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Información Práctica

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Huesca)

"El parque de las cascadas "

Tipo de Ruta:

Naturaleza y pueblos pintorescos.

Duración de la ruta:

Para ver el parque se necesita un mínimo de cuatro días, si bien la cantidad de itinerarios posibles permiten ampliar la estancia hasta una semana con perfectas garantias de encontrar rincones interesantes.

Como llegar:

Desde Madrid llegamos por la A-II hasta Zaragoza y luego por la autovía del mudejar hasta Sabiñánigo, donde tomaremos la N-260 que nos lleva directamente hasta Torla, entrada del parque nacional.

Restaurantes:

El restaurante Casa Frauca, en Sarvisé, es una de las referencias en la zona, y tiene una calidad-precio bastante aceptable. También destacan un par de restaurantes junto a la plaza mayor de Bielsa, con buenos menús del día. Abstenerse de entrar en los locales del casco histórico de Aínsa.

Alojamiento:

La oferta de turismo rural es muy amplia en toda la zona, pero resulta especialmente recomendable la casa Leyendas del Pirineo, en Fiscal, con una destacada cocina casera, trato cordial y unos precios más que ajustados. Es recomendable seleccionar un alojamiento cercano al valle de Ordesa, dado que se trata de la principal vía de entrada al parque.

Compras:

Es común en toda la zona una interesante tradición de brujería que puebla las tiendas de todo tipo de objetos de magia y wika.

Horarios visitas:

El principal horario que debemos tener en cuenta es el de las lanzaderas de acceso a la pradera de Ordesa desde Torla. El resto de los valles no tienen limitaciones de acceso en vehículo privado, si bien es conveniente evitar circular por la carretera del cañón de Añisclo bien entrada la mañana. Horario servicio Autobús: El servicio diario de ida, entre Torla y la Pradera de Ordesa, comenzará a las 06:00 horas -excepto en octubre que empezará a las 07:00 horas-. Terminará a las 19:00 horas en los meses de julio y agosto. En Semana Santa y octubre, el horario de subida será hasta las 18 horas.
El servicio diario de vuelta entre la Pradera de Ordesa y Torla finalizará a las 22:00 horas durante los meses de julio y agosto. En Semana Santa, septiembre y octubre el último retorno será a las 21.00 horas.
Precio Billete Bus: 3.30 €/persona (ida y vuelta), menores 5 años gratuito. Ida o Vuelta: 2.30 €, persona. Menores 5 años gratuito.
Intervalos de salida: Cada 15 ó 20 minutos -como tiempo medio- partirá un autobús desde Torla hasta el aparcamiento de la Pradera de Ordesa, realizando una única parada en el Centro de Visitantes "El Parador" a la ida. Los billetes no llevarán ni reserva de asiento ni fecha de utilización, pudiendo utilizarse cualquier día dentro del periodo anual de funcionamiento del servicio.
La capacidad del Parque por motivos de preservación es de 1800 personas simultáneamente, una vez superada ésta se suspenderá el servicio hasta que descienda dicha cantidad con el retorno de visitantes.

Cartografía:

La mejor guia que existe sobre el parque y de obligada compra es el mapa de la editorial Alpina, escala 1:40:000, que puede conseguirse en la tienda verde (Calle Maudes).

Consejos Útiles:

Estamos ante una zona de alta montaña, en la que hay que extremar las precauciones tanto en lo meteorológico, como en la dificultad y duración de las excursiones que vayamos a acometer, siempre teniendo presente nuestras propias limitaciones. Es muy recomendable dejarse asesorar por las personas que conocen el valle en caso de duda. Aprovechar las primeras horas del día, sobre todo en verano, para evitar caminar por zonas desarboladas al mediodía y llevar siempre un impermeable encima pueden sacarnos de más de un apuro. Adquirir una guia de senderismo también puede resultar útil para el viajero. Un último consejo, las carreteras se encuentran en buen estado pero son bastante viradas, a causa de la orografía, tómeselo con calma y disfrute del paisaje.

 

Cuando a la mayoría de personas se les menciona el Pirineo, la relación inmediata que domina en sus mentes está vinculada con paisajes invernales, estaciones de esqui, difíciles ascensiones y alpinismo deportivo. Y aunque todas ellas son postales imprescindibles de esta gran coordillera montañosa, existe en el corazón de las montañas oscenses una pequeña joya que encierra en sus poco más de 15.000 hectáreas, un conglomerado de paisajes de una diversidad y belleza únicas en España. En pocos kilómetros podemos pasar de un bosque mediterráneo de encinas y quejigos, a las heladas soledades de un glaciar, pasando por bosques de hayas y abetos, pinares, roquedos, pastos, simas, lagos, etc. Pero si hay un símbolo de este parque nacional que domina por encima de cualquier otro, sin duda debemos hablar de las cascadas queValle de Ordesa proliferan en sus diferentes valles; las hay de todas las formas y proporciones, y siempre tienen garantizadas un caudal suficiente de agua como para complacer al viajero. El origen de estos saltos de agua reside en la particular naturaleza de estas montañas calcáreas, distintas a las del resto de la cordillera, que albergan en su interior innumerables cuevas y simas por donde se filtra el agua, y garantizando un suelo donde la vegetación domina por doquier. Es sin duda un lugar de cuento, donde hasta los mismos pueblos parecen formar parte de un paisaje al tiempo amable y majestuoso.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido está compuesto por cuatro valles diferentes, cuatro mundos distintos que merecen una visita individual y pormenorizada. De todos ellos, el valle de Ordesa es el principal, el que da nombre al espacio proegido, y la mejor manera de conocer nuestra ruta. Por su orientación al oeste presenta mayores índices de humedad, y esto se puede observar en la frondosidad de la vegetación dominada por abetales y hayedos. Al vislumbrarse las primeras casas y la silueta de Torla, una sensación de alta montaña comienza a invadir al visitante, al admirar el prodigioso marco de las montañadas de Mondarruego recortándose en el horizonte. En los meses de verano hemos de dejar nuestro coche en el aparcamiento de pago que surge a la derecha de la carretera, justo antes de entrar en la localidad. Por apenas unos euros, podemos tomar el autobús lanzadera que cada 15 minutos, nos depositará en la pradera de Ordesa, punto de inicio de la mayor parte de las rutas, enclave de singular belleza. Desde las ventanas del autobús podremos admirar en el rio Arazas, algunos saltos de agua en meCascada Cola de Caballodio del bosque, escondidas en rincones de soledad y belleza incomparables. Al llegar a la pradera, irrumpe a nuestra izquierda la enorme pared vertical del tozal del Mayo, una de las mayores atracciones para los escaladores y que al amanecer presenta una suave tonalidad rojiza muy característica. De las múltiples posibilidades que se presentan en este punto para los senderistas, dos son las más interesantes para todo aquel que disponga de una jornada entera para caminar. La más básica, recorre el fondo del valle del rio Arazas, repasando los diferentes niveles del bosque, desde el pinar silvestre, pasando por los acebos, las hayas y los abetos, hasta alcanzar la zona de pastos de alta montaña. En este recorrido inolvidable, el visitante tendrá la oportunidad de observar la cascada del Estrecho, la de la Cueva o la de Arripas, desde pintorescos miradores que hacen las delicias de los fotógrafos. Un poco más adelante, y tras superar un par de rampas, abandonamos el terreno del bosque en el paraje conocido como Gradas de Soaso. Es una de las postales más populares del valle, escalones de rocas por los que el río se despeña a borbotones, formando cristalinas pozas de agua esmeralda. Desde esta zona podremos admirar por primera vez el Monte Perdido, siempre coronado de nieves perpetuas, cerrando el valle por este lado. A unas tres horas de camino desde la pradera de Ordesa, la ruta finaliza en la cascada de cola de caballo, de gran majestuosidad especialmente en época de deshielo. En verano resulta recomendable llegar a ella temprano para evitar almozar en sus inmediaciones, muy frecuentadas por los excursionistas a la hora de la comida, y en la que apenas podremos disponer de una somPlaza de Aínsabra en la que refugiarnos. El camino de regreso de este itinerario se produce por el mismo camino. La otra gran ruta a disposición del excursionista es la que remonta directamente la ladera de la sierra de las Cutas por la "temible" senda de los cazadores, hasta alcanzar en poco más de hora y media el mirador de Calcilarruego; es un camino de pronunciadas pendientes, que no debe ser emprendido por personas sin una mínima capacidad física, pero que resulta muy gratificante por las aéreas vistas que podremos obtener desde arriba: la brecha de Roland, mítico collado que comunica con Francia y que tiene en la espada del caballero Roland su legendario origen, las tres Sorores, el circo y la cascada de Cotatuero...una vista incomparable que continuamos viendo en la faja de Pelay, camino de la cola de caballo, a donde llegaremos en unas cuatro horas de viaje. Al llegar al circo de la cascada, observaremos también las indicaciones en paneles que marcan la ruta al Monte Pérdido y al refugio de Gorit, destinos para montañeros experimentados pero de gratificantes recompensas. La ruta de la faja de Pelay, combinada con el regreso por la ruta del fondo del valle, supone sin lugar a dudas, la excursión de montaña más completa y bella de las que pueden disfrutarse en nuestro país. Al volver a Torla, no deberíamos olvidar que hacia el Oeste se abre el valle de Bujaruelo, que aunque fuera de los límites del parque, alberga un bosque de cuento que acompaña al rio Ara hasta su mismo nacimiento, en las laderas del Vignemale, y que plantea también interesantes itinerarios.

Si nuestras carnes se resienten en posteriores jornadas de tanta piedra suelta y tanta pendiente, Ordesa ofrece otras posibilidades culturales que no deberíamos perdernos. Descendiendo por la carretera que sigue el curso de Ara, atravesaremos primero poblaciones de un intenso sabor aragonés: Broto, Oto, Fiscal, Boltaña... todos ellos prTozal de las Brujasesentan una factura encantadora, con casonas de piedra vista y tejados a cuatro aguas, coronados por una constante en todas ellas, los llamados "espantabrujas", especie de ídolos, figuras de santos o amuletos que tenían como finalidad ahuyentar a los espíritus malignos y las brujas. Y es que la tradición de toda la comarca, muy ligada a tradiciones paganas fruto de su aislamiento, ha conseguido llegar hasta nosotros casi intacta; este aislamiento se plasma también en pueblos como Bielsa, donde se sigue hablando el bielatés, una variante del aragonés que todavía es empleada por los más ancianos de la villa. De visita obligada es la villa de Aínsa, nudo de comunicaciones de las principales carreteras que conducen al parque, y que conserva todavía un casco histórico de auténtico sabor medieval. Para dejar el coche, lo mejor es utilizar el aparcamiento del castillo, perfectamente indicado en lo más alto del pueblo. La plaza mayor es su principal joya, rodeada de arcadas de piedra, quizá excesivamente restaurada, pero sin duda pintoresca; la iglesia románica con su airosa torre sobresaliendo de todo el conjunto constituye un magnífico mirador y la cripta subterránea sorprende por la limpieza de sus arcos, y el techo coronado por bóvedas de crucería que casi alcanzamos con la mano. Siempre resulta un placer recorrer a primeras horas el paseo de ronda, con una gran vista del río Cinca y las cimas de las Tres Sorores en la lejanía; pegada a la plaza mayor se erige el castillo levantado en la época de Felipe II para defender el paso frente a una posible invación francesa, y a poca distancia, un curioso ecomuseo donde se recuperan aves y rapaces del parque, que han sido heridas o presentan discapacidades para emprender su vida en libertad.

Camino del valle de Bielsa, tenemos dos citas obligadas, que si bien no se encuentran dentro de los límites del parque, son destinos obligados para conocer los usos, costumbres y las gentes de los valles aledaños. La primera es coger la retorcida carretera que desde las proximidades de la aldea de Hospital, conduce hasta el pueblo de Tella, perdido entre montañas a más de 1300 metros de altura, y que tiene algunas de las vistas más impresionantes que podemos disfrutar de los Pirineos. Poco antes de llegar al pueblo surge a nuestra derecha un dolmen neolítico que invita al viajero a identificarse con el sentimiento religioso que desde la más remota antigüedad, adoraba estas montañas como guarida de sus divinidades. Tella apenas cuenta con dos centenares de habitantes, y se recosta a lo largo de una colina herbosa con vistas aéreas del valle del Cinca y de la Peña Montañesa; deje el coche a la entrada, junto al repetidor de televisión (único elemento extraño que afea el paisaje), y visite el museo de la brujería, donde podrá comprobar la tradición de superstición y magia que siempre ha presidido estos valles, y que la potencia de la naturaleza permite explicar sin dificultad. En el siglo XVI varias mujeres de Tella fueron acusadas de adorar al maligno, juzgadas y condenadas a morir en la hoguera por la Inquisición, institución que tuvo mucho trabCascadas en Pinetaajo en la comarca del Sobrarbe para acabar con una religiosidad poco ortodoxa. Desde el pueblo lo mejor es preguntar por el camino de las ermitas, imprescindible itinerario para conocer aún más de cerca las leyendas paganas que nos han contado, y que en 45 minutos nos lleva hasta el impresionante tozal de las brujas, espolón rocoso asomado al valle donde según cuentan, las brujas del lugar solían realizar sus aquelarres. A los pies del tozal, una antigua ermita románica pone un punto misterioso al paisaje, por ende sublime.

De regreso al valle del Cinca, la otra gran alternativa cultural es el valle de Plan, que acoge una suerte de minúsculos pueblecitos acurrucados a los pies de montañas de más de 3000 metros y que conservan una arquitectura tradicional perfectamente integrada en el paisaje. No deje de visitar el museo etnográfico de San Juan de Plan, ni de preguntar a los lugareños por la "caravana de mujeres", pues fue aquí donde los solteros del pueblo tomaron la iniciativa de buscar esposas haciendo un llamamiento a los medios para que vinieran a conocerles, hace algunos años, tras haber visto la película del mismo título en TVE. Pero volviendo a los límites del parque nacional, debemos remontar el rio Cinca, rumbo a Bielsa, donde se toma la carretera asfaltada que conduce al valle de Pinea, idílica cubeta de origen glaciar, coronada por el Monte Pérdido. La pista acaba en las inmediaciones del parador nacional, desde donde se contempla una majestuosa sucesión de cascadas procedentes directamente del glaciar; precisamente este es uno de los principales destinos de una marcha senderista de unas cuatro horas (sólo ida), que nos llevará hasta el balcón de Pineta, cuyo nombre se explicará el excursionista cuando lo haya coronado. Estamos ante una excursión de gran dureza, pero de sobradas recompensas: el lago de Marboré, lleno de icebergs de intenso hielo azul, la vista del Monte Perdido y del glaciar conforman un paisaje lunar, casi mágico, que adquiere tintes inolvidables al atardecer. Si nuestras fuerzas son más reducidas podemos tomar la senda ecológica de Lalarri en el Parador Nacional, un recorrido circular que nos llevará por los pisos vegetales inferiores del valle de Pineta, que por hallarse encarado más al norte, presenta una humedad y frescor muy recomendables en verano; el camino no presenta dificultad alguna y puede suponer una buena forma para conocer las características de este valle en forma de U, de origen glaciar, excavado por los hielos del cuaternario. Un consejo, no olvide realizar por la mañana una foto desde el embalse del Pineta, al poco de salir de Bielsa: la vista bien vale la pena.

Los dos valles que nos restan del parque nos van a deparar nuevas sorpresas, pues suponen un ecosistema completamente diferente, marcado por la estrechez de los cañones calizos horadados por los rios. Para acceder al cañón de Añisclo, debemos dirgirnos hasta Escalona, y desde allí tomar la carretera que corre paralela al río Vellós y que pronto se adentra con este en la profunda grieta que ha perforado en la tierra; laCañón de Añisclo pista se hace tan angosta que ha tenido que ser reconvertida en sentido único, pues no hay anchura suficiente para el paso de dos vehículos, y constituye posiblemente la carretera asfaltada más espectacular de España. A los doce kilómetros, un ensanchamiento del desfiladero de las Cambras que habíamos seguido, nos permite alcanzar el minúsculo aparcamiento de la Ereta de Biés, desde donde conseguiremos una gran vista del cañón que comienza ahora. Los paredones calizos de Añisclo se inundan de una vegetación selvática en las partes más estrechas y angostas, allí donde el sol apenas incide, y comienza el reino de los bosques atlánticos. El camino principal parte 100 metros antes de llegar al aparcamiento, y está perfectamente señalizado; a los 15 minutos alcanzamos la ermita de San Urbez, excavada en la roca allí donde el santo decidió retirarse a la vida eremética, y que hoy es objeto de devoción por los vecinos del Sobrarbe en una popular romeria. Desde aquí la pista cruza el río y se convierte en sendero, adentrándose en el bosque para no abandonarlo en casi todo el camino, primero hasta la Ripareta, a unas tres horas del inicio, y luego a la Fuenblanca, a cinco horas. La Fuenblanca es una surgencia, una especie de cascada que mana directamente de la roca, y que parece brotar del mismo corazón de las Tres Sorores, en un paisaje descarnado y abierto que bien vale la caminata. Se trata de una excursión de cierta dureza, más por la duración que por el desnivel salvado, y que se hace más amena en verano por la presencia constante del río y las continuas sombras que nos proporciona el sendero. El último de los cuatro valles de Ordesa es el de Escuaín, una angosta garganta de similares características a Añisclo, pero más pequeña. Desde el pueblo del mismo nombre, donde por cierto se encontraron varios grimorios de brujas del lugar, podemos emprender una excursión hasta alcanzar las fuentes del rio Yaga, si bien hay que advertir que se trata de un recorrido de mayor dureza e inclinación que el anteriormente descrito, hasta el impresionante karst de Gurrundé. Vistos todos y cada uno de los valles de Ordesa, uno no sabría con qué imagen quedarse, dada la diversidad de paisajes vistos; en el fondo, lo que nos gusta de Ordesa es que es capaz de satisfacer a los amantes de la naturaleza más exigentes, aquellos que buscan recuperar una Arcadia en sus corazones. Como decía Lucien Briet, impulsor de la creación del parque: "Los soñadores acudirán de todas partes a solazarse en plena naturaleza salvaje"...

 

Alfredo Orte Sánchez.