Tortuga mediterránea
 
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© Instituto Nacional de Biodiversidad - M.M.A.

CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES

En apariencia, la Tortuga Mediterránea es muy similar a la Tortuga Griega, tanto que a veces es fácil confundirlas. Sus características morfológicas son muy parecidas, ya que ambas tienen el caparazón abombado con bordes lisos, al igual que el resto de especies pertenecientes al género Testudo.

Los rasgos diferenciadores principales los encontramos en la coloración del caparazón y en aspectos concretos de su anatomía, algunos tan sutiles que podrían pasar desapercibidos para el ojo inexperto. En el color del caparazón predominan las tonalidades negras y amarillo-verdosas y, anatómicamente, las principales diferencias residen en la placa supracaudal que, en las Hermanni, está dividida, y en la punta de la cola, que tiene una especie de uña o escama córnea, como se puede ver en el dibujo. Tampoco tiene espolones en la parte interior de los muslos.

Morfológicamente, también las hembras de T. Hermanni son más grandes que los machos. Alcanzan su madurez sexual alrededor de los 12 años, mientras que los machos lo hacen a los 10 aproximadamente. Estos datos son, evidentemente, por término medio, ya que se han datado casos de hembras de 8 años que ya realizaban puestas.

En España, la Tortuga Mediterránea está considerada en grave peligro de extinción, estando protegida por la ley del mismo modo que la Tortuga Mora.

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

Como su propio nombre común indica, la Testudo Hermanni es un animal cuyos hábitats principales se circunscriben al área mediterránea. Estos se sitúan, en España, principalmente en Catalunya y las Islas Baleares y, en Europa, en el sur de Francia, Italia, las islas del Mediterráneo Occidental (Sicilia, Córcega y Cerdeña), Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Yugoslavia, Macedonia, Albania, Grecia, Bulgaria, Rumania y el extremo occidental de Turquía, así como en las islas del Peloponeso.

 

 

 

En rojo, las principales poblaciones de Testudo Hermanni en el estado español.

 

 

 

 

 

Las dos subespecies existentes (hermanni hermanni y hermanni boettgeri) se reparten de forma muy clara este territorio de tal forma que, si trazamos una línea imaginaria de norte a sur a lo largo de la costa oriental italiana, la hermanni hermanni se situaría al oeste de esta línea y la h.boettegeri lo haría al este.

 

HÁBITOS Y COMPORTAMIENTO

Siendo ambas tortugas de ambiente mediterráneo, no es de extrañar que los hábitos de la T. Hermanni no difieran sustancialmente de los de la T. Graeca.

Ambas especies hibernan durante los meses de más frío (generalmente, entre Noviembre y Febrero). El hecho de la hibernación supone una dura prueba física para la tortuga, del cual saldrá airosa si estaba sana y bien alimentada. También influirán factores ambientales, como la temperatura o el grado de humedad, que el animal puede controlar un poco cambiando su posición durante la hibernación, enterrándose más profundamente si el frío es intenso, o bien desenterrándose un poco si la temperatura es más benigna.

Una vez acabada la hibernación, la tortuga dedicará todos sus esfuerzos a calentarse. Como los rayos del sol aún son débiles (estamos, más o menos, en el mes de Marzo), pasará la mayor parte del tiempo expuesta al sol, pudiendo pasar, incluso, hasta diez días antes de que empiece a comer.

La búsqueda de pareja por parte de los machos suele comenzar en el mes de Abril, y los encuentros con otros machos de la especie acaban normalmente en pelea, durante la cual ambos contendientes intentarán golpear violentamente con su caparazón al otro, hasta que uno de los dos se retire. Si las fuerzas entre ambos están equilibradas, estos enfrentamientos pueden acabar con uno de los dos patas arriba, situación de total indefensión que el ganador aprovechará para copular con la hembra, mientras el otro intenta recobrar la posición normal lo cual, en contra de la creencia general, no les resulta muy difícil en situación de libertad, donde pueden encontrar puntos de apoyo para girarse.

Aproximadamente de dos a tres semanas después de la época de cópulas, tienes lugar la puesta de los huevos (entre 3 y 5), que puede repetirse otra vez a lo largo de la temporada, más o menos un mes después de la primera puesta.

El principal peligro que acecha a las puestas son los depredadores. Entre los más voraces se cuentan el jabalí, la gineta, el cuervo y, muy especialmente, la garduña y el zorro. Normalmente, éstos son atraídos por el olor de los restos de orina que deja la hembra en el momento de excavar el nido. Un punto negativo para la supervivencia de los huevos es la concentración de muchas puestas en zonas excesivamente reducidas ya que, si los depredadores consiguen hallar una de estas zonas, el daño causado será muy grande.

El periodo de incubación de los huevos es muy similar al de otras especies de tortugas mediterráneas. Aunque los cambios de temperatura pueden influir en la duración de la total formación de las pequeñas tortugas, es prácticamente seguro que nacerán entre 70 y 90 días después de la puesta.

El emplazamiento correcto del nido, en una zona con una pendiente suave, impedirá la formación de charcos encima de los huevos, que podrían ahogar a los embriones. Las lluvias de finales de verano ayudarán al nacimiento de las tortuguitas, ablandando la tierra. Hay estudios que demuestran que suele ser casi automático el nacimiento de las crías 12 horas después de una lluvia.

Hay casos, no muy frecuentes, pero documentados, de tortugas que nacieron en la primavera del año siguiente al de la puesta. Los motivos de este nacimiento tardío pueden ser dos: las puestas de finales de verano puede, al llegar las primeras bajadas de las temperaturas, no tener la posibilidad de que el embrión llegue a desarrollarse totalmente, lo cual haría ralentizarse el proceso hasta hacer entrar al feto en hibernación. Por otro lado, un suelo demasiado duro podría impedir a una tortuga ya formada salir a la superficie. En este caso, puede ser sorprendida por el comienzo del invierno y, en consecuencia, entrará también en hibernación. En primavera, el aumento de la temperatura y las abundantes lluvias se encargarán de ablandar la tierra lo suficiente como para permitir que la tortuguita vea la luz por primera vez varios meses después de su nacimiento.

Una característica realmente especial que afecta a casi todas las especies de tortugas, y no sólo a las mediterráneas, es la diferenciación sexual que se produce en función de la temperatura de incubación. Ésta, durante las dos primeras semana de incubación, hará que el cuerpo del embrión genere más o menos cantidad de estrógenos, que serán los encargados de estimular la formación de ovarios o testículos. Se ha documentado que, en las puestas incubadas entre 25 y 30º C, la mayoría de las tortugas nacidas resultaron ser machos. Al llegar a los 31 ó 32º C, la proporción entre machos y hembras llega al equilibrio y, a partir de esta temperatura, la proporción se decanta claramente hacia las hembras.

El caparazón de las tortugas recién nacidas, a pesar de parecer totalmente formado, aún es muy blando. No alcanzará su total consolidación hasta pasados unos cuatro o cinco años. Durante la primera parte de su vida, las tortugas crecen muy rápidamente, ralentizándose el proceso de crecimiento al alcanzar la madurez sexual.

La longevidad de las tortugas es proverbial, y las mediterráneas no son una excepción, aunque no llegan a los récords de otras especies como las, de sobra conocidas, de las Islas Galápagos. Una tortuga mediterránea en libertad vivirá un promedio de entre 30 y 40 años. Sin embargo, en cautividad, no es extraño que superen los 50 ó 60. Existe un caso de una tortuga que reside en el CRARC (Centre de Recuperació d'Amfibis i Rèptils de Catalunya) que ya tiene 115 años.

 

SUBESPECIES

Testudo hermanni hermanni - Testudo hermanni boettgeri

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Este sitio se actualizó por última vez el 25 de junio de 2006