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Información Práctica |
Parque Arqueológico de Carranque (Toledo) “Ave Cesar, bienvenido a casa de tu amigo Materno” |
Tipo de Ruta: Cultural, visita a un parque arqueológico en un cómodo paseo. Duración de la ruta: Esta muy cerca de Madrid,a unos 35 kilómetros, se puede emplear una mañana en ver el yacimiento. Si deseamos pasar una jornada completa, es recomendable continuar la ruta hasta la ciudad de Toledo para seguir disfrutando de sus innumerables rincones. Como llegar: Tomamos la carretera de Toledo hasta la localidad de Torrejón de la Calzada, donde nos desviamos por la M-404, dirección Griñón, y pasada esta localidad giramos a la izquierda siguiendo la señalización a Carranque, ya en la provincia de Toledo. Al llegar a este pueblo, no tenemos más que seguir las indicaciones de la carretera al Parque Arqueológico, disntante unos 6 kilómetros de la localidad. Al final de la pista asfaltada hay un pequeño aparcamiento habilitado para dejar nuestro vehículo.
Restaurantes: Hay un par de restaurantes en el pueblo de buena prestancia según me cuentan, aunque a falta de una comprobación directa, siempre tendremos la ciudad de Toledo y su amplia oferta a tiro de piedra. Horarios visitas: Del 15 de abril al 15 de septiembre: Cartografía: No resulta necesario ningún mapa adicional a la tradicional e imprescindible guia de carreteras actualizada. Consejos Útiles: El yacimiento cuenta con una página web muy completa, en la que podremos obtener toda la información práctica que necesitemos para hacernos una idea de lo que vamos a ver: ENLACE DIRECTO
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El espacio comprendido entre Madrid y Toledo, se asemeja desde la carretera a una sucesión initerrumpida de ciudades dormitorio, chalets adosados, desguaces de automóviles y naves industriales, que dejan poco lugar para imaginar cómo se encontraban estos parajes hace unos siglos, o más aún si cabe en la imaginación, dos milenios. Por ello cuando el viajero se desvia de estos caminos, alcanza la cada vez mayor villa de Carranque, y se aproxima a su parque arqueológico, una extraña sensación nos invade, como si presentiéramos que estamos a punto de protagonizar el descubrimiento de un inmenso tesoro. Una de las claves para entender porqué es tan importante este yacimiento arqueológico, reside en el hecho de que fue descubierto por pura casualidad, mientras un vecino de la localidad realizaba a Una vez que cruzamos el moderno y anacrónico puente que salva las orillas del Guadarrama, tras haber dejado el coche en un pequeño aparcamiento en medio del campo, sentimos que saltamos en el tiempo hasta trasladarnos a la época en la que los grandes patricios eran dueños y señores de provincias enteras, y gozaban de algunos privilegios que serían impensables siglos más tarde. Al otro lado del puente, y siguiendo un caminito enlosado, enseguida acertamos a ver un edificio de nueva fábrica habilitado como centro de interpretación, donde podremos comprar las entradas, y de imprescible recorrido por su museo y su proyección audiovisual, que nos ilustrará sobre lo que vamos a ver. En el centro nos explicarán que la villa romana que vamos a ver perteneció a Materno Cinegio, pariente y colaborador personal del emperador Teodosio, que tras su paso por Roma decidió volver a casa con unos "ahorrillos" y construirse una enorme villa en la que no faltaba de nada, desde una gran sala de recepciones oficiales, hasta una basílica para un culto personal, pasando por un ninfeo, y diversas instalaciones para el uso y el disfrute personal, como molinos para moler el trigo, calefacción y agua corriente. El video que podremos ver incluye una reconstrucción por ordenador de cómo estaban configurados los edificios en el momento de su construcción, lo que completa un primer acercamiento muy didáctico al conjunto, ideal para el aprendizaje de niños y mayores, que a más de uno sorprenderá por el enorme patrimonio que guardaba (y guarda) la ribera del Guadarrama. A la salida del centro de interpretación nos darán un folleto con un pequeño plano que nos facilitará la visita "in situ" del yacimiento. Lo primero que veremos serán los restos de la basílica, del siglo IV, que fue posteriormente reutilizada en época visigoda y después por los árabes. Una vez recuperado el sitio por los cristianos, el lugar fue dominio de los templarios, que sobre los cimientos elevaron la iglesia de Santa María de Batrés donde se sabe que fundaron una abadía. Posteriomente sufrio diversas transformaciones y se erigio otro templo que permaneció en pie hasta 1920. Sorprende el gran número de tumbas que en la actualidad podemos Más allá de la basílica, y siguiendo el itinerario guiado, nos encontramos con los restos del ninfeo, una suerte de templete que escondía en su interior una fuente ornamental para mayor gloria de las ninfas, divinidades de las aguas. Del templete únicamente podremos observar la base y el contorno de los muros que lo formaban, y un diseño infográfico sobre cómo podía ser en el momento de su construcción. Continuamos nuestro recorrido para llegar al "plato fuerte" de la visita, la villa romana, que hoy en día se encuentra protegida de las inclemencias del tiempo mediante un falso y enorme techo artificial, y que puede verse desde casi todos los rincones del yacimiento. Desde 1985 se han acometido diversas labores de restauración, y hasta hace poco más de un año, no era visitable para el gran público. En la parte inferior de la nave se abre la entrada al visitante, que recorre las estancias mediantes pasarelas metálicas suspendidas sobre la estructura de las diferentes estancias. Una vez dentro sorprende las dimensiones de la villa, de grandes proporciones. En la entrada nos explican cómo esta villa se convi Más adelante podremos ver el oecus, o sala de recepciones, donde se celebraban grandes banquetes, y cuyo mosaico principal representa la muerte de Adonis, cuyo amor con Venus fue descubierto por Marte quién, celoso de la relación, envio un jabalí para acabar con su vida. En la parte inferior aparece una lanza rota, símbolo de la purificación de la virilidad perdida por el orgullo y La villa romana la completaban una biblioteca y otras salas anexas para el servicio, muchas de ellas decoradas también con mosaicos aunque ya de tipos geométricos, sin motivos figurativos. Una vez fuera de la casa de Magencio, no deberíamos concluir nuestra visita sin conocer los curiosísimos molinos instalados en la ribera del rio, que servían para moler el grano del trigo y otros cereales, o bien para la fabricación de útiles de cobre o de hierro. Los actuales restos se corresponden con una época más tardía, quizás del siglo VIII o IX. Estos molinos se sitúan en un paraje que aunque relegado por los restos arqueológicos a una importancia secundaria, merecen un paseo para admirar su gran riqueza en flora y fauna, acompañados por el plácido cauce del Guadarrama que ha visto pasar la historia del hombre en sus riberas desde hace más de dosmil años...
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