Tipo de Ruta:
Naturaleza, patrimonio histórico
y pueblos pintorescos.
Duración de la ruta:
Saliendo desde Barcelona, basta con un fin de semana.
Desde Madrid, es imprescindible invertir cuatro o más días.
Como llegar:
Salimos desde Barcelona por
la AP-7 en dirección a Girona. Apenas sobrepasada la ciudad, veremos
la salida a Besalú y Banyoles, que es la que tenemos que tomar
para adentrarnos en la Garrotxa.
Restaurantes:
El restaurante Pont Vell de Besalú
está situado sobre el puente medieval, frente al río Fluviá,
pero no es muy económico. Tenemos también la Fonda Siqués,
en la Avenida Lluis Companys, donde podemos disfrutar de la cocina de
la comarca.
Alojamiento:
Las casas rurales de la zona son bastante
caras, por lo que conviene buscar un alojamiento en Olot que resulte más
económico. La población es grande, por lo que no falta variedad.
Compras:
En Besalú podemos comprar butifarras dulces en
Juncá, calle Sant Vicenç. De Castellfollit de la Roca nos
podemos llevar los dulces y galletas de Cal Enric. El horno de leña
más antiguo de la comarca está en Olot, en Can Carbasseres,
en la calle San Rafael. En la misma localidad podemos comprar embutidos
en Can Japot, en la calle Roser, 5.
Horarios visitas:
Las visitas guiadas en Besalú comienzan a las
11:00 y siguen a las 12:30, 17:00 y 18:30. Dura aproximadamente una hora
y media.
Cartografía:
Hay suficientes paneles informativos en la zona, aunque
no sobraría un mapa de la zona de la editorial Alpina.
Consejos Útiles:
Vamos a caminar por el campo, lo que implica
que necesariamente nos tenemos que preparar consultando el pronóstico
del tiempo, la distancia que vamos a recorrer, llevando agua y comida.
No son rutas excesivamente duras, pero no conviene improvisar nunca. Es
también recomendable circular con precaución por las carreteras
secundarias, ya que son muy serpenteantes y con lluvia hasta podrían
ser peligrosas.
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Vamos a sumergirnos en una aventura que nos llevará
a recorrer una de las zonas volcánicas más representativas
de la Península Ibérica y, probablemente, de las más
interesantes de Europa, la Garrotxa. En esta comarca gerundense se funden
una naturaleza variada y desbordante junto con manifestaciones artísticas
de primer nivel para sorprender al viajero en cada recodo del camino.
Besalú
Este encantador pueblecito medieval es la primera etapa del camino.
Tras abandonar la AP-7, a pocos kilómetros de sobrepasar Girona,
tomamos el desvío hacia Banyoles, localidad conocida por su famoso
lago y sus reclamos turísticos. Continuamos después por
la serpenteante, pero cómoda, C-150 hasta divisar el extraordinario
puente fortificado que se eleva sobre el río Fluviá, antesala
de nuestro vetusto destino. Es recomendable aparcar el coche en la explanada
situada a la derecha de la carretera, antes de adentrarnos en la villa.
Una vez en tierra, encaminamos nuestros pasos hacia el majestuoso puente
románico, de los siglos XI-XII. La puerta fortificada de entrada
a la villa se erigió en el siglo XIV, así como la torre,
de época posterior. Su aspecto es robusto y sus dimensiones,
realmente sorprendentes. Una de las características que más
llaman la atención es la altura que llega a alcanzar sobre el
río. Sin embargo, hemos de evitar la tentación de cruzarlo
en el primer impulso, ya que es interesante pasear por las zonas ajardinadas
situadas en la parte inferior, puesto que así disfrutaremos de
diferentes perspectivas de todo el conjunto medieval, cuyo reflejo en
el río añade espectacularidad a las fotografías
que desde allí queramos tomar.
Tras esta primera toma de contacto, llegó la hora de adentrarnos
en el entresijo de calles que forman uno de los núcleos medievales
mejor conservados de España. Nos trasladaremos a la época
en la que Besalú era capital de un condado independiente, sede,
entre 1017 y 1020, del obispado situado en el valle del Fluviá.
Aquellos años de esplendor se manifiestan en la actualidad por
la enorme cantidad de vestigios que han sobrevivido al paso del tiempo.
Antes de comenzar el recorrido es fundamental que nos acerquemos a la
oficina de turismo, situada en la Plaza Mayor o Plaza de la Libertad,
bellamente porticada y rodeada de señoriales casonas, verdadero
centro neurálgico de la población. Desde allí parten
rutas guiadas, tanto en catalán como en castellano, que nos permitirán
acceder a algunos edificios más representativos, cuyo acceso
está restringido, como es el caso del Miqvé. El recorrido
con nuestro guía comienza precisamente en esta construcción,
única en la península y tercera de Europa, se trata de
una sala destinada a baños judíos de purificación
o rituales que data del siglo XI o principios del siguiente. Se trata
de una sorprendente estancia que no aparenta desde fuera la sorpresa
que nos depara su interior.
Tras visitar los baños, nos encaminamos hacia el antiguo hospital
de San Julián, edificio románico del siglo XII que actualmente
es centro socio-cultural. No podemos visitar su interior, pero la portada
es muy interesante. Parece proceder de la fachada de poniente de la
iglesia monacal de San Pedro, que será la siguiente etapa de
nuestra visita.
San
Pedro es, sin duda, una de las joyas de esta villa. Está considerado
como uno de los edificios románicos más importantes de
Catalunya. Data del siglo XII, aunque su fundación se remonta
al año 977, con Miró II. Es curiosa su sobria portada,
en cuya parte superior observamos una ventana flanqueada por dos leones
que definen la separación entre el espacio sagrado y el profano.
Hay que fijarse en los animales que están bajo sus garras, a
la izquierda un simio y a la dereha una serpiente (ver foto).
En el interior, sorprende el deambulatorio, formado por ocho columnas
y capiteles profusamente esculpidos con escenas bíblicas, cuya
contemplación es un deleite. Dada la altura de las columnas,
es recomendable observarlas utilizando el zoom de la cámara,
si lo tenemos, o unos prismáticos. El aire sagrado que envuelve
el interior de la iglesia nos transmite una paz ideal para su contemplación.
Seguimos el recorrido por Besalú callejeando por sus empinadas
calles hasta llegar al edificio de la Curia Real, sede de la corte en
el siglo XIV. Conserva su magnífica fachada gótica, pero
el interior es actualmente un restaurante que puede resultar algo caro
si nuestra economía no es muy saneada.
La última etapa de la ruta guiada es la iglesia de San Vicente,
fundada también por el conde-obispo Miró en 977. El edificio
actual se trata de una construcción románica de transición
al gótico, con torre del siglo XVI y una cabecera magnífica
que conserva un ábside con arcuaciones lombardas y friso con
ménsulas. Destaca el rosetón de la fachada principal y
la puerta de mediodía, la de San Rafael, con capiteles esculpidos
con motivos orientales. En el interior, no nos podemos perder el altar
mayor, con una sepultura gótica de Pere de Rovira, quien trajo
a Besalú las reliquias del mártir San Vicente.
Si en la visita guiada no nos la han enseñado, es imprescin dible
subir por la calle Tallaferro. Su nombre evoca al conde de Besalú,
Bernat I “Tallaferro” (990-1020). Se trata de una de las
calles más bonitas de la población. A su entrada encontramos
un magnífico portal con porche en la planta baja y ventanales
con doble columna en el primer piso. La calle finaliza en el portal
de La Força, una de las entradas de las antiguas murallas de
Besalú, cuyos fragmentos nos muestran también en la visita.
Un poco más allá del portal de La Força encontramos
la torre de Rocafort, así como un yacimiento arqueológico,
mal conservado, de origen romano. Desde allí divisaremos la silueta
de la colegiata de Santa María, que data del siglo X, pero los
restos que podemos contemplar son del XII-XIII. Actualmente es propiedad
privada, por lo que no podemos visitarla. Si vamos con prisas, esta
última parte es totalmente prescindible.
Los horarios de las visitas guiadas son a las 11:00, 12:30, 17:00 y
18:30. Como el recorrido dura aproximadamente una hora y media, lo más
recomendable es llegar a la primera, ya que la siguiente es un poco
tarde si no hemos reservado mesa para comer con anterioridad y en las
de la tarde, si la visita la hacemos en otoño, apenas gozaremos
de luz si queremos sacar buenas fotos.
Castellfollit de la Roca
Tras la comida, reemprendemos la marcha por la N-260 en dirección
a Olot, la capital de la comarca. A no mucha distancia de Besalú,
unos 12 kilómetros, sobre una roca basáltica que se eleva
en la confluencia de los ríos Fluviá y Turonell, aparece
la impresionante silueta de Castellfollit de la Roca, pueblo que merece
la pena contemplar de lejos, sin adentrarnos en
su término municipal, puesto que lo más llamativo es su
pintoresca ubicación.
Parque Natural de la Garrotxa
Continuamos nuestro camino hacia Olot, localidad situada dentro del
mismo parque y capital de la comarca. La Garrotxa es una extensa superficie
de 12000 hectáreas poblada por 40 volcanes y 20 coladas de lava,
salpicados por un asombroso paisaje boscoso, que, sin embargo, cuenta
con áreas cultivadas en las llanuras y fondos de los valles.
Su fuerte desequilibrio altitudinal, con elevaciones que van desde los
238 metros hasta los 1027 de la cima del Puigsallança, provoca
variaciones climáticas causantes de una vegetación diversa
y abundante. Las vertientes sureñas están dominadas por
encinas, mientras que en las vertientes septentrionales abundan hayedos
y robledales. Son habituales también los bosques mixtos y de
ribera, con sauces, álamos y avellanos. La fauna no se queda
atrás, cerca de 240 especies de vertebrados pueblan la zona.
Entre las innumerables y variadas rutas que podemos elegir, vamos a
proponer dos recorridos representativos, el primero por la Fageda d’en
Jorda y el segundo, de ascenso al cráter del volcán de
Santa Margarida. A cuatro kilómetros de Olot, por la carretera
en dirección a Santa Pau, encontramos la señalización
de la Fageda. Dejamos el coche en el área habilitada y encaminamos
nuestros pasos hacia el centro de interpretración donde podemos
consultar todo tipo de paneles informativos. El recorrido está
perfectamente señalizado con marcas en los troncos de los árboles
o en las rocas. Podemos recorrer la distancia que nos apetezca, la paz
y tranquilidad que se respira paseando entre las hayas a buen seguro
que nos hará permanecer durante un largo espacio de tiempo caminando
bajo ese universo cromático de tonos ocres, dorados, marrones
y rojizos.
La otra ruta que proponemos es la subida al cráter del volcán
de Santa Margarida, sin duda el más impactante de la zona por
su enorme cráter, con un diámetro de 330 metros, en cuyo
interior alberga la iglesia románica que le da nombre. Por la
misma carretera que tomamos hacia la Fageda, continuamos dos kilómetros
más en dirección hacia Santa Pau. Dejamos el coche en
la zona habilitada para tal fin y continuamos la marcha a pie. La subida
es exigente, aunque amena, ya que transcurre través de una masa
boscosa cuya umbría nos obligará a utilizar flash si queremos
tirar una foto. Pasado un restaurante situado en la falda, en apenas
quince minutos habremos llegado a la parte superior.
Si nuestra forma es adecuada y vamos equipados convenientemente, es
posible realizar una ruta de más duración y dureza, pero
mucho más interesante porque permite hacer un recorrido mucho
más amplio por el parque para conocerlo con más profundidad.
Desde el aparcamiento del casco antiguo de Santa Pau, núcleo
medieval de gran interés, hay que caminar hasta pasar el puente
y seguir aguas arriba la corriente del río Sert, por su orilla
izquierda. De esta forma, se pasa de largo el volcán de Roca
Negra, bien conservado y dominado por un robledal en las umbrías
y por un encinar en la solana. Pasado el mas de Collellmir hay que dirigirse
hacia el Collet de Bassols, desde donde se asciende al cráter
del volcán Santa Margarida. Después se desciende por la
vertiente norte para llegar al cruce donde se encuentra el restaurante
al que da nombre este último cono volcánico. El caminante
ha de tomar entonces la pista que conduce hasta el centro de información
de Can Passavent y al volcán Croscat, otro de los más
representativos. Después de visitar el área, se continúa
por el norte hasta las oficinas del parque, en Can Serra, y aquí
se toma un sendero que cruza el hayedo de la Fageda d’en Jordà,
desde donde hay que dirigirse de nuevo al Collet de Bassols y a Santa
Pau.
Sea cual sea la ruta elegida, la información y señalización
disponible para realizarla es muy clara y sencilla de seguir, por lo
que una vez situado en el parque, el viajero puede optar por la opción
que más se ajuste a sus gustos y forma física.
De
vuelta a Olot, tenemos dos opciones para el regreso, continuar por la
N-260 hacia Ripoll, para disfrutar del monasterio de Santa María,
fundado en el siglo IX, o tomar la C-152 que se adentra en la Vall d’en
Bas. La elección la ha de tomar el propio viajero, si prefiere
un destino monumental, sin duda la primera opción es la más
adecuada, en cambio, si quiere disfrutar de más naturaleza, es
la segunda la que se ha de tomar, eso sí, con paciencia, puesto
que la carretera es verdaderamente complicada.
Si elegimos la ruta más patrimonial, antes de llegar a Ripoll,
nos encontraremos con el desvío al monasterio de Sant Joan de
les Abadesses. En noviembre y diciembre los horarios de visitas son
de lunes a viernes de 10 a 14 y sábados y domingos de 10 a 14
y de 16 a 18. Se trata de un monasterio de benedictinas fundado por
Wifredo el Velloso en 885 para su hija Emma, que rigió la Comunidad.
En un ambiente tenue que trata de recrear los candiles medievales, nos
encontramos con dos joyas, el famoso conjunto del Descendimiento y los
enigmáticos capiteles de hombres unicéfalos que se tiran
de las barbas. En la rectoría adjunta al monasterio, se ha organizado
un pequeño museo.
Si vamos apurados de tiempo, nos tendremos que olvidar de Sant Joan
para dirigirnos directamente a la joya románica por excelencia
de la zona, el monasterio de Santa María de Ripoll. De noviembre
a abril abre de 15:00 a 18:00 y de mayo a octubre, de 10 a 13 y de 15
a 19. La portada de acceso a la iglesia es una de las obras maestras
del arte español. Apodada “la Bibliba en Piedra”,
nos encontramos con toda una profusa decoración con temática
bíblica que apabulla al visitante. El único inconveniente
es la escasa perspectiva con la que podemos observar la obra, ya que
una protección que la aisla del exterior nos impide ganar distancia
para deleitarnos con una vista más general. La contemplación
de todos los motivos representados nos llevará un buen rato,
si pretendemos realizar una lectura completa. Una vez recuperados del
impacto producido por la espléndida fábrica escultórica,
nos adentramos en el claustro, de doble piso, un remanso de paz que
incita al caminar tranquilo con la mirada fija en los espléndidos
capiteles, donde figuras humanas, ángeles y elementos fitomórficos
se combinan para encandilar al viajero. El ala adosada al muro meridional
de la iglesia es la más antigua, data de finales del siglo XII.
Una vez terminada la visita al claustro, nos adentramos en la iglesia,
que como consecuencia de una excesiva restauración ha perdido
su encanto primitivo, aunque no deja de ser interesante. Al exterior,
el monasterio nos brinda una espectacular cabecera.
La opción de la Vall d’en Bas nos permite afrontar la vuelta
con más tranquilidad, disfrutando de un sobrecogedor paisaje
de recortadas siluetas, frondosos bosques y pueblos pintorescos. El
viajero puede perderse en carreteras secundarias para dejarse sorprender
por las pequeñas joyas que nos depare esta bonita comarca.
Mario Agudo Villanueva
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