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Franz von PAPPEN: MEMORIAS

A lo largo de más de seiscientas páginas, el autor sigue escrupulosamente las pautas convencionales del género, desgranando las distintas fases de su vida profesional y pública al germánico modo; la primera de ellas, la época militar, responde tanto a la vocación personal como a la tradición de la familia; pertenecer al ejército, en la Alemania del II Reich, era además altamente prestigioso y permitía, asimismo, la promoción por el talento; por ello pronto pasa a formar parte de los efectivos del Estado Mayor, a través del cual entrará en contacto con el mundo diplomático. Conjunción de ambos mundos será su siguiente etapa, que él define como primera época diplomática al ser destinado a la embajada alemana en Washington poco antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Una vez ha estallado el conflicto, se dedica a labores de información, es decir, de espionaje, al menos a los ojos de los aliados. Vuelto a Alemania en 1917, tras la entrada en guerra de los Estados Unidos, pasa a Turquía, potencia aliada a los Imperios centrales, como consejero militar, oficial de enlace en el Estado Mayor del ejército turco exactamente. Su acción se desarrolla en las fronteras meridionales, en Siria y Palestina, trabando amistad con los futuros dirigentes, también militares, de la Turquía kemalista.

Con la derrota, se separa del ejército y pasa a la vida privada, dedicándose a la administración de sus fincas, lo que le lleva a integrarse en un sindicato agrícola. Este será el origen de su vocación política, pues por tal vía accederá por vez primera al Parlamento y, ya en él, entrará a formar parte del partido demócratacristiano (el Zentrum). Pronto alcanza una posición de liderazgo que le permitirá, tras la dimisión de Brünning y el fracaso de la coalición socialcristiana convertirse en el hombre de confianza del presidente Hindemburg, con lo cual llega a la Cancillería y en ella permanece durante un breve período; logra ventajas en Lausana, pero no consigue convencer a los aliados para que ayuden a Alemania en un momento de gravísima crisis económica. Tampoco consigue, y lo reconoce, hacer triunfar su política de centro-derecha. Ante la brutal alternativa posterior (apoyar a Hitler o al partido comunista, fuerzas emergentes y decisivas en el nuevo Reichstag), se considera en condiciones de lograr influir en el primero para llevarle a practicar una política moderada; de este modo, en coalición con él y con otras pequeñas formaciones nacionalistas, forma parte del gobierno nazi implantado a principios de 1933; es el vicecanciller, pero poco a poco se verá desbordado e incluso su vida estará en peligro ante el fanatismo de sus socios, que lo consideran un elemento del pasado, un conciliador fuera de lugar. Quizá para protegerlo físicamente, Hitler lo nombra embajador en Viena, y, tras la anexión de Austria por el III Reich, por el mismo motivo anterior, lo designa embajador en Turquía, país cuya política exterior, neutral, podía decantarse a favor de Alemania por tradición y por ciertas similitudes entre los idearios de ambos Estados. Muerto Kemal Atatürk, su sucesor, Inonü era un viejo conocido de von Pappen, lo que facilitará a éste su trabajo, pero sin llegar a conseguir que se hiciera realidad el proyecto germano de involucrar al país en la guerra; a pesar de ello, la embajada fue un foco activo de información (caso Cicerón) del que el autor no se siente sino pieza secundaria por su poca fe en el resultado de la contienda. Esta es, pues, su segunda fase diplomática, tras la cual, tendrá que responder en Nuremberg a las acusaciones que le hacían corresponsable de la política hitleriana. El tribunal lo absuelve por considerar que no contribuye ''conscientemente'' al desencadenamiento de la guerra, pero le reprocha, sin embargo, su excesiva confianza en la moderación del régimen nacionalsocialista. Y así acaba su trayectoria pública, vuelve a la vida privada y, mediante estas memorias (publicadas en castellano en 1953) intenta lavar su imagen y dar su versión particular de lo que fue la Alemania a la que sirvió durante tantos años.

Von Pappen era, ante todo, un hombre ''de orden''. Educado en una sociedad tradicionalista, orgullosa de sus servicios a la monarquía prusiana (a pesar de ser católico), ve en el mundo del II Reich la expresión acabada del espíritu germánico. Para él Alemania es occidental, pero Occidente la rechaza. Von Pappen considera perjudicial el que cayera la monarquía luego de la derrota, juzga inoperante a la República de Weimar por ser una contradicción de la tradicional política germana y ve en uno y otro caso la razón explicativa del callejón a que se llegó en vísperas de la subida de Hitler al poder.

Por ello, la época más comentada, por su protagonismo personal, será la de los inicios de los años treinta. Según él, y no tenemos por que dudar de su sinceridad, la entrada de los nacionalistas en el gobierno serviría para responsabilizarlos, dejando su oposición sistemática y reduciendo su radicalismo; creía que Hitler, en contacto con los conservadores del Zentrum, viraría hacia una postura más comprensiva. Hasta bien comenzada la guerra Pappen sigue considerando a Hitler una víctima de los extremistas de su propio partido y Hitler no quiso hacer nada por desmentir esa opinión; sin embargo, el espectáculo de furor revolucionario nacionalsocialista y la muerte por asesinato de algunos colaboradores suyos (del memorialista) le sumen en la duda más profunda. En el dilema de cortar amarras (huir) o quedarse para influir en lo posible en las decisiones de Hitler, decide esto último, contra su conciencia de hombre culto, pacífico y bien intencionado.

Podíamos identificarlo como una víctima de las nuevas tendencias políticas contemporáneas, del totalitarismo, fenómeno que quizá para él resultaba incomprensible o al que creía ingenuamente pura palabrería incompatible con el conocimiento de la realidad del gobierno y las obligaciones éticas que ello implica? Fue alguien que no quiso ver como tantos de sus compatriotas, la verdadera cara del nuevo régimen? Hubo cobardía moral en su actitud o, como tantos, se limitó a sobrevivir del mejor modo posible? Con su ayuda o sin ella, probablemente Hitler hubiera llegado, de todos modos al poder, y, por tanto, habría que despejar en su favor esa responsabilidad terrible. Sólo queda una evidencia que no incluye juicio moral: no se puede negar que fue un negociador en la época de los cañones.


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