permitió la unificación de los reinos peninsulares; hoy se ha habilitado como centro de interpretación y museo, y permite ver cómo estaba configurado el palacio en aquella época. Abandonado Sos, tendremos la certeza de haber contemplado a buen seguro, uno de los 10 pueblos más bellos de España.

Continuamos hacia el norte unos kilómetros alcanzamos la noble villa de Sangüesa, nacida por y para el camino de Santiago, que la cruza de lado a lado por la bella calle real, procedente de Jaca. Paseando por ella se respira la magia de estas localidades que han crecido gracias a la peregrinación jacobea; todos sus grandes y señoriales edificios se dispSanta María la Realonen en sus inmediaciones como el palacio del principe de Viana, o el de Vallesantoro. Resulta reconfortante sentarse en las arcadas del ayuntamiento, y ver pasear a los sufridos caminantes que, con verdadera fe, recorren paso a paso esta ruta milenaria a pesar de los tiempos y los cambios. Sanguësa es tierra de rancio abolengo, y de profunda historia, siempre asociada a los primeros tiempos del Reino de Navarra puesto que llegó a ser capital del mismo en algunos periodos. Algunos templos como el del Salvador o el de Santiago el mayor, dan testimonio de la ruta jacobea, pero de la nobleza de la corte, el mejor ejemplo es y será siempre su maravillosa iglesia de Santa María la Real, ubicada junto al puente metálico del río Aragón. El templo es un armonioso conjunto de los siglos XII y XIII con una enhiesta torre que parece inspirada en modelos franceses; el interior es un bello ejemplo de arquitectura gótica estructurada en tres naves, con un retablo plateresco sorprendente y lleno de riqueza. Pero es sin duda su portada meridional la que se lleva la palma, no en vano está considerada una de las tres o cuatro joyas más valiosas de todo el camino jacobeo. Jambas, arquivoltas, tímpanos y frisos aparecen decorados con un amplio repertorio iconográfico dominado por el tema del Juicio Final, y el cristo Pantócrator en su centro. Sorprende sobre todo la profusión de su decoración, y la introducción de una nota expresiva y trágica en algunas figuras que están comenzando su andadura en el incipiente gótico. Quizá uno de los aspectos más exóticos, es la narración en la parte superior derecha del friso, de la leyenda escandinava de Sigurd y el dragón Fafner: a través de diversas escenas se cuenta la historia del herrero que forjo una espada mágica llamada Gram, a través de diversos fragmentos, para conseguir acabar con la vida del dragón que protegía el tesoro de los gigantes. Se cree que fue un peregrino venido de tierras noruegas el que pudo haber traído consigo este mito de la saga Volsunga. Lo cierto es que no dejar de ser curiosa la presencia de historias tan lejanas, en pleno corazón de tierras navarras. Como curiosidad final, fíjese en la figura de la Virgen que aparece como columna en una de las jambas laterales, sostiene una cartela con el nombre del autor de esta maravilla: Leodegario.

En los alrrededores de Sangüesa nos encontramos con una serie de tesoros que contribuyen a incrementar el patrimonio medieval de la zona. El castillo de Javier, que tuvo sus orígenes en el siglo X, aunque la mayor parte sea del XIV, ofrece una estampa tan gallarda y perfecta que muchos son los que le acusan de ser demasiado artificial. Hay que decir que en este caso, más que una restauración, se ha procedido en buena forma a una reconstrucción, pues pareceCastillo de Javier salida la obra de la fábrica de Exin castillos. En cualquier caso, Javier ofrece una imagen muy propia del concepto que casi cualquier niño tiene de un castillo de cuento, con su foso, sus almenas, su torre del homenaje, y su inabordables murallas. Aquí nació San Francisco Javier, el santo patrón de Navarra que predicó en tierras japonesas, y responsable de las famosas peregrinaciones conocidas como "javieradas" que se celebran cada mes de marzo. Quizá lo más interesante de todo el conjunto sea la capilla del Santo Cristo, con una magnífica talla del siglo XIII, y una serie de pinturas que decoran las paredes y que representan la danza de la muerte. Tal muestra de inducción al dramatismo, genera en el visitante una extraña sensación que no se corresponde con la amabilidad que se respiraba en el exterior, y menos aún, con los complejos de hosteleria que han surgido en su entorno. Ciertamente se respira una sensación de excesiva intervención del hombre en este patrimonio, y choca aún más cuando conozcamos el siguiente punto en nuesta ruta, el monasterio de Leyre. Levantado en las laderas de la sierra del mismo nombre, solamente el paraje donde se encuentra invita al recogimiento y al ascetismo. Desde la explanada de acceso se obtiene una magnífica vista del embalse de Yesa, la canal de Berdún, y las tierras del prepirineo. La adabía benedectina es uno de los mejores ejemplos del primer románico de Cluny en los reinos peninsulares, de una factura muy arcaica y pura, que afortunadamente ha llegado en perfectas condiciones hasta nuestras días. No debe perderse el viajero su magnífica cabecera de tres ábsides, o su esbelto pórtico occidental, llamada porta especioMonasterio de Leyresa. Construída en el siglo XII, hubiera servido a los propósitos de Jean-Jacques Annaud para rodar los exteriores de "El nombre de la rosa". Representa un conjunto soberbio presidido por la figura de Cristo Salvador, la vírgen, los apóstoles, y toda una serie de figuras mitológicas, motivos fitomórficos... En el interior admiraremos la sobriedad de sus tres naves de diversas anchuras, con una cabecera que al igual que la cripta inferior, da una sensación de arcaismo brutal que parece remontarse a la noche de los tiempos. La oscuridad reinante y la anchura de los muros no esconden una sobriedad que llega al adepto de forma intensa y profunda, con un mensaje simbólico sobresaliente. La nave central está coronada por una cúpula que da testimonio del nuevo estilo, el gótico, y es una de las mejores de Navarra entera. Quizá lo más interesante de todo el conjunto, sean los gigantescos capiteles de una sola pieza que sujetan las columnas de la cripta: uno no deja de pensar en el enorme peso que están sosteniendo. Pero Leyre también es leyenda, como esa del abad Virila, hombre de tremenda santidad que permaneció en extasis escuchando a los pájaros durante 300 años, mientras que para él apenas habían pasado unas cuantas horas. Si tiene una hora de tiempo, no dude en tomar el camino que lleva a la fuente de San Virila, monte arriba, donde cuenta la leyenda que el santo fue arrastrado por la elevación mística, gracias al simple cántico de unos ruiseñores.

Volvemos a la llanura para emprender de nuevo nuestra ruta, rumbo a Olite. Atravesamos la villa de Aibar, dominada por la enhiesta iglesia de San Pedro en forma de bastión defensivo, y alcanzamos San Martín de Unx, con dos templos de bella factura, el de Santa María del Pópulo gótico, y el de San Miguel. En este último no dude en bajar a la cripta, se sorprenderá. Desde esta localidad, giramos a la derecha para llegar en pocos kilómetros a uno de los pueblos más bellos de Navarra, Ujué. Parece ser que el origen del nombre se encuentra en una vocablo del euskera que significa literalmente "nido de águilas". A poco que nos acerquemos al caserio, comprenderemos el sentido de su nombre, pues Ujué se encuentra dominando una colina cortada en terrazasUjué, y excavada por el rio Aragón y sus afluentes. En lo alto, se vislumbra la fortaleza del santuario de la virgen de Santa María, edificada por el rey de Navarra Carlos II. En realidad no sabe uno si se trata de un santuario, una iglesia o un castillo, pues los tres elementos parecen fundirse en una construcción única y sorprendente. Desde lo alto, la vista no puede ser más completa, y en días claros, podremos admirar desde la cumbre del Moncayo hasta los Pirineos centrales, lo que constituye un record de distancia muy difícil de igualar en España. La función defensiva y de vigilancia de esta fortaleza, queda patente también desde el paseo de ronda exterior de la cabecera, que parece diseñado para la querra, así como del sistema de comunicación por espejos que se empleaba hasta hace no mucho, para enviar mensajes cifrados a la fortaleza de Olite. En el interior de la iglesia se encuentra el corazón del rey Carlos, que decidió donarlo como testimonio de su amor por esta noble villa; si bien el exterior tiene un estilo marcadamente románico, por dentro los arcos ojivales dominan la fortaleza. Pero Ujué es mucho más que su santuario, es sobre todo su caserio, todo él construido en silleria robusta y señera, de calles adoquinadas y cuestas fatigosas. A finales del mes de abril se celebra aquí una romería de gran tradición, en la que penitentes cubiertos como nazarenos, portan una imagen desde San Martín de Unx, trasladándonos en el tiempo hasta época pretéritas, cuando la religión se situaba como Ujué, en la cúspide de la vida cotidiana y del pensamiento de las gentes.

Terminamos por fin nuestra travesía en la noble ciudad de Olite, la última capital del reino navarro, ya en plena llanura. Su castillo-palacio es probablemente el monumento más importante de la comunidad, y su símbolo más importante y descatado. Aprovecha basamentos romanos, pero el conjunto de la construcción se fecha enCastillo de Olite los siglos XIII, XIV y XV gracias a la iniciativa de Carlos III el noble. Hay que decir que el estado de conservación actual es el resultado de una intensa intervención desde mediados del siglo XX, que le ha otorgado un aspecto sin duda formidable, aunque no es del todo idéntico al aspecto que presentaba hace cinso siglos. Especialmente polémicas fueron las estructuras de pizarra que coronan algunas de las torres, muy al estilo de las restauraciones de Viollet le Duc en el sur de Francia; en cualquier caso, y salvando las inpreciones históricas, resulta indudable que nos encontramos ante una fortaleza de auténtico ensueño, posiblemente junto con el alcazar de Segovia, el castillo que más se puede identificar con nuestros sueños de la infancia. Cuando alcanzamos Olite, existe precisamente una extraña sensación de deja vu, uno tiene siempre la tentación de sentirse como un niño que vive en primera persona, aquellos cuentos de damas encerradas en altivas torres, príncipes azules, valientes caballeros y malvadas brujas. Su visita guiada nos arrojará algo de luz sobre la vida y gloria de una monarquia que consiguió transformar un pequeño reino, en toda una referencia europea y que terminó siendo absorvido por la ambición de castellanos y aragoneses. El parador de Olite es uno de los más encantadores de toda la red, y se ubica en la parte más vieja del castillo, desde donde poder vivir sus mágicos atardeceres. Pero Olite tiene más cosas al margen de su castillo; anexo a este se encuentra la iglesia de Santa María con una portada profusamente decorada y de gran belleza, o la de San Pedro con un recoleto claustro románico que parece escondido ante la grandeza de torres y chapiteles. Pero el mayor encanto de Olite lo constituye su casco histórico, en buena parte peatonal, que conserva un aire decadente y señorial muy atractivo, y que invita al paseo y al descanso. En la plaza Carlos III el noble, frente al castillo, se ha levantado una pequeña pirámide de cristal, al estilo de la del Louvre, y debajo se han habilitado varias galerias medievales donde tienen lugar algunas exposiciones temporales. Cuando cae la tarde, la piedra de la fortaleza recupera un intenso color anaranjado que hace de la fotografia en esos momentos, un verdadera delicia, y para la memoria, una de las mejores maneras de poner el broche final a esta ruta.

 

Alfredo Orte Sánchez