Con una historia común a la Baja Alcarria, en
cuya amplia comunidad calatraveña participó de gestas y avatares, tras la
reconquista de la zona se instaló aquí como pequeño poblado una colonia de
emigrantes castellanos. Quedó incluida en el alfoz o Común de Zorita, usando
su Fuero notable, y reconociendo a la Orden de Calatrava y a sus maestres como
señores del lugar. En 1459, un privilegio del maestre don Pedro Girón la
transformó en villa con jurisdicción propia. Luego, en el siglo XVI, al
realizar el Emperador Carlos la enajenación de villas y lugares de las órdenes
militares, Yebra quedó por él, y el pueblo entregó a las arcas reales 2.540
ducados para no ser puesta en venta a ningún particular, con lo cual la villa
continuó siendo de realengo, y comprendida en la gobernación de Zorita. Nunca
hubo entre sus vecinos nobles ni hidalgos, exentos de pagar impuestos. Y ello
gracias al privilegio concedido en el siglo XIV por un maestre calatravo, y
luego confirmado por sus sucesores y por los Reyes, de que nunca pudiera comprar
tierra en Yebra hidalgo o noble exento. Los vecinos, sin embargo, siempre
tuvieron muy a gala ser todos, aunque pecheros, y del estado llano,
pertenecientes a muy claros y antiguos linajes de castellanos y cristianos
viejos, sin mancha de sangre mora ni judía, y tenían por tradición que los de
los apellidos Arco, Calvo, Caballero y Carnicero habían sido los primeros
pobladores dei lugar, sus fundadores. A partir del siglo XVI, creció
notablemente Yebra, y no sólo por su bien aprovechado agro, sino por las
diversas industrias de lienzos y paños barrieles, así como de capachos, y
diversos objetos de esparto que en la villa se fabricaban.
(Información cedida por
http://www.alcarria.com)