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Vicente PALACIO ATARD: NOSOTROS, LOS ESPAÑOLES

Esta ''Breve Historia de España'' viene precedida, a lo largo del siglo XX, por otras tres de dimensiones similares pero con muy distintos planteamientos y fortuna. La primera de ellas (la ''Historia de la Civilización Española'' de Rafael Altamira), ligada a la filosofía de la Institución Libre de Enseñanza y la metodología alemana, quedó encerrada en los ambientes intelectuales y profesionales de los que provenía y su difusión fue escasa; hoy es prácticamente desconocida y sus criterios han sido rebasados con creces. Mucho más cercana a nosotros, por ser redactada tras la guerra civil y la Segunda Guerra Mundial, es la ''Aproximación a la Historia de España'', de Jaime Vicens Vives, de la que se ha tratado extensamente; aquí hay que decir, en todo caso, que no pudo cumplir una función divulgadora al exigir del lector - a pesar de la enorme claridad de la exposición - unos conocimientos previos poco comunes en nuestra sociedad; también, por ello, se difundió menos de lo que merecía, pero el paso del tiempo, lejos de amortizarla, la ha revalorizado, si bien ha salido por desgracia del circuito de los libros recomendados en las aulas. Una tercera tentativa nos vino de fuera, pero por un historiador prestigioso como especialista en la historia moderna española, sobre todo catalana, el hispanista francés Pierre Vilar; su Historia de España tuvo un éxito enorme que desbordó el mundo de los habituales aficionados al tema, convirtiéndose en una especie de sencillo catecismo para militantes o simpatizantes de ideologías de izquierdas; tras una somera incursión en nuestro pasado, más de la mitad de la obra se ocupa de los antecedentes de la Guerra Civil, de ésta y de la España de Franco siguiendo la más escrupulosa ortodoxia marxista, fácil de asimilar y de servir, a su vez, de eficaz plataforma divulgadora para la asimilación del esquema por parte de masas relativamente numerosas que precisaban un soporte mínimo en el cual fundamentar su análisis de la realidad política posfranquista. En la actualidad, es evidente que, salvo en las zonas residuales de tal ideología, el libro ha perdido todo su interés, aunque justo es reconocerle que algunas de sus interpretaciones se han consolidado en la opinión pública como tópicos difícilmente revisables al coincidir todavía - no sabemos hasta cuándo - con la orientación emanada del mundo oficial universitario, cuya inercia en este sentido es preocupante.

Como excepción a esa tendencia, sin pretensiones ideológicas ni pretensiones de originalidad, Palacio Atard, una de las grandes figuras de la historiografía española de las últimas décadas, nos proporciona aquí unas reflexiones que son, al mismo tiempo, un testamento profesional de un investigador serio y la honrada actitud vital de un hombre de su tiempo, que ha aprovechado la privilegiada posición de espectador consciente de la realidad profunda.

A pesar de lo sucinto de la introducción - nueve páginas -, su contenido merece tanto interés como el resto de la obra. En efecto, en aquélla nos sugiere unas fértiles ideas que, por desgracia, se limita a enunciar, pero que a buen seguro, recogidas por algún discípulo, podrían tener una más amplia cobertura: para él, la historia de España se perfila alrededor de seis momentos cruciales, lo que él llama ''Las seis fundaciones de España'' (seis virajes diría Reglá) decisivos en nuestro pasado; la primera coincidiría con la romanización, que tuvo dos efectos: crear lazos de solidaridad entre todos los pueblos peninsulares, antes desprovistos de objetivos comunes, y la ''recreación política, administrativa y cultural que Roma emprendió...y desarrolló durante seis siglos''. La etapa visigótica no es otra cosa, como también opinaba Vicens, que una prolongación de la romanización al asumir los invasores los valores de los vencidos.

La segunda fundación, llevada a cabo por los elementos hispanorromanos y visigodos conjuntamente, con el cristianismo como bandera, coincide con la Reconquista: ''cuando mayor era el peligro de desaparición de la herencia hispana, la misma adversidad generó nuevas fuerzas para rehacer esa entidad histórica''. Lo largo y trabajoso del proyecto permitió incorporar además a esa nueva entidad otros ''aportes'', tanto ultrapirenaicos como procedentes de las culturas islámica y hebrea ''fruto de la yuxtapuesta convivencia secular''.

Como todo el mundo supone, la tercera se debe a los Reyes Católicos. Su proyecto de integración - si no legal, al menos de objetivos - entre los pueblos de España, ampliado por la incorporación del Nuevo Mundo pero desviado por las necesidades de la política europea de los Austrias, va a fracasar al derivar en una concepción de la modernidad distinta y contrapuesta a la triunfante en Europa, lo que nos llevará a la decadencia. Este fracaso y esa divergencia, sin embargo, no corresponderían así al siglo XVI, que, según palabras de Federico de Onís (1932), recogidas por Palacio Atard, se caracterizó por ''salvar todo lo que la civilización moderna necesita y por integrarlo en una unidad superior moderna''; es una interpretación que proviene, curiosamente, de un intelectual republicano de manifiesta raigambre izquierdista.

La cuarta fundación de España tiene ya una variante decisiva respecto a la anteriores: ya no abarca a toda la Península; Portugal, definitivamente, sigue su propio camino (''Dualismo ibérico''). Y en su contenido tendrá dos manifestaciones: la introducción del modelo centralizador de influencia francesa, vertebrado alrededor de Castilla, y la apuesta por el desarrollo económico. Como consecuencia de la ola revolucionaria, también originada en Francia, este modelo será sustituido por otro, que traerá consigo una quinta fundación de España iniciada por la labor de las Cortes de Cádiz y completada lentamente a lo largo de todo el siglo XIX. El progresismo liberal será su guía, en vez del despotismo ilustrado, pero asumiendo del programa anterior el principio centralizador dará paso a tensiones que rechazaban la uniformización; portavoces de tales tendencias particularistas serán los regionalismos nacionalistas, disconformes con el reformismo absolutista y con el liberal hasta, en algún caso, en lo que de proyecto común tenían.

''Así llegamos al momento actual en que se intenta (1991) la sexta fundación de España sobre la base del Estado de las autonomías. Este momento es todavía una historia in fieri, presente y futuro que ha de hacerse. Por ello, ése es el dominio de la política y de los políticos, y aquí el historiador debe cederles la palabra''. Pero la experiencia histórica no debe ser desoída por quienes tienen la responsabilidad de configurar el nuevo modelo, pues el énfasis puesto ahora en lo local (incluso a nivel de la visión del pasado) ''no debe hacernos olvidar que una de las peculiaridades de determinados valores locales consiste en haber servido de apoyo y unión con los demás''.

Los quince capítulos en que se distribuye el contenido son, por otra parte, un magnífico resumen de lo que se podría llamar ''el estado de la cuestión'' de acuerdo con el nivel a que ha llegado la historiografía actual. Presenta, sin embargo, la novedad de los epígrafes, que resultan en algunos casos muy expresivos (''La España recobrada'', para la reconquista; ''Cinco reinos o una España?'', al abordar la etapa de los Reyes Católicos; ''El destino europeo'', refiriéndose así a la política de los Austrias mayores, mientras que el siglo XVII aparece como ''Siglo de Oro, moneda de vellón'', magnífico contraste entre la situación cultural y la económica. Llama la atención el título elegido para agrupar los acontecimientos de la primera mitad del siglo XIX (''Las guerras de los treinta años''), que demuestra la continuidad de la problemática abierta con la Guerra de la Independencia y luego persistente hasta la consolidación del Estado liberal, no sin que nuevos conflictos hicieran inestable el camino emprendido (capítulo 12: ''Hágase la voluntad nacional, pero menos'', versión alterada significativamente de la famosa divisa política de Espartero. La llegada del siglo XX, con las consecuencias del desastre del 98, la cuestión regionalista, la descomposición del sistema de la restauración, la crisis de 1917, el problema de Marruecos y la dictadura de Primo de Rivera, aparece bajo el rótulo de ''Una España que a vivir empieza'', dando así un tono de fondo positivo, de cambios reales en la sociedad, a pesar de la mediocridad y decadencia del mundo político. El intento rectificador de la II República acabará en un fracaso todavía mayor por la misma falta de sintonía de la clase política con el país real, lo que llevará a la guerra civil y al régimen autoritario de Franco, prueba de que ''No fue posible la democracia'' (en clara referencia al título del libro de memorias de Gil Robles ''No fue posible la paz''), como anuncia al relatar, en el capítulo 14, la nueva ruptura de la convivencia pacífica de los españoles. Pero ''Será posible la democracia?'', se pregunta en el último de ellos, abierto en el momento de la nueva restauración (1975). Para el autor, el peligro del fracaso sigue existiendo:

''La democracia política no es un don que viene del cielo. Es una planta delicada a la que se necesita cultivar y que exige a veces sacrificios y voluntarias limitaciones a sus custodios. Uno de los clásicos de la democracia, Alexis de Tocqueville, advirtió hace más de un siglo que la perversión de este sistema proviene de confundir ''ideal democrático'' con ''tiranía de la mayoría''. Y uno de los clásicos de nuestro tiempo, Franz von Hayeck, en ''El orden político de un pueblo libre'', recordaba hace pocos años que los poderes del Estado han de ser siempre limitados''. Las experiencias democráticas anteriores en España ''fracasaron por la inmadurez política del pueblo, más propicio a dejarse arrastrar por la demagogia del trágala que por la reflexión inteligente y la voluntad de concordia''. Si se supera esta dificultad, dice Palacio Atard, la sexta fundación de España podrá abordar con éxito ''los tres desafíos de nuestro tiempo: la creación del Estado de las autonomías, la integración europea y la fraterna llamada de Iberoamérica''.


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