Para el autor el problema del nombre dado a este período es accesorio y no hay que complicarlo más: busca cuál será el medio remoto de conocer el cambio de Edades y afirma que ello es el estudio de los cambios estructurales en el conjunto de una sociedad. En el caso concreto de la Historia Contemporánea el método, según él, es reconocer los problemas presentes y ver sus raíces en el pasado, método inverso al del historiador corriente; ahí donde aparezcan más o menos conjuntados los primeros síntomas del mundo de hoy comienza la época de transición. Llegado a esto, identifica en los años alrededor de 1590 el comienzo de la transición de una era a otra, y dura hasta 1960, en el que ''la generación de Kennedy'', la generación nacida en los nuevos moldes, toma el poder. Mientras tanto, ha tenido lugar el paso de una sociedad orientada hacia los problemas europeos a otra de proyección universal en todos los sentidos.
''Los cambios científicos, tecnológicos e industriales...constituyen el punto de partida para el estudio de la Historia Contemporánea''. Esto origina dos fenómenos nuevos: el predominio de la vida urbana, con grandes aglomeraciones, y el imperialismo económico, neomercantilismo, que hace del mundo un apéndice de Europa: ''Las colonias europeas, aquéllas formadas por los emigrantes metropolitanos (Canadá, Australia, Nueva Zelanda) adquieren conciencia de sus propios problemas y rompen el bloque monolítico del imperio dirigido por Gran Bretaña. Buscan sus propias alianzas (Bloque ANZ-USA)''. Pero siguen siendo Europa, aunque geográficamente no pertenezcan a ella. El resto de las colonias, gracias a la acción europea, han desbordado desde el punto de vista de la población a las viejas potencias blancas y, de este modo, se prepararán para un futuro en el que contarán cada vez más frente a la empequeñecida Europa.
''La elevación paralela de Rusia y Estados Unidos al rango de potencias mundiales fue, de hecho, el factor decisivo que introdujo un nuevo período en la política mundial''. Europa queda en segundo plano porque sus preocupaciones políticas están fuera de su época. La política mundial, que sustituye a la del equilibrio europeo, pasa a tener sus puntos neurálgicos en las zonas de conflicto entre la URSS y Estados Unidos, en el Pacífico. Europa es algo periférico; frente al malabarismo diplomático de Inglaterra, Francia y el resto de antiguas grandes potencias, se impone un nuevo estilo político más directo.
Desde el punto de vista social, la nueva era significa el paso del individualismo a la democracia de masas, con una creciente importancia de los partidos políticos como órganos efectivos de poder y aglutinadores de masas de opinión (partidos burgueses) y de clase (partidos socialistas).
También Europa se encuentra, a partir de 1945, con que el mundo le pasa la cuenta por su anterior hegemonía, pero haciendo uso de los instrumentos técnicos proporcionados por ella misma, así como de las ideas (libertad, autodeterminación, democracia).
Perdida por Europa esa hegemonía (descolonización), la división del mundo en dos bloques, dos potencias todopoderosas, ha ido acompañada de la división ideológica. El bolchevismo ha dividido al mundo por su carácter universal. El mundo antiguo remozado (Estados Unidos) lucha ofreciendo al tercer mundo soluciones complejas; el otro mundo, el revolucionario, tiene la ventaja, en esa contienda, del atractivo ideológico de su mensaje sencillo y aplicable a cualquier caso. Otro mundo recién desaparecido, el del fascismo, se había caracterizado por intentar defender la antigua sociedad aplicando los métodos operatorios del bolchevismo, y esa contradicción lo hizo fracasar. Frente al futuro, el autor se muestra anticipador del final de la ''guerra fría'' (el libro está escrito en 1964) y cree firmemente en una tendencia a ''acortar el camino'' entre las ideologías por la progresiva desradicalización de posturas.
La caída de las ''síntesis'' culturales de la etapa anterior no ha sido sustituida aún por la llegada de otra síntesis, sino que la cultura ha deambulado entre diversas vías sin encontrar horizontes claros. Dónde está la solución?
La complejidad del tema mismo y el hecho de que se trate de un apriorismo creado por el historiador para su comodidad (la división en Edades) hace que cualquier postura ante ella esté justificada. El autor habla de cambios estructurales como cosa decisiva en la parcelación de la Historia, pero esto no puede ser definitivo porque es muy elástica la importancia que cada cual le da a los hechos, según sus preferencias por largas edades con cambios muy pronunciados (Vicens Vives) o muy cortos (división secular), o bien ateniéndose al predominio de una determinada faceta de la actividad del hombre (economía, sociedad, cultura, ideas, religión). El ritmo de la Historia (de la historia de los hombres, no de los historiadores) parece que exige espacios cronológicos diferenciados cada vez más cortos, y esto daría la razón a Barraclough en cierta medida. Por qué no diferenciar, por ejemplo, una época burguesa (nacimiento político-económico de ésta), de otra de masas, y otra tecnológica por excelencia? En realidad el ritmo de los diversos estratos de la cultura es diferente; antes era más rápido en lo intelectual que en lo técnico, ahora la técnica se adelanta con fuerza inusitada. Ahí está la dificultad esencial de la clasificación. Técnicamente hay tres etapas posmodernas (1789, 1870 y 1945); ideológicamente hay dos todavía (tres desde 1991); culturalmente quizá sólo una. En religión no ha habido cambios fundamentales, ni siquiera la renuncia a ella, especialmente desde el resurgir islámico y del Papado. Es en el campo cultural (intelectual) donde hay más confusión porque no se sabe hasta qué punto se ha respondido a las necesidades del mundo actual. Cuál será, por ejemplo, la función de la literatura dentro de una época determinada? Es una pregunta que queda sin resolver en el libro. Nos atreveríamos a decir, en este sentido que esa función es la de recoger, denunciar, poner en el escaparate los verdaderos problemas de la época; la literatura es, entre otras cosas, información de lo mal conocido, casi de lo oculto: cómo son las relaciones humanas, cómo reacciona el hombre ante el mundo que le rodea, dónde está el criterio moral común y cómo evoluciona, qué se cree y qué se rechaza. Hay que retratar al hombre desde que se levanta hasta que se acuesta, con toda la gama de interconexiones que haya tenido, con todo lo que ha conseguido y todo lo que le falta?