Tipo de Ruta:
Naturaleza, pueblos pintorescos y patrimonio
artístico
Duración de la ruta:
Desde Barcelona se puede hacer en un día,
aunque sería recomendable dedicar un fin de semana. Desde Madrid
es imprescindible dedicar más de cuatro días.
Como llegar:
Por la AP-7
desde Barcelona en dirección hacia Girona, nos desviamos en Sant
Celoni y tomamos la comarcal que se adentra en el Parque.
Restaurantes:
Podemos comer en cualquiera de los
pueblos del Parque Natural, pero es recomendable hacerlo en el núcleo
de Montseny. Can Barrina, De la Costa y San Bernat son los restaurantes
más recomendables de la villa.
Alojamiento:
En Can Barrina, en el pueblo de
Montseny, nos podemos alojar también. El teléfono es 938473065.
Si disponemos de presupuesto, podemos alojarnos en alguna masía,
La Morera está en la localidad de El Brull, se trata de una masía
del siglo XVII rodeada de alcornocales y robledales. En el Montseny tenemos
Can Cervera, situada en una finca agrícola dentro del parque. Finalmente,
en San Marçal, nos podemos alojar en un monasterio románico
del siglo, pero el presupuesto se nos dispara.
Compras:
En Vic podemos comprar estupendos embutidos en cualquiera
de las tiendas del casco antiguo.
Horarios visitas:
Oficina de turismo (93 886 20 91). Catedral de Vic,
10 a 13 y de 16 a 19 (todos los días). Museo Episcopal, Martes
a viernes de 10 a 13 y 15 a 18 (de octubre a marzo) y de 10 a 19 (de abril
a septiembre). Sábado de 10 a 19. Domingo y festivos, de 10 a 14.
Lunes cerrado.
Cartografía:
Es recomendable adquirir un mapa de la zona de la editorial
Alpina.
Consejos Útiles:
La carretera comarcal que circula por el interior del
parque es tremendamente serpenteante. Es necesario circular con precaución
e informarse antes del tiempo, puesto que nos podemos encontrar con nieve
según la época del año. Si vamos a caminar durante
muchas horas, conviene llevar calzado adecuado, agua suficiente y alimentos
salados para no recuperar fuerzas.
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Imaginaos por un instante caminando sobre un multicolor
manto de hojas que amortiguan nuestros pasos, rodeados por hayas y robles
cuyas altivas ramas entretejen un laberinto que se hiergue cual bóveda
vegetal cuidadosamente elaborada, acompañados por el rumor del
agua cristalina que desciende alegre y pura ladera abajo y abriéndonos
paso entre la bruma que difumina los contornos de nuestro más
inmediato horizonte. Esta bucólica escena, de la que pareciera
que en cualquier momento un hada o cualquier otro ser del bosque pudiera
salir a nuestro encuentro, no es otra que la que nos ofrece una agradable
caminata por el hayedo de Santa Fé, en el Parque Natural del
Montseny, Barcelona.
El Parque
La variedad es la nota predominante de este parque. En él podemos
disfrutar de los tres dominios biogeográficos de la Europa Occidental,
combinados con núcleos rurales tan pintorescos como el de Montseny,
donde podemos disfrutar de extraordinarios embutidos catalanes como
la butifarra. El sector bajo, hasta los 900 metros, está dominado
por la encina y el alcornoque, aunque nos encontramos también
con grandes masas de pinos fruto de la repoblación. Si seguimos
ganando altura llegamos al reinado del roble melojo y del castaño
que dan su paso al sector eurosiberiano, que llega hasta los 1600 metros,
donde aparecen los hayedos y robledales, salpicados en los valles de
Santa Fé y Matagalls por abetos, que forman un interesante bosque
mixto con las especies anteriores. Finalmente, en las partes más
altas, el dominio boreoalpino, presenta un paisaje de matorrales y pastos
de alta montaña. Es este último el sector más solitario
y salvaje del parque, el Turó de l’Home y les Agudes.
Tras
salir de Barcelona en dirección a Girona por la AP-7, tomamos
el desvío que sale hacia Sant Celoni, desde donde cogemos la
comarcal que se adentra en el Parque, por cierto, hemos de circular
con precaución porque se trata de una carretera de montaña
con continuas curvas y pendientes. Contagiémonos, por tanto,
del paisaje y olvidemos las prisas.
Vamos a proponer cinco rutas por los diferentes paisajes de la zona,
lo más recomendable es elegir una de ellas para no cargar demasiado
el día, ya que para la tarde os sugerimos una visita cultural.
La primera ruta es la del “Sot” de l’Infern. El recorrido
se inicia en el camping de Fontmartina, en cuya entrada encontramos
un sendero que se pierde en un encinar cercano y continúa hasta
cruzar las aguas del “Sot” de l’Infern. El camino
nos lleva hasta el Pla de la Pomera, donde podemos visitar una cabaña
de carboneros muy bien reconstruida. Desde este punto se abandona la
pista para tomar una senda que se dirige hacia la derecha y llega, marcando
un amplio giro, hasta el “Sot” de l’Infern. Aquí
enlazamos con el camino de vuelta al camping, punto de partida de este
itinerario, durante el cual podemos observar un bosque de castaños
cultivados como perchado para aprovechar sus retoños con el fin
de elaborar duelas y aros para los toneles, una actividad cada vez más
olvidada en la zona. El recorrido se completa en unas dos horas.
La segunda ruta nos lleva del collado de Sant Marçal a Matagalls.
Desde Viladrau, localidad famosa por sus aguas, ascendemos hasta el
collado, que une Matagalls con el Turó de l’Home. En este
collado se encuentra una iglesia románica que le da nombre. Nos
adentramos por un camino bien marcado y de fuerte pendiente que nos
lleva a través de un hayedo hasta el Pla del Parany, donde el
paso se hace más cómodo. Ascendemos posteriormente al
collado Pregon, donde encontramos un recordatorio a Pau Casals, famoso
músico catalán. Desde aquí ascendemos al collado
de l’Home Mort para encaminar nuestros pasos hacia el Matagalls,
fácilmente reconocible porque está coronado por una cruz.
El recorrido supone unas cuatro horas de ascenso y tres de descenso,
por lo que hemos de estar en forma si queremos afrontarlo. Otra opción
es recorrer una parte del hayedo y volvernos desde el Pla del Parany.

La tercera ruta nos conduce desde la Fuente de Passavets al Turó
de l’Home. Es la ruta más recomendable si queremos ascender
al punto más alto del parque, 1706 metros. Eso sí, hemos
de preparar nuestras piernas porque el recorrido, como no podía
ser de otra manera, es exigente. El itinerario atraviesa un hermoso
abetal y luego se adentra en un hayedo que nos lleva hasta el pozo de
hielo del Compte. Seguimos nuestro camino hasta el alto de Rocs Cremats,
desde donde tomamos una carretera asfaltada que sube al Turó
de l’Home. La altura nos permitirá disfrutar de extraordinarias
vistas, desde el aserrado perfil de Montserrat hasta la mismísima
línea de costa y, si tenemos suerte, podemos disfrutar de un
espectacular mar de nube, frecuente en la zona. En el recorrido invertiremos
dos horas de ida y una de vuelta.
La cuarta ruta es el llano de la Calma al que accedemos desde el aparcamiento
del Call Formic. Allí tomamos una pista marcada con señales
rojas y blancas (GR-5) que nos lleva hasta el Pla de l’Ase Mort.
Después se llega a los collados de Puigventós y Terrús,
desde donde se obtiene una buena panorámica del llano de la Calma,
el espacio más abierto del Montseny. La pista continúa
hasta las ruinas de El Café, desde donde hemos de emprender el
regreso. En total invertiremos 2 horas.
La última ruta nos adentra en el hayedo de Santa Fé. Llegamos
en coche hasta una de las zonas habilitadas para aparcamiento antes
de llegar a Fogars de Montclús. Es recomendable pasar un par
de kioscos cercanos al embalse para huir de la multitud. El sendero
discurre paralelo a un riachuelo que nos ofrece pequeños saltos
de agua de una gran belleza. Se trata de una ruta muy sencilla, que
se puede hacer en familia, porque el sendero tiene muy poca pendiente
y permite adentrarse en el bosque hasta donde nos plazca.
La plana de Vic
Conviene que la ruta que eligamos nos lleve hacia el norte del parque,
hacia las poblaciones de El Brull, Viladrau, Seva o Mas Vidal, ya que
desde allí podemos acercanos al núcleo urbano de Vic.
Fundada por los Iberos (Ausa), durante la dominación romana (Ausona)
desempeñó un papel fundamental, aun hoy se conserva un
templo de época romana reconstruido totalmente. El conde Wifredo
la libera del poder sarraceno y la bautiza como Vicus Ausonne (de ahí
Vic), se constituye en capital de un condado y se restaura la diócesis,
que pronto adquiere una extensa jurisdicción eclesiástica.
La ciudad reflejó un doble poder: religioso, concentrado junto
a la catedral en la parte baja y civil, en la parte alta, junto al castillo.
Su pasado esplendor todavía puede apreciarse en la parte baja,
en torno a la catedral, donde podemos disfrutar de un magnífico
puente medieval, angostas callejuelas, un lienzo de muralla y un espléndido
museo espiscopal.
En
1038 el obispo Oliba consagra una catedral de planta románica
con tres ábsides, tres naves y un crucero. En 1064 es concluida
con la terminación del campanario, que se conserva aún
hoy con alguna modificación posterior. El templo fue derribado
en el siglo XVIII para construir el neoclásico que se conserva
actualmente. Nos encontramos pues ante un templo ecléctico, donde
podemos disfrutar de frescos del siglo XX, de José María
Sert, junto a una extraordinaria cripta románica y un magnífico
retablo de marmol policromado del siglo XIV.
Próximo a la catedral se encuentra el museo espicopal, en la
Plaza del Obispo Oliba, que alberga extraor dinarias
obras del románico catalán. Allí podemos encontrar
el Cristo del Descendimiento de Erill-la-Vall, el Antipendio de Sant
Sadurní de Rogers, el Antipendio de Espinelves, pequeñas
piezas románicas (arquetas, incensarios, lipsanotecas, báculos,
herramientas o esmaltes) y hasta tejidos y bordados de la época.
El viajero puede entretenerse en callejear por el casco antiguo de Vic,
repleto de sorpresas, hasta dar con otro de sus elementos característicos,
su pintoresca Plaza Mayor. De enormes dimensiones, refleja el eclecticismo
que caracteriza a toda la ciudad. Un aire medieval se mezcla con edificios
modernistas para conformar un perfil característico que nos invita
a sentarnos en alguno de los restaurantes de sus soportales para disfrutar
de un momento de merecido reposo tras nuestra larga ruta.
Mario Agudo Villanueva
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