¿Y AHORA QUE…?

Gemma Demarcos. Madrid, Enero 2008.

 

Bueno, ya ha ocurrido.

¿Y ahora qué va a pasar?

Estoy esperando y no se exactamente qué he leído, he oído tantas cosas que no se que pensar.

Veo mi cuerpo aquí al lado. De verlo desde el techo, nada de nada.

Están lavándolo, porque lo que sí es verdad, es el aflojamiento del esfínter, ¡Dios santo, como me he puesto!

En fin sigamos esperando, porque alguien tiene que venir a buscarme.

¿Qué hay de ese famoso ángel de la muerte? Por aquí no ha aparecido nadie, y ya hace… veamos el reloj, dos horas que me morí.

Con que énfasis dijo el médico eso de, “hora de la muerte, las veintiuna cincuenta”, que bien suena en las películas y que mal, cuando a quien se refiere es a ti, que estas como un bacalao seco, esperando a que te cierren los ojos, y no es por que veas nada, que va, no se ve nada desde ese cuerpo, se lo puedo asegurar, es porque das muy mala imagen, esos ojos sin movimiento, fijos en la nada, con esa esclerótica, mas que blanca, amarillenta, toda llena de capilares rotos y de color rojo. Vamos, un espectáculo no muy agradable.

Y menos mal que me cubrieron con una sábana después de lavarme y de hacerme la autopsia, no se por qué, dudaba de que lo hicieran; pensaba, “ya veras como estos imbéciles, me dejan desnuda hasta que vengan los de la funeraria”. Y no es que me importe demasiado, una vez muerta, que todo el que pase me mire, sobre todo las tetas, que no es por presumir, pero el doctor Sangüesa, que me las operó, hizo un buen trabajo. Hay que ser la dueña, o sea yo, para ver las cicatrices, además, la forma de las prótesis es estupenda, totalmente naturales, así que no me extraña, que despierten deseo, en todos los hombres que las ven, y envidia, en todas las mujeres.

Lo que pasa es, que hay que tener un poco de respeto por un cadáver, que ya no se puede defender.

Bien, ya estoy guardadita en un nicho, de esos que se ven en las películas, en las salas de autopsias, todos de acero inoxidable, sobre esa especie de camilla, también de acero, que puede extraerse para sacar y meter los cadáveres… y que tiene una pinta de estar helada, que no veas, casi, casi, como el cadáver que este encima. La verdad es que a mi ya no me preocupa.

Todas estas elucubraciones no son más que una forma de hacer tiempo.

A quien corresponda… yo sigo esperando.

¿Dónde esta ese túnel de luz, tan famoso? No lo veo por ninguna parte, y mira que miro. O esta escondido y hay que buscarlo, o a mi no me corresponde ir por él. Si es así ¿por qué será? No tengo ni idea.

Digo yo, que sería un detalle, que, de alguna forma que no puedo imaginar, nos dieran a los muertos un libro de instrucciones, algo que nos aclarara qué es lo que se supone tenemos que hacer en cada momento, dónde tenemos que ir, si tenemos que visitar, para despedirnos, a nuestros deudos, o si es conveniente que los muertos creyentes, de las distintas religiones, se acerquen a las Iglesias de su credo a decir una plegaría. Vamos en definitiva, una guía de cómo debe comportarse el buen muerto.

Yo es que siempre he cumplido las reglas, en vida, y me gustaría, cumplirlas en la muerte. Si supiera cómo.

Una cosa curiosa, que difiere de cómo lo cuentan los libros y las películas, es como me muevo yo ahora. No necesito pensar en un sitio para encontrarme en él, por arte de birlibirloque, sino que voy, tengo que ir, no andando, sino, algo así como deslizándome. Lo que no sé es, cuando quiera ir a otro pais o a otro continente, ¿tendré que deslizarme por encima de los montes y los océanos, o me podré trasladar de manera instantánea? Quizá eso es algo que se aprende cuando llevas mas tiempo muerto, yo es que soy una recién llegada.

Entonces, yo soy un espíritu, o un alma, no sé muy bien que diferencia hay entre lo uno y lo otro, ¿y me voy a quedar aquí por siempre jamás?

No veo ninguna novedad, sigo vagando de un lado a otro.

¡Ah! Acaban de llegar los de la funeraria a por mi cadáver, ¿quién los habrá llamado? Supongo que del hospital, pero ¿cómo sabían a que funeraria llamar? ¡que raro!.

Ya van a por mi cuerpo.

-¿Es esta Amelia Torres?

-Si, es ella.

Ahora veo quién esta hablando con el patólogo… y empiezo a recordar, ¿cómo he podido olvidarlo? Es José, mi vecino José, el que me viene dando la lata, desde que me mudé, para que salga con él, a lo que yo me niego, y ayer… déjame recordar, esto de estar muerta daña mucho la memoria, si… fue ayer, pasó a tomar café, como tantas otras tardes, estuvimos hablando bastante tiempo, y se me declaró, ¡hasta tenía comprado un anillo! Le dije que lo sentía, pero que no estaba interesada en él.

¡Será hijo… el muy…! ¡Me violó, y no contento con eso, me estranguló! ¡Vaya forma de morir! Y ahora esta aquí reconociendo mi cadáver.

Desde luego, la policía tiene unas narices, ¿no podía haber buscado a una amiga cualquiera? A Amy, a Laura, incluso a mi casera, la señora Rivera. A cualquiera menos a mi asesino.

No sabía yo que cuando te mueres te olvidas de todo, me ha costado un gran esfuerzo recordar quien era José. Mejor así, para lo que me sirve.

No es por nada pero… yo sigo esperando.

¿Será que no estoy preparada…, pero quién lo esta? Ayer fui a trabajar como siempre, y por la noche, veo mi cuerpo en una mesa de autopsias, ¿quién puede estar preparada para eso?

Por favor, por favor… ¡que alguien me diga qué tengo que hacer!

No me siento mal, no tengo sueño, ni frío, ni hambre, ni estoy cansada, pero lo que si estoy es aburrida. Me pregunto ¿podré leer, podré ver la tele? Pero ¿cómo abro un libro o enciendo los aparatos? ¿podré hacerlo con la mente? No lo sé, realmente no sé nada y todas las películas y libros que he visto, no me sirven para nada, debe ser que ninguno lo ha escrito ni filmado un muerto.

Otra cosa que me da curiosidad, ¿podrán atravesarme las personas? Yo hasta ahora me he apartado a un lado, cuando me he cruzado con alguien, ante el temor inconsciente de que pudieran tropezar conmigo. Tengo que probarlo.

Esto es un hospital y supongo que habrán muerto muchas mas personas además de mí, y digo yo, ¿dónde están? En buena lógica debería verlas. Espíritus como yo rondando por los pasillos. ¡Hola que tal, me llamo Amelia! ¿Y tú, como te llamas? Encantada de conocerte, ¿cuando moriste… y de que? ¡Oh, perdona! Ya se que eso no se pregunta, mi curiosidad me hace ser grosera. Sería mucho mas entretenido, pero sigo sola.

¿Habré sido mala y este es mi castigo? En fin… mala… mala, lo que se dice mala, no lo he sido, por lo menos eso creo yo. He fastidiado a unas cuantas personas, he sido egoísta, mala amiga, he pagado menos de lo que debía a mis empleados, he procurado pagar lo menos posible a hacienda, aunque para ello haya hecho alguna trampilla. Pero ni he matado, ni robado, ni dañado conscientemente a nadie.

La verdad es que vagar así, toda la eternidad, me parece demasiado.

¿Será que no me he acordado suficientemente de Dios? No he rezado, no he ido a la Iglesia, no he cumplido con todos los mandamientos, sobre todo con el sexto, no me he confesado desde la primera comunión ni he vuelto a comulgar desde entonces, no he amado lo suficiente a Dios.

En cuanto pueda me acerco a una Iglesia.

¿Qué hora será? No se ve ningún reloj por aquí, por no verse ni se ven las paredes, parece todo de niebla.

Allí esta mi cuerpo, en esa mesa, y la señora, supongo que de la funeraria, me esta maquillando. ¡Que fea me veo, ese color no me va nada, es muy claro y parezco una japonesa! No hay forma, no me oye. ¿Quién habrá traído ese vestido que me están poniendo? Es el más feo que tengo y no lo he tirado porque es el único sencillo y oscuro que poseo, el que me pongo para los funerales… Ja, Ja, Ja… tiene guasa, Ja, Ja, Ja… para los funerales… Ja, Ja, Ja… desde luego… Ja, Ja, Ja… es el apropiado para este evento.

¡Pero bueno, y no me ponen bragas! Pantys sí, pero bragas no, ¡que forma de vestirme!

Además, ¿por qué me decoran tanto si van a incinerarme? ¡Podían haberlo hecho, incinerarme quiero decir, sólo con la sabanita, tan mona, con la que me cubrieron!

En fin, a partir de que te mueres, todo el mundo decide por ti. ¿Quién se llevará mis cenizas, y dónde las esparcirán? ¡Espero que no sea José y me ponga en una repisa como un trofeo!

Como soy joven y todavía no he hecho testamento, ¡quién podía imaginar lo que ha pasado!, no he dejado instrucciones precisas. Con esto quiero decir, que lo de incinerarme, es solo una suposición, basada, en que tampoco tengo una tumba pagada, y claro una tumba es bastante mas cara que una incineración, así que pague quien pague, le interesara lo segundo más que lo primero.

Sigo dando vueltas a mi cadáver y… esperando una señal.

¿Y si de pronto aparece mi padre para llevarme al cielo? ¡Que va, que va! No creo que mi padre este en el cielo. Era un mal bicho, y bastante nos hizo sufrir a mi madre, a mí, y a todo el que le rodeaba. Que se haya ido de rositas, no sería justo. Pero ¡quien sabe! Dios es como es, perdona a todos, ama a todos, sobre todo al que regresa arrepentido, y quizá mi padre se arrepintió de sus maldades en el último momento, y Dios le perdono.

Pero una cosa Dios… si puedo escoger… preferiría que viniera a por mí mi madre, incluso mi abuela, a pesar de haberla visto solo unos cinco años, vamos cualquiera que te parezca bien y que no sea mi padre. Yo no soy tú y necesitaré un poco mas de tiempo, de llevar muerta, para perdonar todo el mal que me ha hecho. Claro… que pensándolo bien… quizá toda la culpa no fue suya… quizá és que estaba enfermo, de la cabeza quiero decir… en plata, que le faltaba un tornillo, y claro eso… no seria culpa suya, tal vez no podía evitar ser como era, ni hacer las cosas que hacia… no se Dios, ¿tú que opinas?

¡Qué raro! ¿Dónde esta mi cuerpo que no lo veo? ¿Y la gente de la funeraria? ¿Y la gente del hospital? ¿Y el hospital? ¿Y la bruma que todo lo llenaba?

-¡Cariño… hija! ¿Me ves? Ven por aquí, corre… corre… te estoy esperando.


FIN

hojas de libro




4