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Información Práctica

Hoces del Duraton y Sepúlveda (Segovia)

"El Cañón de Castilla "

Tipo de Ruta:

Naturaleza en todo el Parque Natural de las Hoces, arte románico en Sepulveda y Duratón y encanto pintoresco de Sepúlveda..

Duración de la ruta:

Esta ruta mezcla demasiados elementos como para repasarlos todos en una jornada, aunque se puede utilizar un día para ver la parte artística de la comarca y otro para la naturaleza. Para dar una idea solamente el paseo de la ruta de los dos rios nos llevará dos horas, y es la opción que menos tiempo ocupa si queremos acercanos mínimamente al paisaje de las hoces. Si optamos por la aventura en piragüa seguramente tendremos que renunciar a visitar el casco de Sepúlveda. Lo mejor sería buscar un alojamiento y hacer la ruta en un fin de semana.

Como llegar:

Por la carretera de Burgos A-1, entramos en la provincia de Segovia hasta la localidad de Castillejo de Mesleón, para tomatr el desvio señalizado que desde este punto nos lleva hasta la localidad de Sepúlveda, punto de inicio de la ruta.

Restaurantes:

Sepúlveda es una de las referencias gastrónomicas de Segovia, y por extensión de toda Castilla. Si nuestro bolsillo nos lo permite no deberíamos irnos sin probar su famoso cordero asado en los muchos figones de la villa. Cualquiera de ellos son recomendables, pero yo voy a destacar aqui Casa Paulino. Se encuentra situado en la calle que da acceso a la plaza Mayor viniendo desde la A-1, a pocos metros de aquella. Además del cordero asado, tienen unos entrantes y unos pinchos muy variados para abrir el apetito; su precio ronda los 20-24 euros por cabeza. De todos modos, si nuestra intención es llevarnos comida de casa, hay algunas buenas oportunidades para disfrutar de un picnic. Hay un merendero y algunas mesas en el puente de la carretera de Villar de Sobrepeña, al cruzar el rio Duratón. Es un lugar sombreado, muy acogedor y agradable. También hay algunas mesas al final de la pista de acceso a la ermita de San Frutos, en el aparcamiento, aunque en este caso hemos de cuidar los días de mucho calor, porque hay pocas sombras.

Horarios visitas:

Duratón: las llaves de la iglesia las tienen en la última casa del pueblo, a la derecha, en dirección a la iglesia.

Sepúlveda: la mayor parte de las iglesias, excepto el santuario de la Virgen de la Peña sólo se pueden ver desde la oficina de turismo, en visita guiada. Las salidas tienen lugar a las 10:30 y 12:30 por la mañana, y a las 16:00 y 17:00 horas por las tardes. Son muy recomendables, porque nos permiten descubrir rincones ocultos de la localidad, que esconde muchas más sorpresas de las aparentes. La visita guiada se prolonga por espacio de 1 hora y media aproximadamente. Es recomendable llamar antes al Tlf · 921 540 237
para asegurarnos de que se realizan estas visitas en jornada laborable o están a expensas del número de turistas participantes. La virgen de la Peña suele permanecer abierta buena parte del día.

El centro de interpretación del Parque Natural de las Hoces del Duratón permanece abierto de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 19:00 horas, en la antigua iglesia de Santiago. Es de visita obligada antes de conocer el parque, y en eél nos podrán informar de todos las posibilidades.

Cartografía:

Aunque no es necesario, recomiendo el mapa de la organización Sepúlveda Verde, que venden en la Tienda Verde, en la calle Maudes.

Consejos Útiles:

No es nada recomendable hacer esta ruta con mucho frio o mucho calor. Excepto la zona de las hoces, el resto del paisaje está demasiado expuesto a las inclemencias meteorológicas.

Compras:

No debemos irnos de Sepúlveda sin comprar sus conocidas rosquillas, huecas, poco horneadas y con clara por encima. Las venden en cualquier panaderia o pasteleria del pueblo.

 

A pesar del elevado número de visitantes que recibe esta zona, uno no deja de sorprenderse cuando la visita en varias ocasiones, del tremendo y súbito tajo que ha excavado aquí el rio Duratón. Cuando hemos dejado atrás las elevaciones de Somosierra y vemos en el horizonte la inmensa extensión de la meseta castellana, no esperamos encontrarnos tan pronto con un cañón de estas dimensiones. Admirado desde la ermita de San Frutos es un lugar de una magia especial, destacable sobremanera al atardecer cuando los rayos del Sol nos transportan a otros lugares quizá más exóticos, como los desiertos de Siria o los abismos del Colorado.

Nuestra ruta comienza poco antes de llegar a Sepúlveda, a unos tres kilómetros, cuando debemos desviarnos hacia la localidad de Duratón. Esta minúscula aldea, alberga, a unos 500 metros a la derecha, nada más entrar, una de las joyas más extraordinarias del arte románico en toda la provincia de Segovia. Se trata de la iglesia de la Asunción de María. Para conocer su interior debemos pediglesia de Duratónir las llaves en el pueblo (ver Información Práctica). Enclavada en medio del campo, lo primero que llama la atención es su galeria porticada, con todos sus capiteles decorados con una exquisitez absoluta. No debemos dejar sin identificar aquel que muestra el Nacimiento de Cristo, la adoración de los Magos, y muchos otros repletos de animales fantásticos. En la portada de acceso al templo podemos admirar otros muchos relieves, como el que muestra a una sirena o en el que aparece un centauro. Ambos animales simbolizaban las pasiones desinhibidas que pueden arrastrar al hombre al pecado. El interior de la iglesia se nos presenta con una armonia difícil de describir, especialmente en la cabecera, con una iluminación sorprendente. Destacan en los arcos del ábside los relieves de Sansón entre los leones y los del profeta Daniel, muy evidentes gracias también a su magnífico estado de conservación. Es una iglesia que todavía hoy esconde a los investigadores algunos misterios, puesto que en sus alrededores se han localizado una necrópolis de orgen visigótico y algunos restos de un posible templo romano.

Continuamos nuestro camino y llegamos hasta la localidad de Sepúlveda, "la ciudad de las siete puertas" llamada así por estar totalmente cercado salvo en los siete puntos mencionados. Algunas de estas entradas aín conservan su aspecto medieval. La mejor vista se obtiene desde la carretera que viene de Castilnovo, pero lo cuierto es que desde cualquier punto, la villa ofrece una estampa formidable, desparramada por las laderas fluviales del rio Duratón, que aquí comienza a quebrar la piedra para sumergirse en el fondo de su cauce. Su recorrido es Sepúlvedaperfectamente visible por la vegetación de ribera que lo acompaña, auténtico vergel en la dura aridez mesetaria. El pueblo no es excesivamente grande, tendrá unos 1500 habitantes, pero como podremos comprobar vive (y mucho) del turismo y de la hosteleria. Lo primero que debemos hacer es dejar el coche en los aparcamientos públicos que nos van indicado según entramos, evitando aparcar en la plaza mayor e inmediaciones, nudo de calles estrechas de extrema aglomeración en algunas épocas. Ya a pie, nos acercamos hasta la mencionada plaza, presidida por los restos de su castillo, herencia del conde Fernán González, y de su Ayuntamiento. En la oficina de turismo podremos iniciar una visita guiada, si pretendemos dedicar la jornada a admirar el valor cultural y artístico de la zona; en el itinerario que nos proponen visitaremos algunas iglesias que suelen permanecer cerradas, y nos explicaran la historia de la villa y la importancia de algunos de sus palacios, como el del moro o la casa de las conchas. Atravesaremos el arco de la villa, o la puerta del Ecce-Homo, asi llamada por encontrarse una figura de Cristo encadenado encima de su dintel. Conoceremos los restos de la judería y del barrio árabe, y algunos interesantes palacios, como el de los Monos. De los templos a visitar, los mejores ejemplos del románico se sitúan en dos lugares estratégicos. La iglesia de El Salvador, en el punto más alto del pueblo, goza de una privilegiada posición y una planta de mucho empaque. Su estructura recuerda mucho a la iglesia de San Miguel de San Esteban de Gormaz, y data del siglo XI. Un siglo después se construyó el santuario de la Virgen de la Peña, eniglesia de San Salvador un extremo de la villa que se asoma ya al cañón del rio, y desde el que se goza de una magnífica vista. Este santuario ofrece mejores ejemplos de escultura románica, especialmente en su portada principal presidida por un Pantócrator muy propio de las iglesias situadas mucho más al norte, con la colección de 24 ancianos rodeando al Tetramorfos (símbolos de los evangelistas). El nombre de este santuario, nos está recordando la importancia del paisaje carstico en la formación de los cultos de la villa, porque la Peña a la que se refiere son las cuevas que se abren en el paisaje y que son visibles en muchos puntos, aunque inaccesibles en su mayoria.

Otras iglesias dignas de interés son la de San Bartolomé, al sur de la plaza, y la de Santiago, que hoy se ha convertido en el centro de interpretación de las Hoces del Duratón, en una función que no ha destruído el patrimonio arqueológico del templo. No debemos perdernos su exposición permanente, construída en parte sobre una necrópolis del siglo XII excavada en la roca, y protegida por metracrilato deFábrica de Luzl trasiego de los visitantes. Es un digno ejemplo de integración de naturaleza y arte para la protección de ambos medios. Desde el centro de interpretación nos ofrecen dos posibilidades principales. La primera es contratar con una empresa especializada los servicios de unas piragüas para recorrer el tramo inundado del rio que atraviesas las hoces. Esta es una opción fantástica, principalmente porque se recorren parajes imposibles de visitar a pie o en coche, y genera una sensación de enfrentarse a una naturaleza en estado salvaje, inesperada en un paraje tan conocido como este. Resulta accesible para cualquier personas, porque las aguas siempre son calmas y mansas, y no requiere una forma física exigente. Si optamos por esta iniciativa debemos reservar una mañana entera para este fin, porque la ruta puede llevarnos alrededor de tres horas completarla, si no queremos hacerla con prisas. Dentro de los lugares que podemos ver desde la piragua destaca sin ninguna duda el Monasterio de la Hoz, ubicado al borde de una península que cierra una de las hoces, y vive entre sus ruinas el recuerdo del derrumbe de su techumbre que salvo, por causa de puro milagro, a toda la comunidad de monjes de una muerte segura. Al monasterio solamente se puede llegar a través del cauce, lo que genera una sensación especial de soledad y recogimiento.

Otra opción, para los menos amigos al agua y a los flotadores, es recorrer parte de las hoces que rodean la villa a través de la llamada Senda de los Dos Rios. Es un camino que parte del mismo centro Senda de los dos Rios de interpretación, dura aproximadamente una hora y media, y recorre el fondo de las hoces en los alrededores de Sepúlveda. Es sin duda una de las mejores opciones para conocer, en un agradable paseo, el ecosistema de ribera del cañón, verdaderamente espectacular en Otoño al teñirse de rojos y amarillos en las choperas y alerces que crecen en el cauce. Es una sensación impresionante, parece como si realmente esta estación utilizara únicamente el desfiladero para hacer su aparición por estas yermas tierras, y se concentrara en apenas unos metros a cada lado del rio. El camino recorre fundamentalmente las orillas del Duratón, cambiando de una orilla a la otra en varias ocasiones, y casi al final se arrima a uno de sus afluentes, el Caslilla, que se une con aquel cerca de Sepúlveda. En el folleto que nos dan en el Centro de interpretación nos incluye un croquis con el itinerario del paseo, por lo que no es necesario seguir ninguna clase de mapa adicional. Especialmente recomendables para hacer fotografías son el puente de la fábrica de la luz, que se cruza al poco de iniciar la ruta, y la pasarela de madera que en un estrechamiento del roquedo sobre el rio, nos permite elevarnos ligeramente frente al asombroso bosque de galería. Es difícil imaginar, en un día soleado, un paisaje más sugerente para ilustrar los colores de la otoñada.

La ruta es circular, por lo que más tarde o más temprano (en función de nuestro ritmo), regresaremos a la villa de Sepúlveda por una empinada cuesta que nos lleva al punto de partida. Si lo deseamos podemos recuperar fuerzas en aHoces del Duratónlgunos de los muchos asadores de la zona, aunque también tenemos la opción de comer en el campo si el tiempo acompaña. De ser así, lo mejor es dirigirnos con el coche hasta el puente de Vilaseca, a unos diez kilómetros de Sepúlveda, camino de la ermita de San Frutos. El Puente de Vilaseca es el único paso asfaltado del rio Duratón en el tramo del Parque Natural; la pista aprovecha una rebaja en las alturas de los acantilados para alcanzar la ribera junto a un bosque de galeria lleno de agradables praderas. Además hay un pequeño chiringuito en el que comprar bocadillos o disfrutar de una auténtica comida campera, muy recomendable. Desde aquí, hemos de continuar hasta hasta la pequeña localidad de Vilaseca y tomar un desvio a mano izquierda bien señalizado, que nos lleva por una pista de tierra hasta la ermita de San Frutos, lugar de romería y devoción de toda la comarca. El tramo de pista se prolonga durante unos cinco kilómetros, en buen estado generalmente, hasta llegar a un gran aparcamiento protegido por empalizadas donde nos vemos obligados a dejar nuestro vehículo. Lo cierto es que es un lugar con suficiente trasiego de turismos como para que las autoridades se hubiesen encargado (hace ya tiempo) de asfaltar estre tramo.

Proseguiremos a pie durante más o menos un kilómetro por la pista, traspasando la valla que impide el paso de los coches, hasta la misma ermita, visible casi desde el parking. El espectáculo es sobrecogedor, el templo se alza sobre una península asomada al rio y Ermita de San Frutoscon un cortado de unos 100 metros de caida. La ermita es de origen románico, y albergó en el medievo a una comunidad de monjes venida desde el Monasterio de Silos, en Burgos. Hoy se puede admirar la iglesia, en buen estado de conservación y algunas de las ruinosas dependencias de lo que fue el cenobio (la iglesia suele permanecer cerrada la mayor parte del año). En el fondo, la vegetación de ribera que acompaña al Duratón hasta el puente de Vilaseca, ha sido sustituida por el ensanche del cauce, inundándolo por completo, al estar próximo el embalse de Burgomillodo. Esto es lo que ha permitido que esta parte del cauce sólo se pueda visitar en piragua. De hecho, solamente existen dos vias de acercamiento a pie sobre esta parte del Parque, una la ya comentada de San Frutos, y otra mucho menos conocida, en una pista asfaltada que parte de Sebulcor, al sur, y que nos permite asomarnos, en un ligero paseo hasta los cortados del Monasterio de la Hoz. Desde estas soledades, es muy fácil avistar el majestuoso vuelo de los cada vez más abundantes, buitres leonados, que encuentran en este hábitat, su escenario vital perfecto.

 

Alfredo Orte Sánchez.